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Portada del podcast Qué no falte la crónica con Indalecio Castellanos
RCN Radio

Murió a los 168 años en Córdoba, fue mostrado como una rareza en Estados Unidos y decía que conoció a Simón Bolívar.

Cuando tenía 167 años fue descubierto por una empresa cazadora de rarezas y llevado a los Estados Unidos para ser paseado por las calles de Nueva York, mostrado como un ser de otro mundo, entrevistado como sobreviviente de una catástrofe nuclear, besado a veces con admiración y otras con lástima y también homenajeado por el gobierno colombiano.

El escritor y periodista Gustavo Tatis le contó al programa Al Fin de semana que esta es una historia que tiene ese vigor caribe en el que uno no sabe si todo es real o inverosímil.

Y no es una historia inventada por la imaginación, aunque fácilmente pudiera ubicarse en el universo de Gabriel García Márquez o de eso que Tatis llama “una auténtica desmesura”.

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El protagonista es un indígena Zenú nacido en el año 1789 en Tuchín Córdoba llamado Javier Pereira y que Tatis describe en una bella crónica publicada en el periódico El Universal, como “un hombrecito bajito de piel majagua, que vivía bajo la copa de un árbol, se alimentaba de bocachicos y fumaba como un barco”.

Tatis relata que el “descubridor” de Pereira fue José Santander Suárez Brango, director para entonces del periódico Ecos de Córdoba, quien luego reaccionó iracundamente cuando se enteró que la Fundación Ripley se lo había llevado a los Estados Unidos.

“Javier Pereira es mío”, escribió enfurecido Suárez Brango en un editorial, tras lo cual, según relata el escritor Tatis, buscó un abogado y elevó una demanda por 176 millones de dólares, un millón por cada año de vida de Pereira.

Mientras la demanda estaba en trámite, el hombre más viejo del mundo era tratado como una celebridad mundial, paseado por la Quinta Avenida de Nueva York en un Rolls Royce y mostrado como una auténtica celebridad mundial.

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Y fue entonces que el mundo se enteró que este personaje “de mirada imperturbable, descalzo, a pie pelado, de hilachas negras y blancas”, como lo describe Tatis, casi bicentenario, pero con una memoria de elefante.

Ante el asombro de todos relataba que había conocido al libertador Simón Bolívar y que le pareció “un tipo enérgico y buena persona”, mientras que el general Pablo Morillo, “el pacificador”, a quien conoció en Cartagena, le pareció “un tipo terrible y antipático”.

La historia increíble de este indígena Zenú que fue en un momento el hombre más viejo del mundo, que en todo caso no pudo alcanzar la eternidad y murió de muerte natural el 30 de marzo de 1958.

En un artículo publicado en El Universal y titulado “Historias de criaturas desmesuradas del Caribe Colombiano”, Tatis describe que “los huesos se le desmoronaron como fichas de dominó y murió con los ojos de un color ámbar de tanto ser negros y el cuero de lija mojada, como la piel del acordeón”.

La historia del hombre que conoció a Bolívar y Morillo en sus gestas libertaria y vivió para contarlo a la prensa nacional e internacional es algo que Tatis describe como un momento en el que “la vida compite con la más alta de las ficciones y la rebasa con sorpresas”

Fuente

RCN Radio

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