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Hallan sin vida a líder comunal en Cumaribo Vichada
Foto: Cortesía ELTIEMPO.COM

En el departamento del Vichada, una de las regiones más bellas y lejanas de Colombia, está ubicado el municipio más grande del país: Cumaribo, con casi 64 mil kilómetros cuadrados. Es mucho más extenso que decenas de países del mundo.

Pero en lugar de ser un privilegio, esa circunstancia es un problema. Una paradoja difícil de entender en pleno siglo XXI.

La historia reciente de Vichada y de Cumaribo, en particular, demuestra la existencia de los problemas comunes de gran parte del territorio colombiano: falta de infraestructura vial, precarios servicios de salud pero, en particular, su geografía selvática dificulta al acceso a los servicios de telefonía e internet, a la salud pronta y oportuna, a una buena educación.

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El alcalde de Cumaribo, Juan Carlos Cordero, recuerda que esta población tiene cerca de 44 mil habitantes, repartidos en 19 inspecciones y 46 resguardos indígenas.

“Los índices de desnutrición aquí son muy elevados, especialmente en las comunidades indígenas. También hemos encontrado que hay muchas personas que ni siquiera tienen una identificación, una cédula, y así es difícil hacer seguimiento a los problemas”, añade.

Hacer una vuelta o una diligencia en Cumaribo, y en general en el Vichada, es una labor titánica que puede durar varios días. De hecho, las inspecciones son tan lejanas que a veces los padres prefieren dejar a sus hijos en el Internado e ir a visitarlos cada ocho o quince días.

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En Güérima, un corregimiento de Cumaribo, está ubicado ese internado en el que hay cerca de 64 estudiantes, la mayoría niños, que tienen que lavar su propia ropa, hacer las labores y atender las clases en un solo alojamiento, al que consideran su propia casa y lugar de recreo.

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Ubicado en lo que en su momento el narcotraficante Carlos Ledher bautizara como “el triángulo negro” para el cultivo y transporte de droga, hoy Güérima, sitio clave de Cumaribo, mira las cosas, a pesar de todo, con optimismo.

Gracias a la ayuda del Estado, con la consejería para la Estabilización, el programa PNIS para la sustitución de cultivos ilícitos, y de organismos internacionales como la ONU, unos 250 campesinos han dado el paso de la siembra de hoja de coca a siembra de cacao. Y están firmes en ello.

Isidro Montiel, líder de la comunidad, explica a RCN Radio que gracias al convenio con Casa Luker, el cacao que producen es sacado en bultos por aviones de la Fuerza Aérea y traídos a los centros de acopio de esa empresa.

Pero si no fuera por la FAC no habría cómo sacar sus productos. Ese es el problema. Las carreteras son vías polvorientas en verano y unas verdaderas trochas en el invierno. No hay señal para la telefonía celular, salgo alguna excepción en determinado punto de la geografía, tampoco hay internet, y el servicio de energía es intermitente y en su mayoría por paneles solares.

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La historia de abandono de esta zona es de muchos años. Solo hasta ahora comienzan a darse luces de esperanza, pero falta muchísimo por hacer. Un reto enorme para sus gobernantes y para el Estado en general, para tratar de ponerse al día con la igualdad y el progreso.

Por Juan Manuel Ruiz.

Fuente

RCN Radio

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