Por: Fernando Posada Aunque mantener en secreto el voto en Colombia es un derecho, dejo claro antes de empezar que no voté por Enrique Peñalosa, y lo sostengo incluso con convicción, pues ni estoy de acuerdo con su visión de la ciudad como un gigante de cemento ni con su soberbio estilo de gobierno. Pero de cara a la recolección de firmas que busca dar inicio a un proceso de revocatoria para sacar a Peñalosa de la alcaldía de Bogotá, promovida esencialmente por los derrotados petristas, debo afirmar que a pesar de mi desacuerdo estructural con sus políticas no apoyaré la iniciativa. Inmenso disgusto me han causado la mayoría de decisiones que durante el primer año de gobierno ha tomado Peñalosa, particularmente su determinación casi obsesiva de urbanizar la Reserva Van der Hammen, declarando la guerra contra uno de los más sagrados espacios de preservación ambiental de la ciudad. Tampoco creo que el Alcalde sea un visionario, como tantas veces ha sido afirmado desde el fácil de impresionar establecimiento político. Muchas de sus medidas, aparentemente con la excusa de la austeridad, han sido la causa de que Bogotá no haya podido construir un sistema de metro, quedándose atrás en relación con la inmensa mayoría de ciudades capitales en el mundo. Ahora Peñalosa intenta ofrecer un proyecto de metro elevado escueto y poco confiable frente a las inmensas necesidades de la complicada movilidad bogotana, teniendo como único argumento a favor el bajo costo que implica. En la elaboración de proyectos que determinan el futuro de una ciudad de una manera tan compleja, la línea que separa la tacañería de la chambonada puede convertirse casi invisible. Pero traspasarla puede significar riesgos inmensos para la estabilidad de la infraestructura de la ciudad para años venideros. También espero que la Procuraduría, que tan dura fue con los errores cometidos por el exalcalde Petro, determine si el alcalde Peñalosa incurrió o no en falsedades en su hoja de vida, pues a pesar de que varias publicaciones suyas y de su campaña ostentaron un doctorado inexistente, hasta ahora no existe evidencia en audio o en video que demuestre que él personalmente afirmara tener ese título. Si un engaño de semejante talla fuera probado, no estaría escribiendo esta columna y sería el primero en votar a favor de la revocatoria. Pero el Alcalde en este caso tiene el beneficio de la duda a su favor. Sin embargo, creo que el respeto por los resultados de una elección democrática debe ir por encima de la política partidista. En el pasado, a pesar de haber tenido fuertes desacuerdos con la alcaldía de Petro, decidí no apoyar el proceso de recolección de firmas que buscaba dar lugar a una consulta para revocar su mandato. Detrás de esa moción aparentemente ciudadana se escondían intereses de varios partidos y jefes políticos locales, que lejos de ofrecer críticas de fondo sobre el proyecto de ciudad que planteaba el exalcalde, buscaban como diera lugar volver a controlar el fortín electoral bogotano. Política pura y dura disfrazada de acción colectiva. Sin pretender generalizar, ni desconocer la importancia de las razonables críticas de la ciudadanía, me atrevo a afirmar que la naciente iniciativa para revocar a Peñalosa es ante todo política. El movimiento por la revocatoria fue anunciado en redes sociales desde hace meses por parte de muchos de sus contrincantes, aún cuando Peñalosa llevaba apenas semanas en la Alcaldía y siendo en ese momento muy pocos los resultados que sus detractores podían controvertir. La pretensión de tumbar a un gobernante en sus primeros meses de gobierno sin siquiera ofrecer la oportunidad de conocer sus logros, deja ver con claridad que sus promotores antes que defender un recurso democrático tan sagrado como el de la revocatoria al mal gobierno, buscan encontrar el mecanismo para bajar del poder al candidato vencedor. Por lo anterior he determinado que siendo así las cosas y con todos los reparos que tengo frente a la alcaldía de Peñalosa, no participaré con mi firma ni con mi voto en una eventual consulta para revocar al Alcalde de Bogotá. Trazando la línea: con ocasión de la llegada del año nuevo, aprovecho para agradecer a los lectores que han acompañado el proyecto de opinión de Línea Trazada. Sin sus comentarios y su apoyo, este espacio de discusión y de construcción no sería posible.