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El regreso de los talibanes al poder en Afganistán significa ni más ni menos que las mujeres no podrán salir solas a las calles, no podrán hacer compras, no podrán trabajar, no deberán estudiar por fuera de las normas de la ley islámica, no podrán maquillarse y podrían ser golpeadas si son encontradas por las autoridades incumpliendo alguna de las normas que rigen a esta teocracia.

El regreso de los talibanes significa una afrenta para los derechos humanos y una amenaza directa para la supervivencia de la armonía social y familiar para quien no abrace radicalmente sus postulados. Y estos se relacionan con la Sharía o camino que la ley islámica obliga para los musulmanes radicales.

La situación es tan dramática especialmente para las mujeres, que varias de ellas se han visto obligadas a vestirse de hombre para poder hacer algo con tal de que su familia no se muera, textualmente, de hambre. Un caso muy mencionado por estos días es el de Nadia Ghulam, quien vivió diez años como un hombre hasta que logró huir de su país y refugiarse en España.

En el libro "El secreto de mi turbante", Nadia cuenta cómo ella y su familia vivieron directamente la guerra civil afgana y el primer ascenso de los talibanes e incluso narra cómo un bomba les cayó encima, destruyó la casa y la dejó a ella con quemaduras graves que hicieron necesarias unas 14 cirugías para tratar de reconstruir su apariencia.

Y adicionalmente, como todo familia afgana bajo la ley islámica, Nadia y su gente permanecieron confinados en su propia casa, porque casi todos eran mujeres y el padre de familia había perdido la razón por cuenta de la muerte de su hijo mayor.

"Mi madre grita mientras retira, con manos frenéticas, los trozos de yeso y de cemento que han caído sobre mí. Llenos de pánico, sus ojos buscan algún indicio de vida en mi cuerpo de ocho años", relata Nadia, quien a continuación añade: "Acaba de caer una bomba en casa. Y ella se lanza a apagar con su cuerpo las llamas que encienden el mío, con un abrazo que pretende darme de nuevo la vida".

A partir de ahí, lo que viene es una serie de desgracias para Nadia. Desfigurada, despreciada por la comunidad, perseguida por las autoridades al pretender salir a la calle para buscar el pan, toma la decisión de ponerse el turbante y asumir la identidad de su hermano muerto por otra bomba. Lo que parecía una decisión temporal, se convierte en una norma de vida durante una década, cuando logra cambiar el rumbo de su vida.

El libro de Nadia Ghulam está lleno de detalles y de historias que permiten conocer, comprender más cómo es vivir en Afganistán, qué significa ser pobre hasta los tuétanos, cómo se enfrenta a las autoridades que te atacan a palo, en el mejor de los casos, o con la metralleta, y cómo se puede ser valiente en medio de la adversidad.

Afganistán, según la descripción de Nadia, está muy lejos de alcanzar la modernidad o la senda de progreso, aún de naciones que tienen una cierta estructura institucional a pesar de su pobreza. Allá gobiernan los radicales que han puesto a Dios por encima de todo, con una interpretación extremista de lo que significa la obediencia.

Este es un libro muy actual, que merece ser leído por quienes quieran aprender más de esa cultura y entender por qué se ha armado enorme revuelo con el regreso de extremistas con apariencia dócil que dicen que solo quieren seguir a Alá y no alejarse de su camino.

Fuente

RCN Radio

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