Foto cortesía de la familia Parra





Por: Indalecio Castellanos

Alberto está ahora metiendo los pies en la nieve del nevado del Cocuy y ríe escandalosamente celebrando eso que es como la victoria del hombre que desafió las alturas del departamento de Boyacá.

Es un video en el que el joven escalador disfruta como un niño de la sensación del hielo a sus pies y es uno de los pocos testimonios de vida, porque este hombre ahora está muerto.

Desde que se confirmó la muerte de Alberto Parra el pasado 31 de julio, su familia ha establecido una especie de ritual para ver sus videos y recordarlo en esos instantes que lo hicieron feliz, aunque eso signifique una inmensa tristeza para su familia.

Su hermana Gloria dice que tienen una "nostalgia absoluta de sus carcajadas", al comentar que mientras ven sus videos no pueden contener el llanto.

"Mientras comprobamos la alegría con que asumía su vida, ahora hay un inmenso vacío por la muerte del bebé de la casa, el consentido por todos los que admiraban su amor a las caminatas", relata su hermana.

Dice que "en su soltería afortunada había decidido alcanzar todas las cumbres del país" y fue precisamente en una de ellas cuando fue interceptado por integrantes de la guerrilla de las Farc, que le asesinaron en el departamento del Cauca.

Alberto salió el 6 de diciembre de 2013 rumbo al Nevado del Huila y antes de partir le dijo su papá que regresaba el martes.

Durante 20 meses no se supo nada de su paradero, hasta que el testimonio de un exguerrillero de las Farc permitió encontrar una fosa común en Belalcázar Cauca, en la que fueron hallados e identificados sus restos.

Gloria contó que tras conocer la información entregada por la Fiscalía del Cauca, fueron hasta el lugar con la esperanza que no fuera su hermano, pero según cuenta ,"desafortunadamente reconocimos sus restos, sus prendas, su chaqueta, su cabello".

Y hay luego un largo silencio para recordar al “rizos de oro” que murió inventando sus aventuras por las montañas de Colombia.

Mensajes sin destinatario

Durante 20 meses los familiares de Alberto mandaron a través de La Noche de la Libertad los mensajes, que vistas ahora las circunstancias, nunca tuvieron destinatario, pues fue asesinado tres o cuatro días después de haber sido secuestrado en El Cauca.

"Si me está escuchando, que en la casa lo extrañamos mucho y que es muy fuerte el clamor de mi madre y de mi padre y de todos los hermanos que estamos sufriendo por su ausencia", le decía su hermano Rubén. Pero Alberto no pudo escucharlo.

"Ojalá devuelvan su cámara y sus fotos, para que nos enseñe todos los paisajes que pudo haber divisado estos meses de ausencia", le decía su hermano, pero dolorosamente ni siquiera devolvieron sus restos.

Su mamá perdió más de diez kilos suplicando que lo soltaran y su padre insistió durante los meses de ausencia en sus aventuras de niño enamorado de las montañas, en su secreto deseo de verlo de nuevo.

En todos los mensajes había una coincidencia en el sentido "que estaban haciendo falta sus locuras y las fotos de sus andanzas por los nevados".

Ahora que fueron hallados sus restos y se realizaron sus funerales en el municipio de El Pital en el Huila, esta sensación es mucho más fuerte.

El último adiós

La muerte de Alberto supone un inmenso vacío y una tristeza que su familia no le desea a nadie.

"Estos largos meses de ausencia supusieron un gran dolor, pero había esperanza de verlo regresar", dice Gloria, quien asegura que ahora es un momento de mayor tristeza, pues "empieza la tarea de aceptación de las cosas y de asimilar una pérdida que no esperaban".

Reitera que tener a su hermano "en cuatro tablas" es una tristeza muy grande que sólo podrá aliviarse con el tiempo, las oraciones y el cariño de la familia y sus amigos.

Gloria dice que para sus padres acompañar a Alberto hasta su tumba es "es como dejar la mitad del corazón en ese hueco" y abandonar todo el acompañamiento y el cariño que depositaron en él.

"Han pasado varios días desde su muerte y todavía no puedo describir el dolor y la tristeza que mi papá y mi mamá tuvieron que sufrir estos 20 meses de ausencia y los ocho días que siguieron al hallazgo de su cadáver en el Cauca", relata Gloria.

Ella asegura que la muerte hace parte de la naturaleza del hombre, pero duele inmensamente cuando "es arrancada por seres que no quieren nada en este mundo".

Su eterno contacto con la naturaleza

Y ahora que está muerto, mirar las fotos de los lugares que caminó y revisar sus videos sonriendo mientras corona los espacios más fríos de la naturaleza colombiana, se ha vuelto una rutina impuesta para no olvidarlo definitivamente.

Una de las imágenes más conmovedoras es la que muestra a Alberto sonriendo mientras toca la nieve, pero Gloria recuerda también que era tanta su devoción por la naturaleza y tan libres sus pensamientos, que alguna vez grabó que quería convertirse en un ave si moría.

Y hace memoria que "en uno de los viajes hizo un video en el que decía que si se moría y volvía a nacer, quería ser un pajarito, aunque de pronto se quedó en silencio y rectificó, que mejor no porque se lo podía comer una culebra".

En otro de los video se ve "al rizos de oro” expresando su preocupación porque se ha hecho tarde mientras camina hacia el Nevado del Cocuy, al norte de Boyacá, y dice que “sería una embarrada no ir hasta allá, estando tan cerca".

Con la misma decisión se dirigió al Nevado del Huila en diciembre de 2013, en el que se constituyó al final en su último viaje.

Gloria sabe esa expresión coloquial que dice que "todo muerto es bueno", pero insiste que de Alberto sólo hay recuerdos de momentos felices. "No hay un sola culpa, una ofensa, una embarrada, sólo hay recuerdos bonitos", dice.

Si bien, paradójicamente el hallazgo del cadáver de Alberto y su entierro es un alivio para el agobiado espíritu de esta familia huilense, sabe que "este ciclo no se ha cerrado y quedan heridas que espera que el tiempo cure".

Los Parra tienen claro que "el cariño podrá sanarlo todo" y anuncian la convocatoria a distintas marchas en las que seguirán pidiendo la libertad de quienes aún están secuestrados o desaparecidos y pregonando lo que califican como "la dicha del regreso a casa, pero vivos".

Su hermana dice que Alberto les ha dejado una pena en el corazón y un gran vacío en la finca Las Acacias, en zona rural del municipio de El Pital.

Como en la popular canción colombiana, "ya no vive nadie en ella y el primero en irse fue Alberto, que la ha dejado sola para siempre".