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Detrás de la explotación y tráfico de esta inusual mezcla de componentes están el ELN y disidentes de las desaparecidas Farc.

Coltán
Cortesía Unimedios Universidad Nacional

La guerrilla del ELN y los grupos disidentes de las Farc se han afincado en la frontera oriental de Colombia para traficar el material conocido como coltán, apetecido por la industria de la tecnología.

En los últimos dos años y medio la Policía ha incautado más de 1.700 kilos de coltán en varios departamentos del país, según el coronel William Castaño Ramos, comandante de la Unidad Nacional contra la Minería Ilícita.

“La Policía Nacional, desde el año 2018 y en lo corrido del año 2020, ha realizado once actividades operacionales en contra de la extracción ilícita de este mineral, siete casos en el departamento del Vichada, tres en el Guainía, uno en el Meta, logrando la incautación de mil 798 kilogramos. El 70% de los casos se logró en controles aeroportuarios y el 30% en vías nacionales”, advirtió el oficial.

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Pero la historia del coltán venezolano en Colombia es un problema poco visible pero que cumple una década.

Se estaban llevando el coltán a Colombia: Hugo Chávez

La historia del coltán en Latinoamérica comenzó oficialmente el 5 de noviembre de 2009, cuando el entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunciaba la militarización de fronteras.

Se vivió uno de los momentos más tensos en las relaciones binacionales por cuenta de que Colombia permitiría la aprobación de bases militares estadounidenses en el territorio nacional. 

Pero la militarizaron en esa oportunidad incluyó la zona fronteriza de la Orinoquía, porque además de el asunto de las bases militares, Chávez quería proteger un hallazgo que podría cambiar la historia económica de su país: Venezuela había encontrado el material poco conocido en la minería tradicional y de alto valor para la industria tecnológica. 

A principios de 2010, el entonces presidente de Venezuela anunciaría que “hemos descubierto en 2009 los primeros vestigios de lo que podría ser una gigantesca reserva de mineral estratégico llamado coltán; les confieso que yo no tenía ni idea de la existencia de esa piedra”.

También advirtió que “se estaban llevando el coltán a Colombia” y que por eso iba a distribuir destacamentos militares permanentes a lo largo de la frontera natural del río Orinoco.

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Fiebre del "oro azul"

Pocos meses después de los anuncios de exploración en Venezuela, el entonces ministro de Minas colombiano, Hernán Martínez Torres, anunció las propias en Colombia.

Esa noticia, sumada a múltiples incautaciones cuyo origen no era claro en ese momento de hasta 17 toneladas de minerales similares y muchas especulaciones, generaron la llamada “fiebre del oro azul”.

La posibilidad de un nuevo mineral estratégico legó tan rápido como pudo a los remotos departamentos del oriente del país, incluyendo el poblado indígena puinave de Chorrobocón, en Vaupés, donde vive Luis Camelo Moyano.

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[AUDIO] Coltán, el material apetecido en el mundo que financia guerrillas en Colombia

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“Bueno, pues cuando supieron de esas piedras había unos colonos que llegaron allá y nos dijeron que esas piedras eran valiosas, consiguieron el comprador y trabajaron allá cuatro o cinco años”, recordó Luis.

¿Por qué es tan importante?

Su nombre genérico es coltán. Proviene de dos minerales que se hallan juntos en la naturaleza: Columbita y Tantalita, que a su vez contienen los elementos químicos niobio y tantalio. Son elementos con propiedades inusuales y apetecidos por la industria tecnológica, como lo explica el antropólogo Fernando López Vega.

“Y es que para que usted tenga aparatos electrónicos, tecnologías digitales que sean livianas, que sean livianas usted necesita tantalio, si no existiera el tantalio lo que usted tiene en sus manos o su computador, pesaría veinte veces más, por eso algunos países lo han catalogado como un mineral crítico", dijo López.

Las cualidades particulares de la tantalita están en su capacidad de superconducción, su maleabilidad y su resistencia a la corrosión.

“Su uso en la fabricación de los aparatos electrónicos con más alta tecnología, que hoy día se encuentran en el mercado, telefonía móvil, informática, consolas de video juegos, iPods, microprocesadores, GPS, armamento, prótesis e implantes médicos y sistemas de alerta y monitoreo climático”, describe el portal World Energy Trade.

