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Hay barrios desocupados, comercios cerrados y los niños tienen miedo de ir a clases.

Calles vacías y comercios cerrados en Cáceres (Antioquia)
Calles vacías y comercios cerrados en Cáceres (Antioquia).
RCN Radio

A las seis de la tarde las calles de Cáceres comienzan a quedar solas, los supermercados, tiendas y almacenes bajan las cortinas de acero y cierran las puertas de sus negocios, los pocos bares y tabernas no abren: a esa hora nadie llega al pueblo.

Cacéres está a 230 kilómetros de Medellín, en la subregión del Bajo Cauca antioqueño, que comparte con Caucasía, El Bagre, Tarazá, Zaragoza y  Nechí.  A sus orillas pasa el río Cauca, la principal fuente de su economía.

Poco a poco, Cáceres se está convirtiendo en un pueblo fantasma. Primero, porque los grupos armados son los que mandan. Allí el Clan del Golfo, Los Caparrabos, las Autodefensas Gaitanistas y el ELN se disputan el territorio por  la hoja de coca, la minería ilegal y corredor para el narcotráfico.

Y segundo, porque el río ya no es el mismo. Sus habitantes dicen que Hidroituango acabó con la pesca y el barequeo y, además, porque temen que la represa se reviente y el pueblo desaparezca.

Los asesinatos y las amenazas se han incrementado en más del doble, así como también el desplazamiento.

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Pescador en el río Cauca, a la altura del municipio de Cáceres

Un día antes de nuestra llegada a Cáceres circuló un panfleto con un ultimatúm de los Caparrapos ordenando a  un grupo de habitantes de Cáceres abandonar el municipio.

La alcaldesa Cáceres, Sandra Patricia Durán, quien reemplazo a José Mercedes Berrío (destituido por supuestos nexos con el Clan del Golfo), habla con desconsuelo sobre lo que está pasando allí.

Diariamente hay muertos. En el transcurso de enero y febrero van 21 muertos. Hay desplazamientos, la gente no tiene como pagar los impuestos predial y de industria y comercio; estoy administrando pobreza total ”, subraya la funcionaria. 

Referencia Cáceres.
Población de Cáceres (Antioquia).
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Cuenta que por el río Cauca bajan cadáveres desde Tarazá que llegan a Cáceres. “Llegan los muertos  y nos toca recogerlos por humanidad”.

Advierte que Hidroituango afectó mucho la pesca y la minería artesanal, las viviendas se han desvalorizado y los supermercados han tenido que cerrar.

“No ha habido subienda. Mucha gente está aguantando hambre. El estrés post traumático con Hidroituango lo vive todo el mundo en el Bajo Cauca; en qué momento se va a venir la represa, en qué momento tenemos que salir. Hay gente que se ha ido porque tienen capacidad pero los demás no se van porque no tienen para hacerlo”, acota la alcaldesa Sandra Patricia Durán.

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La jornada escolar en Cáceres ha sido recortada, en los salones de clases faltan casi la mitad de los niños. Ya ni siquiera se puede ir al parque a hacer aeróbicos como antes, dice un profesor que se siente amenazado.

Recalca que la situación de orden público es grave porque el pueblo está amenazado y viven con incertidumbre día y noche: "No podemos salir a tomarnos algo decentemente".

“En el parque hacíamos aeróbicos y ya por miedo no hacemos nada, por temor a que algo suceda, un hostigamiento. En los barrios de arriba la gente no puede bajar porque dicen que después de las 7 de la noche no tienen nada que hacer en la calle”, añade el maestro.

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Crónica de Jairo Tarazona sobre la población de Cáceres, en Antioquia

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Pero además, relata, no puede dormir tranquilo por pánico a que se venga la represa. “Esto es una hecatombe, aquí ya no hay nada que hacer, no sé qué va a pasar con el pueblito, esto es muy triste”, dice.

El concejal Guillermo León es dueño de una taberna. No puede ejercer su labor tranquilamente pero tampoco abrir su negocio.

