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Una bendición en medio de un secuestro eterno



Por Indalecio Castellanos

 

El nacimiento de un bebé que será bautizado como Jerónimo, supone una gran noticia y un bálsamo para la familia Cordón Herrera, que celebra este acto de vida en medio de la incertidumbre porque hace 12 años 8 meses no saben nada del paradero y la suerte de sus hermanos Reinaldo y Guillermo, su cuñado José Arbelay Losada y sus tres conductores, secuestrados por las Farc.

Doña Consuelo Cordón está disfrutando de la que califica como una inmensa alegría, al referirse al nacimiento de este nuevo integrante de la familia.

“Estoy feliz porque mi Dios me ha mandado un nieto”, dice doña Consuelo, tras advertir que en todo caso eso no es suficiente para llenar “el inmenso vacío dejado por los suyos”.

Es un canje demasiado doloroso, aunque el nacimiento del pequeño sea  un “regalo en medio de la angustia”.

El nacimiento ha sido un pretexto para espantar la angustia y doña Consuelo dice que es una “luz de Dios para no pensar en nada negativo, aunque a renglón seguido señale con absoluta nostalgia que “un hermano es irremplazable”.

Y vuelve el recuerdo de sus “hermanos hermosos”, de los cumpleaños no celebrados y de los nuevos encuentros para darse ánimo y desear que vuelvan a pesar del tiempo que ha pasado.

Ahora que está de abuela, le preguntamos en La Noche de La Libertad cual sería el más consentidor y no duda en decir que los dos son especiales y que “sólo hay palabras de agradecimiento y de buenos recuerdos “.

Hay tiempo para decir que la figura amorosa y regordeta de su nieto no podrá llenar nunca  el vacío dejado por Reinaldo, Guillermo, José Arbelay  y sus tres conductores y ruega a Dios que regresen pronto.

Un destino común

Marina Cordón Herrera es otra de las integrantes de esta familia huilense y relata que el secuestro se produjo  mientras vendían sus productos como arroz, sorgo y granos en general, en distintas zonas del sur y los llanos orientales.

Asegura que “el primero fue José Arbelay Losada, quien fue interceptado por integrantes de la guerrilla de las Farc en La Macarena Meta el 8 de enero de 2003 y luego su hermano Reinaldo, mientras llevaba mercancía hacia San Vicente del Caguán, en el departamento del Caquetá”.

Y sigue recordando una historia que ha repetido estos últimos años, para decir que un mes después  su  hermano Guillermo fue a buscarlo en vista que no regresaba y en su último contacto “dijo que regresaba el lunes, pero hasta el momento no se sabe nada de su paradero”.

Guillermo es un ingeniero que antes había sido víctima de otros dos secuestros a manos de la guerrilla de las Farc en el sector de Balsillas, en la vía que comunica al Huila con el Caquetá.

Otras tragedias

El secuestro no ha sido la única tragedia para esta familia integrada por  cinco mujeres y tres varones.

Mirian Cordón dice que al drama de la falta de información sobre sus familiares, se suma  la estafa a la que han sido sometidos por inescrupulosos que piden dinero y que le ha hecho mucho daño a la familia.

“Nos llaman para decirnos que nos llevan al lugar en dónde se encuentran o que tienen información, pero en realidad hasta el momento no hemos tenido ninguna razón”, asegura.

La familia siente que su tarea ha sido estéril, que lleva más de doce años mandando mensajes en La Noche de la Libertad, participando de las marchas y convocatorias públicas y pidiendo a gritos ayuda, sin que nadie se apersone de su causa, que por el momento es perdida.

Doña Miriam dice que han sido muchas las desventuras a causa del secuestro de sus familiares y sus conductores, pues su padre murió agobiado por la desaparición y en estos momentos  su mamá está delicada de salud.

A pesar de estar secuestrado, la Dian le remató una casa a su hermano Guillermo,  algunos de los  bienes de la familia están en problemas legales con la esposa del otro secuestrado y hay otra amenaza de embargo por una deuda con el impuesto predial en Neiva.

La señora Cordón dice que el panorama en sombrío para la familia pues la guerrilla de las Farc guarda silencio sobre la suerte de los suyos, en medio de distintas versiones que indican que habrían muerto en cautiverio.

“Nunca nadie nos ha tendido la mano en todo este tiempo y por eso solamente pedimos que se conmuevan y nos digan que pasó para afrontar la situación”, asegura doña Miriam, quien dice con vehemencia que es infame que de alguna manera también estén secuestrados.

Hay rabia para pedirle a la guerrilla que “no les hagan más daño”, pues denuncia que una de sus hermanas, quien tiene un pequeño negocio de víveres, ha sido objeto de atentados y amenazas.

Insiste en que lo único que quieren es saber qué pasó con sus seres queridos y que los dejen trabajar en paz.

Por todo eso, el nacimiento de una criatura es un verdadero acto de fe en la vida.