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Ésta es una época propicia para darle rienda suelta al placer de la lectura, que nos permite conocer nuevas realidades, ampliar la limitada visión del mediocre mundo de la cotidianidad, vernos a nosotros mismos en el espejo de la literatura.

Cualquier género literario puede ser el oasis que nos libere del desierto de la costumbre, de la resaca de la vida mundana, de la letal e incierta pandemia o de las letales e inciertas pandemias: covid-19, locura, estupidez humana.

Una novela, un ensayo, un poema, una biografía, un evangelio o epístola habida cuenta de la Semana Santa, una crónica, un reportaje de largo aliento pueden ser la alternativa. No obstante, me voy a centrar en el cuento, en ese rayo de luz de la narrativa que nos alumbra un segmento de vida, a propósito de la reciente publicación de un libro antológico en Colombia.

“Atravesó sin lágrimas por todas esas muertes.

Solo lloró, vencida, cuando vio en las noticias a una terca gaviota insistiendo en librarse con el pico de su espesa mortaja de petróleo”.

De textos como éste de Luz Teresa Valderrama y más extensos de muchos otros autores está conformado el libro antológico “Cuentos y relatos de la literatura colombiana (Tomo III)”, compilado por la profesora, escritora y poeta Luz Mary Giraldo y publicado a finales del año pasado por el Fondo de Cultura Económica.

Sin olvidar a los grandes de la cuentística universal de todos los tiempos, tales como Esopo, Chéjov, Maupassant, Grimm, Cortázar, Borges, Quiroga, Munro, Arreola, Rulfo, Poe, Hemingway y el propio García Márquez, esta antología del cuento colombiano contemporáneo ha inspirado mis lecturas de los últimos días y mis sugerencias de hoy.

Ex profeso del citado cuento corto, de la minificción o de la narración breve, que evoca el haiku japonés o el brevísimo y emblemático texto de Augusto Monterroso (“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”), recuerdo también la figura del escritor mexicano Juan José Arreola –uno de los grandes del relato corto, pero no muy conocido por el público- sobre una de cuyas condensadas narraciones –“En verdad os digo”- trabajé mi tesis de grado en el magíster de Literatura Hispanoamericana que hice en el Instituto Caro y Cuervo. “’En verdad os digo’: Una mirada sociocrítica al discurso paródico de Juan José Arreola”, su anfibológico título. Los invito a leer el cuento, no tanto mi tesis, aunque si quieren…

“A mí me gusta mucho el cuento brevísimo -me dijo la profesora Luz Mary Giraldo-, el cuento corto, que también tengo en el segundo tomo porque -no me gusta decir subgénero- es un género híbrido, está a medio camino entre lo poético, el relato, la fábula -¿cierto?-, la alegoría. Esa condensación profunda que hace que cuando uno como lector termine de leer quede pensativo y sienta que ha leído una exhalación; es como propia de la poesía, es una iluminación, es un relámpago”.

Autora de varios libros, ganadora de premios nacionales e internacionales y profesora de importantes universidades, Giraldo me contó que este tercer tomo “tiene autores básicamente nacidos de los setenta para acá con una cuentística desarrollada ya avanzado este siglo XXI. Los otros llegaban hasta el 2005 -digamos-; los dos primeros tomos fueron publicados en el 2005. Quince años después se publica el tercer tomo con autores que están con obra en marcha y estos corresponden a cuentos muy, muy actuales. Todos estos cuentos pertenecen a libros que estos autores ya han publicado, que han tenido mucha acogida entre los lectores colombianos y extranjeros”.

En el prólogo de “Cuentos y relatos de la literatura colombiana (Tomo III)”, la antóloga afirma que “toda antología es una invitación a un viaje en el que se recorren lugares y escenarios; se reconocen personajes y situaciones; se experimentan emociones y sensaciones, es decir, maneras de afrontar la existencia”. En efecto, la invitación es a que naveguen por el sorprendente, fascinante y sintético universo del cuento, bien sea –ojalá- del cuento colombiano en esta antología o de los relatos que han escrito los grandes cuentistas que en el mundo han sido.  

Mientras en el primer tomo de la antología sólo aparecen dos mujeres cuentistas, en este tercero hay quince y pudieron ser varias más. El libro está estructurado en varios capítulos que reflejan temáticas y estilos diversos tales como “Retratos familiares”, “Pequeño bestiario”, “Para reír en serio”, “Solo de amor”, “Viajeros”, “Oficio de escribir” y “Letras mínimas”.

Entre los muchos cuentos buenos de la compilación, en la que por cierto aparece Pilar Quintana, ganadora este año del Premio Alfaguara de Novela, se destacan “El amante fiel de medianoche”, de Sergio Ocampo Madrid, y “Memorias de un vampiro”, de Pedro Badrán, por su sensualidad, imaginación y gran factura literaria.

Recordemos con el narrador uruguayo Horacio Quiroga en su “Decálogo del perfecto cuentista” que “un cuento es una novela depurada de ripios”. Y tanto si fungimos como felices lectores o como aprendices de escritores, no olvidemos y pongamos en práctica el primer mandamiento de este Decálogo que viene muy a cuento en estos días de recogimiento, espiritualidad y lectura: “Cree en un maestro —Poe, Maupassant, Kipling, Chéjov— como en Dios mismo”.
 

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