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Hoy amanecí algo pesimista pensando en la conocida sentencia de Thomas Hobbes, tomada de la menos conocida de Plauto: “Homo homini lupus” (“El hombre es un lobo para el hombre”). 

Un año de pandemia que no acaba -quién sabe cuándo acabe; ¿acabará?- y varias cuarentenas parciales o totales me dan pie para no ser muy optimista sobre el futuro del país y de la humanidad.

Por ahí dicen e insisten en que los problemas hay que asumirlos como oportunidades, y obrar en consecuencia. Comprendo la idea de esta concepción optimista de la vida que se repite como un mantra, pero los hechos de la realidad son tozudos y me demuestran otra cosa.

En días pasados envié un trino en clave de ironía reconociendo que estaba desinformado porque no sabía que se había acabado la pandemia y que Colombia y la humanidad habían superado la amenaza de la covid-19.

Por momentos pensé que esto había sido así cuando vi por la Caracas en Bogotá bares, cafés y prostíbulos atestados de gente que esperaba, salía o entraba a estos establecimientos. A veces paso por ahí de camino al trabajo o a la casa. Lo aclaro para que no me cojan a piedra como en las redes. También lo pensé cuando me di cuenta que en el gimnasio al que voy habían quitado el tapete desinfectante de la entrada; cuando en el vecindario había el fin de semana cerca de cinco fiestas; cuando los restaurantes y centros comerciales estaban llenos.

A nadie pareció importarle en el fondo lo que dije y, al contrario, me increparon por lo alarmista y la ligereza de mis inquietudes e incluso de mi comportamiento. Bueno, a nadie le sorprende que te increpen o insulten en Twitter. Pero lo peor es que muchos creen y actúan como si ya hubiéramos superado la covid-19.

Sin embargo, la mortal pandemia sigue muy viva infectando y matando personas. Aunque las cifras de infectados y muertes han bajado en las últimas semanas en Colombia, en varios países europeos y latinoamericanos, tales como Italia y el vecino Brasil, se han recrudecido los efectos mortales del virus.

Aún no hay motivos para celebrar ni para relajar las medidas preventivas y los protocolos de bioseguridad que debemos cumplir y que todos conocemos. Ojalá no se nos olviden. Recordemos que en un año de pandemia se han replicado en Colombia, con algunas semanas de diferencia, los comportamientos epidemiológicos de otros países. Por eso, algunos advierten que si nos descuidamos podría haber en el país un rebrote antes de mediados de año.

En este año de la peste ha habido en el país más de dos millones de contagios, cerca del cinco por ciento de la población, y más de 60.000 muertos, entre los que seguramente todos contamos con algún familiar o amigo entrañable. Esto sin olvidar que padecemos la peor recesión de la historia de Colombia, con un desplome de la economía de cerca del ocho por ciento, y la alarmante cifra de más de cuatro millones de desempleados y miles de empresas quebradas, de negocios cerrados y de sueños derrumbados. 

Entre tanto, no llegamos ni a un millón de vacunados –cerca del dos por ciento de la población- y muchos países del mundo han suspendido la aplicación de la vacuna de AstraZeneca por los supuestos riesgos de trombosis que provoca.

El panorama sigue siendo desalentador: irresponsabilidad y ligereza de la ciudadanía; relajación de las medidas gubernamentales; variantes, mutación y nuevas cepas del virus; cartel, robo, efectos nocivos e inadecuada aplicación de las vacunas; tráfico infernal; inseguridad; lluvia de glifosato; violación de derechos humanos; masacres; asesinato de líderes sociales; infanticidios; feminicidios; corrupción; ineptitud, y tantos otros males endémicos que nos aquejan. Sin contar con la pandemia de problemas de salud mental que galopa a rienda suelta de manera paralela al coronavirus.

En fin, tengo motivos de sobra para no estar muy optimista, aunque no pierdo la esperanza. Al menos por hoy permítanme darme el lujo de estar pesimista y de no dejar de pensar en los visionarios pesimistas Hobbes y Plauto: “Homo homini lupus” (“El hombre es un lobo para el hombre”). Por ahora perdimos el año. Ya vendrán tiempos o años mejores, o peores. Depende de todos. 
 

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