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Aunque el apelativo de “oro azul” queda un poco grande, si se compara su valor en el mercado. El precio del coltán es 50 veces menor que el del oro, si bien su valor estratégico es alto y existen yacimientos conocidos en menos de diez países. 

El ethical hacker, Juan Rivera, entró a la internet profunda para averiguar por cuánto se negocia este material en el mercado ilegal.

“Está en un promedio de 320 dólares el kilo, ese es el precio pidiendo inferior pidiendo como mínimo 300 kilos; el precio normal, la cantidad mínima que vende la gran mayoría es de 50 kilos y el precio estándar es 360 dólares”, dijo el especialista. quien aseguró que para acceder a las compras hay que ser invitado.

En efecto el negocio es muy lucrativo, pero para los intermediarios, porque a un minero se le pagan 9 mil pesos por kilo, por eso los anuncios también trajeron temores por la posibilidad de atraer mafias, grupos criminales e insurgencia financiandose con el “oro azul”, como ocurrió en la República Democrática del Congo.

Congo, coltán y PlayStation 

A principios de siglo la República Democrática del Congo vivió una bonanza por la multiplicación del valor del coltán en el mercado.

Y es que un gigante de la tecnología, Sony, desarrollaba la consola PlayStation 2 y requirió grandes cantidades de tantalio para su producción masiva.

"El grupo armado Rassemblement Congolais pour la Démocratie, respaldado por Ruanda, ocupó el oriente congolés y realizó en 2001 transacciones de tantalita directamente con Citibank y Sony, quienes urgían cubrir la demanda navideña del PlayStation 2 (IPIS 2002; Mantz 2008). En consecuencia, en África Central se generó en paralelo una gran especulación en torno el precio del coltán, multiplicando por diez el valor de la transacción local", indica el libro Falsa bonanza, reestructuración territorial y movilización interétnica en el río Inírida, Guainía, Colombia, del antropólogo colombiano Fernando López Vega.

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Esa burbuja especulativa provocaría la lucha de grupos armados en el país africano por mantener territorios de coltán en su dominio y a la postre provocaría la muerte de 3,8 millones de personas en la llamada guerra mundial africana, gran guerra de África o la guerra del Coltán.

Minería indígena ilegalizada

Nueve años después se hablaba del coltán en Colombia y las cifras sobre su potencial se magnificaron. Una empresa minera canadiense que intentaba llegar a Guainía, citando como fuente al Servicio Geológico Nacional, aseguraba que Colombia tenía reservas por mil millones de toneladas.

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Pero poco de eso se vería realmente: Luis Camelo Moyano,de la comunidad de  Chorrobocón recordó que el descubrimiento no les trajo riqueza, sino aventureros, violencia y estigmatización.

Aunque el fenómeno finalmente nunca fue comparable con la tragedia africana, el líder indígena aseguró que hubo muertes y muchas personas cambiaron sus costumbres ancestrales por la occidentalización.

“Los que estaban cerca de este sitio de trabajo se fueron de su comunidad para irse a Inírida, también por allá hubo matanza de otra gente por allá”, dijo.

Recordó además que “cuando terminó el trabajo la gente ya no tenía ni su conuco, perdieron la cultura, mejor dicho y se fueron a Inírida a mendigar allá”.

Zezé Amaya es geólogo y oriundo del Guainía. Mientras estudiaba los posibles depósitos de coltán podía ver cómo las comunidades cambiaban radicalmente.

"Había un impacto social muy grande, porque es esa conmoción que genera una gran expectativa económica, al rededor de un recurso, pero finalmente solo hay un escenario de ilegalidad, de incertidumbre y de vacío jurídico", recordó. 

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Fernando López Vega, el antropólogo de la Universidad Nacional que escribió el libro que citamos anteriormente, se dedicó durante más de cinco años a observar las cicatrices que dejaba la fiebre del oro azul en los pueblos de Guainía.

Explicó que las comunidades indígenas se sustentaban con minería artesanal de oro, en asocio con colonos, pero las tensiones entre las intenciones económicas, por un lado, de extraer minerales a gran escala, y ambientalistas, para proteger una zona clave para la amazonía, dejó a esas comunidades en medio de la ilegalidad.

“Hubo un cambio en la legitimidad que tenía la minería de oro que hacían los indígenas en alianza con los colonos. Se trastocó y pasó de ser una minería, si se quiere, formal a informal y luego a ilegal y este apelativo tiene toda la carga del derecho encima”, advirtió.

