Momento para calmar las pasiones, votar a conciencia con la razón y no la emoción y respetar la decisión de los otros.

Están calientes los ánimos después del resultado de la jornada electoral en primera vuelta. No es para menos. Los colombianos vamos a decidir entre dos proyectos muy distintos, opuestos en muchos aspectos y en orillas ideológicas extremas aunque ahora los dos candidatos busquen el centro para conquistar votantes. En este escenario, los seguidores de Iván Duque y de Gustavo Petro desatan una batalla campal porque cada voto es crucial.

Es el momento de llamar una vez más a la mesura y al respeto. Los insultos recorren las redes sociales y seguidores de uno y otro candidato aseguran escenarios apocalípticos si gana el contendor. Lo cierto es que nos enfrentamos a las urnas en medio de la polarización y el miedo. Porque al final los que no votaron por ninguno de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta tendrán que decidir entre el regreso del uribismo que ya conocemos y la incertidumbre que genera el petrismo entre los opositores del exalcalde.

Ojalá los votantes que no eligieron ninguna de estas dos opciones logren superar la tusa electoral para que tomen una decisión a conciencia más racional que emocional y piensen cuál de los dos proyectos se acerca más a lo que anhelan para el país. Abstenerse nunca es buena opción porque es dejar en manos de otros una decisión que nos afecta a todos.

Elegir a uno de los dos o votar en blanco son opciones válidas y respetables. Cada una tiene una carga política importante y en una contienda de extremos como la que vivimos en esta recta final, necesitamos más que nunca respetar al que piensa distinto, usar argumentos y no insultos para persuadir y permitir que cada quien tome la decisión que mejor le parezca. La libertad en el voto es sagrada y si algo mostró la primera vuelta es que los ciudadanos van más allá de lo que dicen los líderes políticos.

El sentido de una segunda vuelta es precisamente que aquellos ciudadanos que se quedaron sin candidato evalúen a los dos que permanecen y se sumen al que consideren mejor o en últimas el que pueden ver como menos negativo. El juego de la democracia no es perfecto y es imposible dejar a todos felices. En el momento de decidir hay que pensar no solo en el candidato, también en sus propuestas, en el proyecto de país que tienen y en quienes lo acompañan en ese propósito.

Algunos afirman que la ventaja de Duque es tan amplia que la segunda vuelta está cantada. Los partidos políticos tradicionales van cerrando filas en torno al candidato del Centro Democrático, pero es claro que las presidenciales tienen poco de maquinaria y mucho de opinión, como se vio en la primera vuelta.

Por lo tanto los 4 millones 600 mil votos que obtuvo Sergio Fajardo son determinantes y el destino de los mismos es un misterio porque no son endosables ni negociables. El grueso de los seguidores de Fajardo se debate, como los propios dirigentes de la coalición, entre el voto en blanco y el voto por Petro.

No importa cuál sea el resultado de las elecciones del 17 de junio, Colombia tendrá un cambio importante después de 8 años de gobierno Santos. Esperemos por el bien de todos, que los ciudadanos se movilicen masivamente a las urnas y elijan bien. Esperemos también que quien llegue a la presidencia sepa cerrar heridas, avanzar al futuro y apostar por un proyecto de país que nos incluya a todos. A ver si en algún momento logramos tener algo que esté por encima de los egos, los fanatismos y los intereses políticos y personales. Cuando veo los insultos de lado a lado creo que es ingenuo esperar eso pero se vale soñar y tener esperanza. El poder de cada voto es vital, no deje que otros decidan su futuro.

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