La tengo cerrada desde el 4 de enero que comenzó esta violencia en nuestro municipio, de ahí para acá no he podido levantar cabeza. Créame, a partir de las seis de la tarde esto es una cosa de locos aquí no se ve nadie en las calles”, enfatiza el hombre.

Añade que con la contingencia de Hidroituango, Cáceres quedó en total abandono y las propiedades no están valiendo nada.

"Los bancos no prestan porque dicen que estamos a 200 metros del río Cauca y en zona roja; Hidroituango nos mató y el pensar que en cualquier momento eso se nos viene encima, es una tragedia anunciada”, recalca el concejal.

Luis Francisco Aguirre dirige la Casa de Justicia en Cáceres. Fue amenazado a través de un panfleto el año pasado, junto con otros funcionarios públicos de Valdivia, Tarazá y Cáceres.  

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La UNP le envió un celular con un botón de pánico y un chaleco antibalas, que no se pone por las altas temperaturas que superan los 34 grados.

Cáceres, en el Bajo Cauca Antioqueño, tiene comercios y viviendas abandonadas
Cáceres, en el Bajo Cauca Antioqueño, tiene comercios y viviendas abandonadas.
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En el parque principal de Cáceres está José, un taxista que lleva horas  esperando en una esquina completar el cupo de pasajeros para llevarlos a  Caucasia. Está relajado porque no hay nada que hacer.

"Por miedo a Hidroituango la gente se fue porque dicen que  iba a venir una avalancha, una catástrofe y mucha gente se fue por miedo”, dice que resignación.

Añade que si el río no crece no hay nada que hacer, porque la gente vive del bareque (minería de oro artesanal), que es perseguida por las autoridades y de la pesca.

Alejandro es dueño de un pequeño supermercado en Cáceres. Dice que la situación es crítica, la gente no tiene para el sustento diario, muchos viene a fiar porque no tiene para la comida del día.

“Se han reducido las ventas en un 60 o 70 por ciento. Todos los días son pésimos, en un 40 o 50 por ciento de la gente se ha ido para Medellín o Montería en busca de mejor futuro”, dice el comerciante.

En Cáceres hay barrios enteros que están desocupados por las amenazas como La Magdalena y Laguna, sus calles destapadas están vacías, sus casas clausuradas, pocos se quedaron porque no tiene a donde ir, como este hombre que encontramos sentado en la puerta en compañía de su mujer.

Narra que sus vecinos se fueron por amenazas, por miedo a la violencia y a Hidroituango: “Todos  saben cómo es la situación por aquí y mucha gente por miedo mejor se van buscando otros horizontes”.  

Añade que otros se fueron para Medellín porque el empleo está muy duro, porque muchos se gana la vida del  barequeo y ahora no funcionan las minas. Acota que es cristiano y deja en manos de Dios su vida y lo que pueda pasar: “La gente se va por miedo a Hidroituango y miedo a morir”, sentencia.

El defensor del Pueblo, Carlos Negret, hizo un recorrido por todo el Bajo Cauca antioqueño. En Cáceres se reunió a puerta cerrada con líderes sociales y autoridades; en un corto resumen relató lo que le contaron:

Me siento preso, me siento confinado en mi propia casa, este es un pueblo de todos y municipio de nadie”, le dijo un vocero de la comunidad.

“El año pasado, 1.569 familias fueron desplazadas y ayer llegó  un panfleto de los señores Caparrapos obligando la gente  a que salga del barrio La Magdalena, que acabamos de caminar. Este es un corredor desde aquí del río Cauca para seguir haciendo fechorías”, indica Negret.

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El defensor del Pueblo cuenta con desconsuelo que "es muy triste; se le quiebra la voz al profesor cuando dice que está angustiado porque está viendo caer a sus alumnos. Un colegio que era de 2.300, quedan mil menos y, graniaditos graniaditos, los van matando a los alumnos y a los profesores”.

Hoy el municipio de Cáceres se está convirtiendo en un pueblo fantasma, nadie quiere vivir allí, están en medio de las balas de los grupos armados que administran la muerte y del río Cauca, al que temen que un día se desborde y se lleve a quienes por obligación tuvieron que quedarse.

Fuente

Sistema Integrado de Información

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