Los efectos negativos pudieron ser peores, pero no fue así, en parte porque el sueño del coltán se fue desinflando. 

Una fantasía

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La la cifra del potencial de mil millones de toneladas resulta cuestionable. El geólogo Thomas Cramer, con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, reporta que el potencial mundial a 2019 era de 90 mil toneladas, lo que querría decir que Colombia tendría diez veces más tantalita que el resto del mundo, cifra que no sería exacta. 

“Otra cosa es lo que dice la gente que tiene interés de meterse allá basándose en el desconocimiento, inventaron eso. Dicen que el Servicio Geológico dio cifras de reservas de mil millones de toneladas, pero eso es pura fantasía”, dijo.

Y tiene razones de peso para no confiar en ese supuesto potencial. Él y su equipo son reconocidos como autoridades en los estudios en terreno para identificar el coltán.

Este docente de la Universidad Nacional enfatizó en la dificultad que entraña la identificación del coltán, por su parecido a una gran cantidad de minerales de menor valor y de hecho aseguró que mucho de lo que se ha sacado de los suelos de esas zonas del país y se identifica como coltán no lo es. 

Cramer, con estudios en terreno solo ha encontrado seis posibles yacimientos pequeños en Guainía, Vichada y Vaupés y aunque la posibilidad de encontrar más siempre está abierta, la realidad del coltán en Colombia hoy en día estaría limitada a esos hallazgos.

“En el caso de que haya depósitos y yacimientos económicamente explotables es importantísimo hacer proyectos de minería con las comunidades, y lógicamente eso va a requerir capital y va a demorar de todas maneras y tal vez tampoco es económicamente viable por las pequeñas cantidades que por el momento podemos afirmar que existen”, dijo.

A la falta de yacimientos se suma lo aislado de estos territorios que hacen difícil su transporte. Aunque se sabe que por los ríos del oriente del país sí circula coltán, aparentemente, como dijo Hugo Chávez hace más de diez años, mucho de ese coltán no sería colombiano.

Coltán sí, pero no colombiano

Bram Ebus es un criminólogo y periodista que ha realizado trabajos para el programa conservacionista Infoamazonía y confirma que grupos ilegales estarían teniendo réditos del coltán venezolano.

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“Sabemos que las Farc ya estaba operando en el estado Amazonas antes de su desmovilización y que actualmente hay algunos grupos disidentes que siguen a lo largo de la frontera venezolana, pero sobre todo el ELN quienes han estado presente en la zona fronteriza desde siempre”, dijo el investigador.

Incluso, existe información sobre rutas y empresas que funcionan en varias ciudades del país para legalizar el coltán venezolano y exportarlo, si bien las exportaciones de los componentes prácticamente se detuvieron desde 2019.

Parte del coltán lo estaban pasando por Puerto Carreño y luego lo traen por diferentes rutas para Villavicencio y Bogotá, lo legalizan y lo exportan. También hay información de que lo traen por el lado venezolano de la frontera y lo entran por Catatumbo”, dijo.

Hace apenas unos días el Ministro de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, habló ante el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales sobre la minería ilegal en Venezuela. 

“En Guainía, el ELN y el Grupo Armado Organizado Residual, Acacio Medina habrían entrado a Venezuela a fin de extraer oro y arenas negras para abastecer su economía criminal. Actividad muy importante y por la que se destacan las minas de Yapacana”, advirtió Trujillo.

Agregó que “en Puerto Carreño (Vichada), en organización con ‘los chatarreros’ hacen presencia dedicados al tráfico de minerales como oro, diamantes y arenas negras robados desde el Arco Minero del Orinoco venezolano, para ser transportado a Colombia, Panamá, Puerto Rico y España”.

Los Gaos no solo se estarían reagrupando en el estado Amazonas, según el Ministro, sino que además estarían financiando su expansión con ese tráfico, las rutas también incluyen Río Orinoco - Puerto Carreño - Bogotá.

Entre los traficantes se dice que el tantalio venezolano tiene mayor calidad que el colombiano, por lo cual resulta más rentable traerlo ilegalmente, legalizarlo y exportarlo. 

Este material que comenzó como un sueño para las comunidades marginadas del oriente, se convirtió en una pesadilla que aún deja secuelas en las comunidades, mientras grupos al  margen de la ley financiarían en parte sus actividades “legalizando”, el coltán proveniente del arco minero del orinoco venezolano. 

Fuente

RCN Radio

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