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La charla con Francisco de Roux y Darío Acevedo muestra que se puede tener discrepancias de fondo y discutirlas sin agresiones.

Uno de los retos más difíciles en la era digital, cuando todo se mide en clics y en likes, es tomar decisiones editoriales que sabemos de antemano que van en contravía de lo que pide el “mercado”. Tengo muy claro desde hace tiempo que la pelea vende más que el debate de ideas. Sé que los argumentos suenan sosos y que los insultos se vuelven virales. Aún así, mientras hago esfuerzos por tener más oyentes transitando por el camino más difícil, me mantengo en mi decisión de ofrecer a quienes nos escuchan las noticias con contexto, los debates con ideas y las entrevistas sin matoneo para todas las fuentes.

En esa línea editorial tuvimos oportunidad de hacer un ejercicio de periodismo y democracia: en medio de la polarización del país invitamos a dos hombres que tienen opiniones muy distintas sobre lo que ha vivido el país en términos de violencia y sobre cómo se debe abordar el camino de la reconciliación. El padre Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad y el doctor Darío Acevedo, director del Centro de Memoria Histórica.

Tienen opiniones distintas sobre la Justicia Especial para la Paz, sobre la existencia misma del conflicto, sobre la dosis de perdón y sobre cómo se debe enfrentar la búsqueda de la paz. Durante más de una hora hablaron, expusieron sus diferencias, no se agredieron, encontraron puntos en común. Al final, sentí que no es una utopía, como pienso a veces, que sí es posible hablar y, sobre todo, discrepar sin agredir.

Los dos han sido víctimas de críticas y matoneo en las redes sociales. Los dos dicen que quieren el fin de la violencia y están de acuerdo en la idea de que no hay una verdad absoluta ni se puede pensar en una verdad oficial porque eso es propio de los regímenes dictatoriales. Se desencuentran cuando se habla de cuál es la dosis de perdón y cuál la de justicia para poder avanzar.

Para Darío Acevedo, el pacto que firmaron el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc no ofrece “la más mínima justicia para las víctimas”. En la otra orilla, el padre Francisco de Roux hace una clara defensa del sistema de Justicia Especial para la Paz y destaca el proceso restaurativo no solo para las víctimas sino también para la transformación de quienes han participado en la guerra. Asegura que el sistema pactado es un ejemplo para el mundo.

Si se habla del perdón, los dos coinciden en que se necesita una dosis y haciendo referencia al holocausto, el padre de Roux dice que ese episodio “recordó a los humanos la bestialidad a la que podemos llegar pero, al mismo tiempo, la posibilidad de recuperarnos como seres humanos. Nos planteó la necesidad de llegar a perdonar lo imperdonable si queremos construir sociedades”.

El doctor Acevedo, mientras tanto, dijo que se necesita el perdón y que “el pueblo colombiano es generoso en esa materia y lo ha sido a lo largo de la historia”, pero afirma que se requiere también “una dosis de justicia y voluntad política para pedir perdón de manera sincera, sin ufanarse de la violencia”.

El padre Francisco de Roux apela mucho, a lo largo de la charla, a la imagen de las víctimas, a su dolor, como el punto de partida para buscar la reconciliación y reitera que no se puede manipular a quienes tanto han sufrido en el conflicto. Darío Acevedo insiste varias veces en que haya una dosis de justicia como respuesta esencial para poder avanzar y en que el Congreso tiene una oportunidad para zanjar la diferencia que hoy divide al país. Los dos coinciden en que ahí, en la justicia, está la discrepancia central y que por eso el país se ha polarizado tanto.

La charla terminó con un amable y franco apretón de manos y yo me quedé unas horas dando vueltas a los argumentos de lado y lado. Noto que hay coincidencias importantes: no más violencia, es necesario reparar a las víctimas, nos debemos colectivamente una dosis de perdón, debemos buscar la verdad que no es absoluta ni es oficial. Noto que los desencuentros son muchos también, algunos de nombre, otros de fondo.

En las redes sociales aplauden y critican el ejercicio. Ese es su papel. Alguno tilda de “cura del demonio” al padre de Roux, otro más dice que sentar a Acevedo es como poner a “Hitler a hablar con los judíos” luego del holocausto. La mayoría, sin embargo, aplaude el ejercicio y yo agradezco esos mensajes que animan para seguir. Siento que fue una charla intensa, de fondo, poco radial si se quiere, pero necesaria para un país que requiere con urgencia más argumentos y menos insultos y que debe aprender a escuchar más y gritar menos. Termino el día con una sensación extraña entre satisfacción por el deber cumplido y también pesimismo ante un país polarizado que no quiere aceptar la necesaria existencia de quien piensa distinto.

Fuente

RCN Radio

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