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Cementerio de Novodevichy, en Rusia.
El cementerio de Novodevichy está ubicado en un costado del monasterio que lleva el mismo nombre.
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No es para asustarse. Quizás no hay lugar donde la vida se vuelve más terrenal, más mundana, más real, que un cementerio. Allí reposa toda la verdad de la existencia, la banalidad y el orgullo, la fama y los prejuicios: todo termina ahí, en un puñado de polvo y tierra bajo una lápida, evidencia clara de la inmortalidad humana.

Por eso es tan hermoso y, si se quiere, un tanto sublime, ver cómo un cementerio se convierte de verdad en homenaje, un panteón de celebración de la vida, de los éxitos, de los logros de seres notables o anónimos que pisaron la misma tierra por la que caminamos y dejaron una huella. Su paso no fue en vano, fue un vivir para soñar, para hacer, para cambiar, fue una estancia a lo mejor efímera que en todo caso tuvo un sentido.

La pasión por los cementerios -la coimetrofilia-, si se le quita su connotación sexual, es válida y motivante. Caminar entre las tumbas es recorrer un pasado que sí perdona, un pasado que no amenaza, que, al contrario, enorgullece y anima a vivir: como sabemos que tarde o temprano llegaremos ahí, qué bueno hacerlo de esa manera digna y decorosa.

En Moscú hay un lugar fascinante. Es el cementerio de Novodevichy, ubicado en un costado del monasterio que lleva el mismo nombre. Aquí los rusos han sabido rendir homenaje a la memoria de sus héroes, de sus mentes brillantes, de aquellos que en algún momento tomaron vuelo y saltaron la valla del promedio para propiciar un cambio, una ilusión, una emoción, o una esperanza.

Hoy por hoy, la tumba más llamativa es la del primer presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, mentor del actual mandatario. El mensaje es claro y preciso. Está pintada con los colores de la bandera rusa y marca un camino, una nueva historia en este lugar donde precisamente la historia se detiene, donde deudos y amigos deben decir que es el fin de una etapa y el comienzo de la nostalgia.

Cementerio de Novodevichy, en Rusia.
La tumba más llamativa es la del primer presidente de la Federación Rusa, Boris Yeltsin, mentor del actual mandatario.
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Entre esas tumbas bajo la "sombra benigna de los árboles, viento con pájaros que sobre las ramas ondea, alma que se dispersa en otras almas", como dijera el afamado Jorge Luis Borges sobre el cementerio de La Recoleta, se va uno encontrando con esos personajes que en su momento hicieron reír, llorar, cantar, vibrar a millones de sus compatriotas, como el payaso y director de circo Yuri Nikulin, propietario ahora de uno de los rincones más visitados de este lugar.

Cementerio de Novodevichy, en Rusia.
El payaso y director de circo Yuri Nikulin es el propietario ahora de uno de los rincones más visitados de este lugar.
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Entre los entendidos, Fiodor Chialiapin fue el más grande cantante de ópera ruso de la primera mitad del siglo XX, y junto a Enrique Caruso alcanzó la gloria máxima del bel canto, gracias a su poderosa voz y majestuosa presencia en el escenario que hacían que a su paso absolutamente nadie quedara indiferente. Por eso su tumba es una de las más visitadas, de las que mayores venias y ceremonias reciben.

Cementerio de Novodevichy, en Rusia.
Fiodor Chialiapin fue el más grande cantante de ópera ruso de la primera mitad del siglo XX.
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Aquí también resalta la tumba de Viacheslav Tijonov,  un adorado actor de la era soviética, célebre por el personaje de Stirlitz, el espía protagonista de la novela "Diecisiete instantes de una primavera", que narra los días previos a la derrota de la Alemania nazi.

Cementerio de Novodevichy, en Rusia.
Aquí también resalta la tumba de Viacheslav Tijonov, un adorado actor de la era soviética.
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Y qué decir del lugar especial que ocupa Andréi Túpolev, el científico y constructor aeronáutico soviético, inventor y diseñador de aviones, especialmente bombarderos, supersónicos y de pasajeros, y quien estuvo preso muchos años porque a Stalin le parecía que estaba armando un partido fascista. Finalmente lo sometió y lo puso a prestar servicios a la patria a cambio de perdonarle la vida. Aviones Túpolev todavía vuelan en varios países del mundo y, por ejemplo, en Cuba hacen vuelos internos a bajo costo.

Cementerio de Novodevichy, en Rusia.
Un lugar especial ocupa Andréi Túpolev, el científico y constructor aeronáutico soviético, inventor y diseñador de aviones, especialmente bombarderos, supersónicos y de pasajeros.
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Sobra decir que grandes nombres de las diversas guerras libradas por los soviéticos se encuentran enterrados en este cementerio de Novodevichy, al igual que otros personajes como el célebre director de cine Serguéi Eiseinstein, director de "El acorazado Potemkin"; el escritor Nikolái Gogol; Raisa Gorbachova, la esposa de Mijail Gorbachov; el poeta Vladimir Mayakovsky, los músicos Prokófiev y Rostropovich, al igual que el magnífico compositor Dmitri Shostakóvich y, quizás, el más admirado de todos, el gran poeta del alma rusa Antón Chéjov.

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Uno de los nombres más admirados es el gran poeta del alma rusa Antón Chéjov.
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El cementerio de Novodevichy es un recinto acá en Moscú que vale la pena visitar y conocer con calma. Se une a otros grandes cementerios del mundo que son motivo de admiración y pasión en sus países, orgullosos de un pasado lleno de historia. Sin ir más lejos, el ya mencionado cementerio de La Recoleta en Buenos Aires es un lugar de peregrinación, especialmente para visitar la tumba de Evita Perón.

Y qué decir del cementerio Père-Lachaise, el más grande de París, sitio obligado para los nostálgicos de Balzac, Marcel Camus, Frederic Chopin, de Moliere y, por supuesto, de Jim Morrison, el cantante de la banda The Doors. Y no olvidar el cementerio de Arlington, muy diferente a los otros, pero conmovedor.

Por eso, no debe haber miedo sino alegría, curiosidad, admiración, al visitar estos lugares en los que la historia se detiene y empieza a vivir el recuerdo. ¡Cuánta grandeza hay en las naciones que honran a sus muertos!

Por Juan Manuel Ruiz, enviado especial a Rusia.

Fuente

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