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Una tragedia humanitaria se presentó en Colombia entre 1993 y 2012, cuando las Farc realizaron 6.162 secuestros con 8.163 víctimas.

Y se ha vuelto a repetir ese infame ritual en el que los familiares de los secuestrados esperaban por horas en las líneas telefónicas de los programas para enviar mensajes a los secuestrados.

-“Y si él nos está escuchando, ¿cuál es su mensaje a esta hora de la madrugada?”.

Y después vienen las palabras pretendidamente reparadoras y optimistas contando que todo está bien, a pesar de la ausencia.

 “La radio es como la rueda para los hámster”, dijo en su momento una secuestrada por el ELN y enviar los mensajes es consecuentemente un acto de amor profundo, ahora que las cifras se han incrementado.

Quitarle el radio a un secuestrado fue uno de los mayores castigos, porque ello suponía romper de tajo el único contacto que era posible establecer en la espesura de la selva y en los lugares remotos a dónde eran confinados.

La voz era la piel, era el abrazo, era la posibilidad de ver, de construir el entorno de todo lo que se había dejado por la fuerza, la voz era la foto, el recuerdo, la música, todo lo que se deja.

El incremento de los casos de secuestro ha revivido esa rutina que solo existe en la radio colombiana y ha hecho recordar la tragedia humanitaria que se presentó en Colombia entre 1993 y 2012, cuando -según la Fiscalía General de la Nación- la guerrilla de las Farc realizó 6.162 secuestros con 8.163 víctimas.

En la reciente diligencia a la que comparecieron ante la JEP los excomandantes de la guerrilla de las Farc, la procuradora delegada los conminó a responder  por 522 secuestrados que murieron en cautiverio.

Recientemente el comandante del Gaula de la Policía, general Fernando Murillo, señaló que las cifras de secuestros se redujeron en un 98 por ciento este año, aunque se han registrado 67  casos, en su mayoría extorsivos.

En diálogo con el programa La Noche de la Libertad, el general Murillo señaló que en este 2019 se han realizado 25 operativos exitosos de rescate, 373 personas han sido capturadas en acciones del Gaula y los departamentos más afectados por el fenómeno son Norte de Santander, Valle de Cauca, Antioquia, Chocó y Cauca.

Más allá de las cifras, ha vuelto el drama y el dolor de las voces de las familias que se acercan de nuevo a la radio para dejar sus mensajes, como en los viejos tiempos que se creían ya superados.

Claudia Rodas sufre lo indecible porque desde el lunes 23 de septiembre no tiene noticias de su esposo Leonardo Moreno, asesor de una candidata a la alcaldía de  Jamundí, quien salió apresuradamente luego de recibir una llamada y cuya motocicleta fue encontraba abandonada en un callejón poco transitado de esa localidad.

-“No nos dejen solos”, suplica el alcalde de Corinto, Edward García Sánchez, quien asegura que hace un año no puede vivir tranquilo y el último episodio de ese infierno fue el secuestro de su hermano Cristian Fabián, en hechos ocurridos en el casco urbano de este municipio del norte del Cauca.

La primera semana de septiembre fue secuestrado por segunda vez el empresario Floriberto Díaz, mientras se movilizaba entre Miranda y Corinto  y la familia ha tenido que soportar la tortura de las llamadas haciendo exigencias económicas.

Los familiares del empresario Harold Humberto Bermúdez, secuestrado mientras montaba bicicleta en cercanías de Santander de Quilichao y del ganadero José Ramón Molina, sacado a la fuerza de su finca en el municipio de Fonseca (La Guajira), han pedido en todos los tonos que sus captores permitan prontamente su regreso.

En la Noche de la Libertad doña Martha Cárdenas, esposa del candidato a la alcaldía  del Alto Baudó en el Chocó, Tulio Mosquera Asprilla, ha pedido de manera insistente que el ELN entregue pruebas de supervivencia.

Tampoco se sabe nada sobre la suerte y paradero del comerciante Edwin Octavio Sánchez, el mototaxista Carlos Montoya y el conductor Arlendy Rangel Cardona, secuestrados en el Chocó.

Sólo una prueba de supervivencia se ha entregado de la comerciante Diana María Toro, quien hace un año fue entregada al ELN por integrantes de la banda “los hechiceros” que la secuestraron en Amagá.

Fe y esperanza son las dos palabras más utilizadas por las familias para confiar en el pronto regreso del arquitecto, Carlos Omar Ossa, secuestrado el pasado mes de junio en zona rural de Jamundí al parecer por hombres de las disidencias de las Farc, y de los hermanos Wilman Antonio y Dairo Alfonso, quienes  estarían en manos de una banda de delincuencia común en zona rural de San Cayetano Bolívar.

Un mes se cumplió del secuestro de Doralba Agudelo en zona rural de Ituango (Antioquia) y su esposo Javier Penagos contó que recientemente los captores le permitieron comunicarse con él y que “a pesar del dolor por las circunstancias que está pasando, fue tranquilizador escuchar su voz contando que le están suministrando las medicinas y está bien de salud”, según expresó.

Uno de los casos más conmovedores es el de los pequeños hijos de soldado profesional Jesús Albeiro Acosta Melo, quien fue secuestrado el  pasado mes de marzo en zona rural de Arauquita (Arauca) y que recientemente se enteraron de la situación que afronta su padre. 

Durante varias semanas estuvieron convencidos que estaba aislado en una zona de difícil acceso y decidieron entonces enviar mensajes a través de la radio, pero ya fueron persuadidos de la dura realidad, en el sentido que está en manos de disidencias de las Farc.

Nada es suficiente para llenar la inmensa tristeza de los familiares de los secuestrados, ni siquiera las noticias que señalan que este delito se redujo en un 98 por ciento o que recientemente regresaron sanos y salvos un ciudadano ecuatoriano, un ganadero, un comerciante de origen paraguayo-libanés y un estudiante  que habían sido secuestrados en Cali, Paz de Ariporo Casanare  y Maicao, en La Guajira.

Los familiares se han acercado con su drama al único programa que sigue enviando mensajes para los secuestrados, con la íntima convicción que todas las noches sean de libertad.

Por Indalecio Castellanos

Fuente

RCN Radio

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