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El cáncer ha sido para él una oportunidad para entender lo efímero de la existencia.

Ministro de Salud, Alejandro Gaviria
Ministro de Salud, Alejandro Gaviria en RCN Radio.

El ministro Alejandro Gaviria se remanga su camisa para mostrar un tatuaje que le recuerda cada día una sentencia clara: “tu tiempo es limitado”. Dice que fue un arrebato que le dio un día que estaba muy débil en medio de su tratamiento contra el cáncer. Se tatuó esa frase tomada de un poema porque “aunque es un lugar común, vale la pena repetirlo y recordarlo”. El cáncer ha sido para él una oportunidad para entender lo efímero de la existencia, para valorar los placeres simples de la vida y dejarse sorprender de nuevo. Pero también para entender de manera más clara la desigualdad.

Su charla está llena de reflexiones profundas y se nota en sus palabras las lecciones de la enfermedad: “Cada día que vivimos es un día que le estamos ganando a la muerte” “Hay que cultivar el asombro. Disfrutar el milagro de estar vivo”.

Su proceso de recuperación es evidente pero es enfático al afirmar que no puede decir que está curado y que va a tener una vida signada por la incertidumbre. Ahora espera con ansiedad el 22 de marzo cuando tendrá que someterse a un nuevo examen que le dirá si ha ganado esta primera batalla. Habla de su enfermedad con tranquilidad y con esa sabiduría que se construye cuando la muerte mira de frente. “Los pacientes con cáncer somos locuaces. Nos gusta reflexionar sobre la vida”.

En su doble condición de ministro y paciente ha podido evaluar el sistema de salud y descubrir los problemas que tiene y también las bondades, esas que se notan poco  porque asegura que “los logros del sistema de salud se han hecho injustamente invisibles para la sociedad colombiana”. 

Para ilustrar ese punto cuenta una anécdota de su última sesión de quimioterapia el 22 de diciembre del año pasado: “llegué temprano a la quimioterapia y había tres pacientes más con cáncer. Algo que me gustó es que no me reconocieron y me puse a conversar con esas personas y en la charla supe que eran del régimen contributivo pero no eran privilegiadas, estratos 2 y 3. Esas personas estaban recibiendo el mismo tratamiento que estaba recibiendo yo. Uno de los pacientes era un niño a quien había que sedar antes de pasar al procedimiento y pude ver la manera tierna y cariñosa como trataban a ese niño. El sistema de salud tiene muchos problemas pero también tiene historias como esta que no se cuentan y que el país debería conocer”. 

El ministro cuenta también el otro lado de la moneda al decir que en todo este proceso ha descubierto un problema de fondo y es la desigualdad: “Nada más antipático ni injusto que las desigualdades en salud” Y cita una frase de Martín Luther King: “Todos deberíamos ser tratados de la misma manera y eso es una utopía en cualquier sociedad justa”. Por eso dice que entiende las quejas de los colombianos frente al sistema de salud, que se pone en los zapatos de esos pacientes y que les encuentra razón. 

Para entender su caso y también para escribir un libro sobre su experiencia que acaba de terminar ha consultado cifras y datos para saber cómo se maneja la atención de los pacientes que padecen una enfermedad como la suya: “En mi caso entre el momento en que se tuvo una sospecha de cáncer y el diagnóstico definitivo pasaron unos 10 o 12 días, digamos 15. Para los pacientes en Colombia de un linfoma como el mío, según los datos de la cuenta de alto costo, pasan aproximadamente 30 días. Esos 15 días no es lo que más me preocupa. Lo que de verdad es grave es que para un porcentaje de un 15 por ciento del régimen contributivo y un 10 por ciento del régimen subsidiado esos 30 días se convierten en 90 o 100. Ahí es donde está el verdadero problema. No es la desigualdad entre unos poquitos que reciben un tratamiento y la gran mayoría que no recibe nada, es ese 10 o 15 por ciento para quienes ese diagnóstico se demora”. 

El ministro Alejandro Gaviria reconoce que también hay una falla cuando los primeros tratamientos fracasan y toca entrar en unas fases adicionales para tratar de salvar la vida. En ese punto aunque asegura que el problema puede ser del sistema también lo es de la ciencia y del conocimiento que tenemos del cáncer. “Tenemos que aceptar que este es un problema complejo, que apenas comenzamos a entender, que no tiene una solución rápida y por lo tanto seguiremos muriendo de cáncer”, aseguró. 

Y la muerte se le asomó en un momento cuando tuvo una grave infección bacteriana: “Tuve un choque séptico. Eran las 12 y media de la noche. Comencé a temblar fuerte, los ritmos vitales se complicaron y estuve al borde de la muerte. Días después el médico me dijo: “usted estuvo mucho más allá que acá” y yo le respondí, como para terminar el poema: "Todos estamos mucho más allá que acá.” 

Dice Alejandro Gaviria que ese día tuvo conciencia de que estaba pasando por un momento crítico y que tuvo miedo pero al mismo tiempo ganas de salir adelante y hoy está aquí contando la historia. Ha encontrado la fortaleza en la familia y en el amor.  Y aunque ha dejado instrucciones para someterse a la eutanasia si llega a un nivel de enfermedad terminal alguna vez, no ha pensado en eso porque su caso no se encuentra en ese nivel y lejos de pensar en la muerte, su enfermedad lo ha llenado de vida. Esa vida que se goza de manera sencilla y que disfruta y celebra ahora con más certeza del poco tiempo que le queda como lo recuerda el tatuaje que lleva en su brazo. No ha sido fácil ser paciente y ministro pero al mantenerse en el cargo quería también mandar ese mensaje de resistencia, de rebeldía ante la enfermedad. Por eso cuando se le pregunta por el mensaje para los pacientes con cáncer lo dice sin titubear: “El cáncer no es impedimento para seguir viviendo. El cáncer nos hace mejores personas y pa’ adelante que estamos juntos.”

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