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Colombiana que se hizo famosa por activismo en el caso del juez acusado de abuso en EE.UU., es una voz más que grita por miles de víctimas.

Ana María Archila, activista colombiana por los derechos de las mujeres, habla desde el dolor propio y desde el que se ha acumulado de millones de mujeres que han sido abusadas en el mundo. Mujeres que guardaron silencio, que sintieron culpa y vergüenza a pesar de ser las víctimas. La voz de Ana María se escuchó fuerte cuando le increpó al senador Jeff Flake en un ascensor para pedirle que le creyera a la mujer que denunció haber sido víctima de abuso por parte del juez Brett Kavanaugh, candidato a ser magistrado de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

Ese gesto desesperado de una mujer, víctima de abuso, se viralizó en las redes y para muchos fue lo que empujó al senador Flake a pedir una investigación más amplia del FBI sobre las denuncias de Christine Blasey Ford, quien dijo ante una audiencia en el Congreso que el aspirante a la Corte intentó violarla. Fue una declaración dura, dolorosa, que ocupó los titulares de la prensa en el mundo y que volvió a poner a una mujer en el centro de un debate que no acaba.

Hablamos en RCN Radio con Ana María sobre el incidente en el ascensor y sobre su propia historia de abuso que salió a la luz sin querer en medio del debate. Su padre no se había enterado de que ella siendo niña fue abusada. No fue un momento fácil y salió a relucir incluso esa culpa que se mueve entre las víctimas y sus familias a pesar de que el peso del castigo, de la culpa y la vergüenza debe caer sobre los agresores. Su padre le dijo que le dolía no haber podido cuidarla mejor.

Dice Ana María que quiere aprovechar la visibilidad que tiene hoy por cuenta de haberse convertido en personaje de la redes sociales para hablar por todas las mujeres que han callado sus casos de violencia y abuso. La ola de denuncias es imparable. Saber que no están solas, que son muchas las víctimas y muchas las voces, ha contagiado a mujeres a lo largo y ancho del planeta en un efecto dominó que debe seguir para que soñemos con la posibilidad de que un día terminen los abusos.

No nos cansemos de repetir una y otra vez: La tolerancia frente a los abusadores debe ser cero y ya no se puede aceptar que se mire para otro lado mientras llegan a los cargos de poder hombres con muchas cualidades y excelentes hojas de vida pero abusadores. Muchos de ellos desde las más altas esferas se han aprovechado de su poder, se han amparado en su “prestigio” o en el silencio cómplice de los que perdonan esos “deslices” para seguir haciendo de las suyas.

Los tiempos del silencio han terminado y hay que seguir hablando, gritando como lo hizo Ana María en el ascensor para que los abusadores no sigan a sus anchas y para que quienes pueden frenarlos tomen las decisiones correctas. Como dice la campaña, no es hora de callar, es hora de hablar, de denunciar, de ser solidarios con las víctimas.

Que haya justicia pero también sanción social. Que a ellos les de vergüenza y no a las víctimas, que a ellos se los señale con el dedo, que no puedan vivir tranquilos mientras las mujeres abusadas pasan años de pesadilla solitaria; que sean ellos los que paguen, que no haya lugar en donde se puedan esconder y que no se les permita seguir ascendiendo impunemente después de haber agredido a una mujer o a un niño. Todos a acabar con siglos de silencio.

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