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La historia de una radio hecha por pacientes psiquiátricos que cuentan sus tristezas, miedos y hasta sueños.

Hay una inmensa ternura en los mensajes y en el contenido de los programas hechos por locos y que se convierten en un ejercicio para reconstruir el uso del lenguaje, cuya pérdida es uno de los elementos asociados a la psicosis.

Se llama Radio La Colifata y debe su nombre al lunfardo “colifato”, que quiere decir “loco querible”.

Los internos de psiquiátrico Tiburcio Borda de Buenos Aires hablan en cada emisión sobre lo que sienten y se asoman a la radio para contar: “El miércoles me sentía muy triste y le dije al médico que tenía una tristeza enorme".

-“Es generalizado, todos estamos tristes”, me dijo el médico.

La producción de La Colifata repite incesantemente las promociones grabadas con los protagonistas de esas historias que tienen su propia mirada sobre su enfermedad y sus miedos.

Como un tío vivo que da vueltas eternamente se repiten al aire frases como “todos estamos tristes”, “hay un sol que está solo”, “a mí no me vienen a visitar”.

-“Buenas tardes. Aquí transmite Lt 22, Radio La Colifata, directamente desde el hospital Borda”. 
No acaba de terminar la presentación oficial, cuando se escuchan aplausos de la concurrencia reunida en los jardines del psiquiátrico.

Manu Chao, uno de los impulsores de esta causa, canta “un día vendrá mi suerte y me vendrá a buscar” y luego se escucha a un hombre contando: “Yo vivo solo. No importa porque ya los años me han enseñado a vivir en soledad y sigo charlando. Yo a mi familia no la desprecio, pero parece que ellos desconfiaran de mí, a pesar que no llevo la maldad en el alma y siempre me he brindado. Quise ser un amigo para ser útil, pero igual vivo solo y eso no importa”.

No hay asombro para una confesión de alguien que está enfermo de la cabeza pero no del alma, ni en esta otra frase lapidaria lanzada por otro de los enfermos: “Sé que es peor la soledad de un loco, que la soledad de un muerto”.

Y como parodiando la frase que es peor la cura que la enfermedad, otro de los “locos queribles” dice sin empacho que cree que “los hospitales psiquiátricos son peores que las enfermedades mentales”.

Sin anestesia habla de sus “crisis convulsionales desde los 19 años” y la producción se encarga de repetir varias veces al aire  la frase que reivindica su condición: “Siempre fui loco”.

Como es una catarsis para preparar su pronta salida, a “los colifatos” se les permite hablar  “de las pastillas de todos los colores y sabores” y de los llamados a la sociedad “para que comprendan qué los locos no son tan locos”.

Hay quien asegura que la locura está afuera y otro se asombra contando lo que siente cuando ve los noticieros “y a veces tenés ganas de salir corriendo de acá, pero a veces tenés ganas de entrar corriendo para acá adentro”.

Siempre hay frases doloridas que hablan de esa visión particular de vida: “Ojalá salga el sol”,  “la cárcel de los deseos”, “sufro sin desesperación”, “quisiera salir del manicomio y de paso inventarme otro mundo”, “la locura es una forma de expresión y cuando sea recibida será superpoderoso”.

Se habla de heridas profundas, pero hay algo de poesía mientras se argumenta que “la locura no es buena ni mala, sino que puede ser contundente e imbatible cuando llegue a trascender”.

Hay siempre un barullo de voces que se cruzan, una alegría inefable y un ambiente de libertad  a pesar de estar en un hospital para enfermos mentales, eso que un loco llama “la ciudad monstruo del mundo” en la que el dolor es un usurpador del espíritu de gente cansada y un inquilino no grato.

Siempre en la programación de Radio Colifata hay palabras sanadoras y profundas como la del hombre que insiste que está cansado que le digan loco, “loco porque les digo que no trabajen, loco por no pensar en la cruz, en casa, familia, éxito, dinero, loco por contar que me gustan las mujeres y sus redondeces”.

Cada emisión trae historias como la de la sección “Sabias Palabras” en la que uno de los internos del Borda habla de las rutinas de todos los días, “las noches de soledad, el coqueteo con la muerte de venas cortadas y sobredosis, la espera de la visita, las pastillitas con horario, el que tal, como andás, dormiste bien, ¿Te pegó el enfermero?, ¿Te trataron bien?. 

La experiencia de esta radio argentina ha sido replicada y con ese mismo carácter hoy funcionan Radio Nikosia de Barcelona, Radio Vilardevoz de Montevideo, Radio Travesías de España, Podemos Volar de Costa Rica, Radio les Z’entonnoirs de Francia, Radio Diferencia de Valparaiso, Radio Estación Locura de Santiago de Chile, Radio Radiola de Argentina, Radio Total Normal de Suecia, Radio Citron de París y Radio Descosidos de Lima.

Cada emisión termina con lecciones de vida que uno extraña en los programas hechos por periodistas cuerdos para gente cuerda.

Fuente

RCN Radio

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