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Pies de ciudadana venezolana luego de una caminata de varios días
Diariamente llegan decenas de personas para ser acogidas en el Centro de Atención al Migrante.
Foto: RCN Radio

En el Centro de Atención al Migrante, en Bogotá, todos tienen zapatos nuevos o casi nuevos y medias limpias, porque muchos venezolanos han caminado más de lo que jamás pensaron para llegar aquí.

Vanesa llegó con sus tres hijos y con su esposo Juan, luego de destruir sus zapatos en la carretera durante días por caminar desde Cúcuta. Por eso lo primero que reciben es un par de zapatos.

Ellos hacen parte del millón de personas provenientes de Venezuela que han llegado al país y de las decenas que llegan cada día a este refugio.

-¿Cómo estuvo el viaje?

-Más o menos, hubo lugares muy fríos que tuvimos que caminar.

-¿Por dónde caminaron?

-Estuvimos en Cúcuta, después de ahí Pamplona, Bucaramanga, Barbosa y hasta aquí.

-¿Los niños están bien de salud?

-Sí, gracias a Dios.

La misionera que lava los pies de los migrantes

Usted entra al Centro de Atención al Migrante y encuentra un patio central pequeño con piso de baldosa escarlata que huele a cera recién aplicada, donde casi siempre hay niños jugando, como si fuera una guardería. A su lado está su directora, una monja sin hábito, como un héroe sin capa, la hermana Valdete Willeman.

“Son personas dignas de ser respetadas, pero llegan física, psicológica y espiritualmente destrozados, los pies hinchados y para llegar aquí es necesario tener valor. Ellos caminan 3, 6 o 15 días para llegar aquí”, dice.

El patio da con un salón de reuniones, un par de oficinas pequeñas, unas escaleras hacia el sótano y el segundo piso, un comedor con mesas largas impecablemente vestidas de manteles blancos y a cuadros rojos y siempre huele a comida porque al lado hay una cocina abierta.

La hermana Valdete es una misionera Scalabriniana, una orden dedicada en todo el mundo a acoger migrantes. En su caso, es una monja brasileña en Colombia ayudando a venezolanos, curando sus pies cansados.

-Vamos a tratar sus pies como una primera labor, luego una ducha, alimentación, descanso y después hablamos.

-Me hace recordar el lavatorio de pies.

-Todos los días, hago esto con mucho cariño, preparo su agua con jabón, la medicina para sanar sus heridas, esto es la iglesia.

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Así acogen a los venezolanos

De la cocina saca la cabeza Clemencia Tique, la cocinera para decirnos que ayudáramos a servir los primeros 40 jugos de banano apelmazados como compota, mientras nos describe el menú.

“Hoy estoy preparando sopa de colicero, arroz con pollo, papa criolla con guiso y queso. Ah, y el jugo de banano que sirvió usted”, describe con orgullo.

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Chaquetas, zapatos y peluches

Banco de Ropa del Centro de Atención al Migrante en Bogotá
Foto referencial ropa.
RCN Radio

En el sótano usted se encuentra con la prueba de la solidaridad colombiana que opaca los intentos de xenofobia que han aparecido. Hay toda una bodega llena de ropa donada y por supuesto las prendas más preciadas son los zapatos, tenis y sandalias. Hace poco llegó otra donación, según nos cuenta Juan Esteban López, trabajador del lugar.

“Viene la gente y deja sus donaciones en buen estado, acá los clasificamos por tallas y lo que más se recibe son chaquetas y zapatos. Las chaquetas las piden por el frío que tienen que aguantar y el tema de los zapatos, porque hay gente que camina cuatro, cinco o seis días y llegan literalmente sin zapatos”, dice.

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Cuarto de juguetes del Centro de Atención al Migrante
La habitación de los juguetes: "El cuarto más feliz del Centro de Atención al Migrante"
Cuarto de juguetes del Centro de Atención al Migrante

A este centro solo llegan familias completas, por eso hay tantos niños y por eso ellos tienen un espacio especial para recuperar el tiempo que han perdido de su niñez huyendo de las penurias de su país en el segundo piso donde hay un gran cuarto lleno de peluches.

Insiste en que “es el cuarto más feliz de la casa, cuando ellos llegan es la felicidad, la donación de juguetes es lo que ha mantenido este cuarto, cuando los niños se van muchas veces piden llevarse el muñeco que encontraron acá”.

El viacrusis continúa

Nueve de cada diez personas que llegan al Centro de Atención están solo de paso por Bogotá y siguen su camino, solo a algunos se les puede ayudar con el pasaje, dependiendo de la solidaridad de sus voluntarios, Mateo e Isabel se preparan para continuar el viaje hacia Ecuador.

“Nuestra meta es Ecuador pero ¿Cómo nos vamos hacia allá?”, dice Mateo, quien calcula que el viaje hasta la frontera vale aproximadamente 180 mil pesos por persona y tienen afán, por temor a que no les permitan el paso.

La hermana Valdete los despide y espera a los que ya vienen desde La Terminal de Transportes. Las reglas son sencillas no permite que se bote comida, que se desordene el comedor, que usen por más de 20 minutos el Facebook en los computadores del lugar, no permite que haya migrantes esperando en la puerta, porque sabe que los caminantes no quieren más fronteras.

-¿Tiene algún temor por estas personas?

-Tengo... Tengo el temor cada vez más fuerte por el cierre de las fronteras. Es un derecho migrar, pero hay un cambio de mentalidad en los gobernantes que no acepto. La mercancía puede pasar, la droga puede pasar, pero no el ser humano, es una interrogante que tengo. Qué va a pasar con toda la gente que está saliendo de aquí.

Muy pocos llegan para quedarse, pero quien quiera puede pasar el día, comer, repetir comida, bañarse, lavar su ropa, aliviar sus pies, cambiar sus zapatos y seguir el camino de una migración que no tiene antecedentes en la historia del continente.

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Fuente

RCN Radio

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