Cargando contenido

Ahora en vivo

Ahora en vivo

Seleccione la señal de su ciudad

Tus días de gloria están contados viejo sol y por eso intentas la última partida en tu afán de ser ganador y en el loco afán de ser el primero todavía utilizas artimañas tan poco recursivas como los eclipses de luna.

Más por compasión que por ternura sigues brillando todavía, porque sabes que tirados de espaldas a ti hay una manada de lagartos frágiles que subsisten con tu aliento y a quienes te empeñas en ayudar a pesar de tus flaquezas.

Eres solidario con su causa y piensas que no eres el indicado para cortar abruptamente el juego de la vida y pacientemente sigues lanzando tus rayos y estableces el equilibrio natural.

Hace mucho tiempo estás especialmente displicente y escondes entre nubes tu vergüenza senil y cansado de la rutina impuesta a través de los siglos, te evades por entre una láctea y hermosa conspiración creada por el tiempo con hilitos de plata para cubrir más adelante tu definitiva desnudez.

Hay que reconocer, venerable anciano superviviente por siglos, que fue maravilloso tu poder hasta el punto que te erigieron como dios-sol, niño-sol de poderoso influjo sobre justos, sabios, idólatras, estúpidos y reyes que rendían culto a tu amabilidad y tu grandeza.

Los egipcios te evocaron con cuerpo de hombre y cabeza de halcón y te pusieron cono nombre Ra; fuiste Samas en Mesopotamia y con prólija iconografía Arinne entre los hititas y entre los griegos y romanos fuiste personificado con Helios, con la cabeza nimbada y un loto en la mano y montado sobre un carro tirado por cuatro o siete caballos ibas en el corazón de los hindúes y te llamaban Surya.

Fuiste vida para las civilizaciones precolombinas y por eso para los Aztecas eras Quetzalcoalt o dios naciente y Huitzilopochtli brillando en su cénit y eras Kinich Ahau entre los Mayas. Te llamaban Inti cuando fundaste la dinastía de los Incas y cuando aparecías  sobre nuestras sabanas, los Chibchas te saludaban de rodillas, eras su señor y te llamaban Sué y plasmaban tu figura en oro.

Pero tu mágico poder desapareció junto a estas civilizaciones remotas que te simbolizaron, fuiste olvidando tu radiante juventud, secretamente envejecías poco a poco día a día caminabas hacia el abismo inexorable, sin darte cuenta desapareciste junto al último faraón constructor de pirámides y siervo en  tu honor.

Tu juventud se fue con los últimos adoradores de estatuas y culebras y ese soplo etéreo y divino de astro verdaderamente superior se desvaneció como la sangre de la última llama Inca y las últimas vírgenes del sol sacrificadas.

Se extinguió tu aliento con el último corazón Maya, te apagaste la última mañana en que los Chibchas te rindieron culto en las piedras del Zaque y ofrecieron los últimos niños degollados en tu honor y la última sangre derramada para que en vapores cálidos subiera hasta ti.

Acabaste los últimos minutos de tu juventud cuando tanto incienso quemado a tu nombre acabó de perjudicarte y era tanto el humo que te cubría que un famoso dermatólogo asegura que ese humero, añadido al calor que te nace en las entrañas, te hizo dar cáncer y te salieron manchas en la piel y desafortunadamente acabaste de perder la poca tersura, suavidad y brillo que te quedaba.

Fuiste envejeciendo hasta solo ser ese guiñapo que te sobrevive, te olvidaron y perdiste importancia ante los ojos de los hombres que empezaron a verte como algo natural, algo que para bien o mal tiene que estar ahí.

Nadie volvió a fijarse en ti, excepto que algunos dicen que eres la única estrella directamente observable y furtivas miradas te lanzan ocasionales amantes en la playa y uno de los últimos poetas románticos bosteza mirándote mientras escribe un verso y un astrónomo loco te mira interesado en tu posición respecto al plano ecuatorial, o en adivinar tu temperatura en grados centígrados o tratando de buscar correspondencia entre tus variaciones y los fenómenos atmosféricos terrestres.

Viejo sol, estás irremediablemente cansado, tus baterías omnipresentes perdieron su vigor juvenil y para eso ya no sirven tus tratamientos con tabletas testosex, estás desesperado y andas poniéndote en la cara cuanto emplasto y huntura hedionda te recomiendan -por eso te apagas mediodía-  y escribes telegramas urgentes a la doctora Aslan pidiendo sus recetas, pero la doctora no se toma la molestia de contestare porque te considera culpable de las arrugas prematuras.

Como te han dicho que para no apagarte tienes que ponerte las pilas, escribes también a las directivas de Varta pidiendo patrocinio para tu próxima vuelta –que posiblemente sea la última-, pero ellos siguen empeñados en su Tour de Francia y le paran más bolas a Lucho Herrera que a ti.

Andas poniendo avisos en “el espacio” pidiendo un bastón hecho de millones de estrellitas y con la textura requerida para apoyar  tus últimos pasos vagabundos antes que te conviertan en monumento al recuerdo.

Buscas un rinconcito en la playa o una finca de clima tropical para pasar un descansado fin de semana, que de sobra te mereces, para reponer un poco de tus fuerzas perdidas.

Por último, y como una cosa de poca importancia, andas buscando un poeta, cualquier monigote cómplice que escriba para reafirmar tu tonta vanidad y te recite  versos como estos:

“Astro rey,

Eres luz serena

Ornando de esplendor el cielo,

Llevas la lumbre y la alegría del día

En tus celestiales ojos”.

Fuente

RCN Radio

Tags

Encuentre más contenidos

Fin del contenido.