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Es cuestión de resistir el embate de las herramientas que trajo la Internet pero que se volvieron cloacas de la información.

No es la primera vez que se escribe sobre lo que sucede con las redes sociales, las noticias falsas, los insultos y las frivolidades que ganan miles de “me gusta” y de “RT” en pocos minutos convirtiéndolas en una bola de nieve que crece y se fortalece sin control. Pero me inclino a pensar que algo está empezando a cambiar, al menos en quienes tenemos la posibilidad y la responsabilidad también, de evitar que la información real, equilibrada y veraz vuelva a ocupar el lugar que le corresponde dentro de ese universo hoy dominado por la llamada “dictadura del clic”.

Y es que en el mundo de la Internet, así como facilitó el acceso a la información, la hizo inmediata, fortaleció la democratización y abrió la posibilidad a que líderes hasta entonces anónimos pudieran compartir y divulgar su pensamiento, así también desbordó millones de voces que encontraron muy pronto la fórmula mágica para figurar y ganar seguidores de la manera más fácil y barata pero además irresponsable y peligrosa.

Un video que por lo que muestra se vuelve viral en segundos (sexo, violencia, violación de la intimidad); o una frase, opinión o insulto que en máximo 240 caracteres acaba con la honra y el buen nombre de cualquier persona, exalta los ánimos o lanza el primer golpe de peleas que amenazan con no tener fin y que de no estar en un escenario virtual terminarían, sin duda alguna, con uno o más muertos. Todos opinan, todos insultan, se hacen montajes, se lanzan amenazas o se inventan historias que entre más vulgares, agresivas o temerarias sean, más rápido logran su cometido: volverse viral.

Entonces el periodismo profesional y serio se enfrenta a un gigante que pasa por encima suyo apoyado y protegido por el dios “rating” que es el que genera los ingresos y garantiza la supervivencia de los medios. Lo que vende es el “show” y entre más absurdo y salido de tono, mucho mejor. Los anunciantes van para donde se mueva la información, la que se demande, la que se muestre; o dicho en otras palabras, la que en Digital tenga más visitas, más me gusta, (o no me gusta), más seguidores, más comentarios (improperios y groserías incluidos). Todo vale. Y para que la fórmula funcione más todavía, hay que ponerle un titular agresivo, que venda;  y una imagen acorde que invite a quedarse en la nota. No importa que se saque de contexto, ni que la foto o el video lo haya enviado un NN y muchísimo menos que sea un montaje. Lo que importa es ganar más seguidores y mostrar cuadros estadísticos con líneas ascendentes.

Pero mientras tanto la veracidad de la información queda herida de muerte, la confrontación de fuentes no cuenta, la multiplicidad de conceptos o reacciones que permitan tener todos los frentes cubiertos es desestimada. Y más grave aún, es que se juega con el dolor ajeno, se explota la tragedia humana con un falso sentimiento de solidaridad, se sacrifica el respeto y se asesina la ética.

En un reciente debate del noticiero de la mañana en RCN Radio, la decana de la facultad de derecho de Los Andes, Catalina Botero y el director ejecutivo de la Fundación para la Libertad de Prensa, Pedro Vaca, coincidieron en que hay que resistir un poco más pero que solo un periodismo serio y profesional podrá enfrentar a las redes sociales en cuanto a la publicación de la llamada basura digital. Y advirtieron que hay que establecer estándares de auto regulación en el periodismo para que una nota de los medios de comunicación salga y sea absolutamente distinta de la basura que se publica todo el tiempo en las redes; y que el gran valor de los medios de comunicación hoy, que los puede hacer rentables y tener un lugar especial es que hagan su trabajo de una manera profesional y seria, así los castigue el rating.

Hay que seguir haciendo la tarea, con un periodismo digno, especializado en su oficio, absolutamente profesional y ético por encima de todo lo demás. Sin difamar, sin inventar, sin anteponer intereses personales a los de la comunidad que es la razón de ser de los medios de comunicación. Porque es nuestra credibilidad de un periodismo con altura, confrontando fuentes, investigando y con total equilibrio informativo, lo que nos volverá a poner en el lugar del que no debimos salir.

Fuente

RCN Radio

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