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El Parque de la Victoria, lugar de orgullo entre los rusos.
En el Parque de la Victoria, en Moscú, se recuerda la participación y la victoria de Rusia en la II Guerra Mundial.
RCN Radio

Acá en Rusia hay un tema que es absolutamente sagrado,  independiente de cualquier ideología o partido: los rusos, o mejor, los soviéticos, ganaron la II Guerra Mundial, pusieron el mayor número de muertos, se entregaron con total valentía y llegaron hasta el búnker de Adolfo Hitler. Es más, hasta sus restos se llevaron.

Por eso no aceptan que en Occidente se diga que la guerra se ganó cuando Estados Unidos cesó su neutralidad y llegó al conflicto tras el ataque a Pearl Harbor, a comienzos de diciembre de 1941.

Es tanto el fervor y el amor de los rusos por ese episodio de su historia, que un inmenso lugar, descomunal, el Parque de la Victoria, rinde homenaje a los 27 millones de soldados soviéticos que "defendieron nuestra patria en los años de la Gran Guerra Patriótica de 1941-1945".

Es realmente un lugar conmovedor. Porque permanentemente está repleto de ciudadanos y militares que recuerdan la importancia de este capítulo como un ejemplo de la grandeza rusa.

A él se llega desembarcando en la estación Park Pobedy, una de las más hermosas del metro de Moscú y que, además, tiene una de las escaleras eléctricas más largas y profundas del mundo entero. Una vez que se entra al parque, se puede observar una inmensa avenida que atraviesa gran parte de la capital rusa a un lado de la cual se encuentra el famoso Arco del Triunfo de Moscú, que ha sido reubicado en tres oportunidades.

El Parque tiene en la mitad un inmenso obelisco y, detrás, el Museo de la Victoria. Allí encuentra uno la reconstrucción que los rusos hacen de lo que fue su participación en este conflicto tan sangriento y tan desastroso para el mundo entero. Los datos son significativos. Comenzando porque Hitler traicionó a Stalin, ya que supuestamente había un pacto entre los dos para no tocarse en desarrollo del conflicto que había desatado el líder nazi.

Si bien el conflicto comenzó luego de que el 1 de septiembre de 1939 Hitler invadió Polonia, lo que llevó a Francia e Inglaterra a declarar la guerra, no fue hasta 1941 que las tropas soviéticas se movilizaron en mayor número hacia el Frente Oriental para contrarrestar lo que era una verdadera hecatombe. Los nazis, el ejército alemán y sus aliados, ya habían cercado a Minsk y Kiev y habían llevado a casi 3 millones de prisioneros soviéticos a las cámaras de gas.

La razón de Hitler era práctica y sencilla: invadir a la Unión Soviética, el país más grande del mundo, con más de 22 millones de kilómetros cuadrados, les permitiría a los alemanes ganar su "espacio vital", del que tanto hablaba el orate nazi cuando mencionaba la grandeza de la raza aria.

Ese "espacio vital" llevaba a Alemania a extender sus fronteras y empujar a los soviéticos bien hacia oriente. Lo que fuera quedando en el camino era decomisado, incluida la población civil que pasaría a ser mano de obra esclava.

El Ejército Rojo era muy débil y pronto los nazis tuvieron contundentes victorias en ese Frente. Stalin, enloquecido con la derrota abrumadora, tomó decisiones "estalinistas", decapitó a parte de la cúpula militar, renovó las tropas y rearmó a sus hombres, en contra de lo que el propio Hitler habría podido creer.

El ejército alemán había ideado las operaciones Barbarroja y Tifón para arrasar la Unión Soviética y llegar a Moscú. Pero el líder soviético también estaba reaccionando y armando diferentes divisiones que le habrían de dar una capacidad de victoria realmente sorprendente, aprovechando el aliado natural que empezaba a emerger en su ayuda: el invierno, uno de los más crueles del siglo, con temperaturas que a veces llegaban a los 20 grados bajo cero.

Además, Stalin puso en marcha una guerra de guerrillas con partisanos a su servicio que se convirtieron en el infierno para los nazis, que quedaban atrapados en medio de la nieve, congelados, o eran simplemente asesinados en medio del bosque. Hasta perros entrenados, cargados de explosivos, fueron utilizados en la crueldad de la guerra.

Entre agosto de 1942 y enero de 1943 se llevó a cabo la batalla más sangrienta de la historia: el sitio de Stalingrado (hoy Volgogrado, ciudad sede de varios partidos de este Mundial). Los alemanes cerraron la ciudad pero también quedaron atrapados en ella, sin comida, sin combustible, sin medicinas, con la nieve hasta el cuello. En esa situación, los francotiradores soviéticos hicieron de las suyas y dieron muerte a muchos de sus enemigos. Fue la primera gran derrota de la Alemania nazi.

Después vendría el sitio de Berlín, que permitió a soviéticos, americanos, franceses y británicos llegar hasta la madriguera de Hitler, empujándolo dentro de su búnker hasta obligarlo a pegarse un tiro para acabar la barbarie. Los del Ejército Rojo lo encontraron a comienzos de mayo de 1945, carbonizado, y extrajeron sus dientes y los entregaron, dicen, directamente a Stalin.

Cuando Berlín cayó, la bandera de la URSS fue izada bien alto. Después vendría la capitulación alemana, y faltaría todavía el bombardeo de Estados Unidos a Hiroshima y Nagazaki con la bomba atómica para que acabara la guerra.

Estos episodios, con más o menos énfasis en la heroicidad soviética, se pueden revivir en este museo extraordinario que vale la pena visitar en Moscú. No en vano, muy a menudo en la Plaza de la Victoria se realizan ceremonias militares que recuerdan esos tiempos que bien vale la pena no olvidar jamás.

Finalmente, la mención a este museo es aún más pertinente si se tiene en cuenta que la Rusia de hoy, la de Putin y su mundial, sigue siendo un país muy militar, si se quiere, o muy patriota. Acá se ven militares y policías por todas partes, y en muchos sitios se encuentran recuerdos o nostalgias de la era soviética y sus éxitos bélicos.

Es más, podría decirse que los militares acá sí son respetados y hasta queridos por su pueblo. Se les nota el  orgullo cuando caminan y son muy disciplinados, a juzgar lo que se alcanza a ver en las calles. Al viajero no debe extrañarle entonces lo que se encuentra en este Mundial, donde la seguridad y la militarización del país han funcionado casi a la perfección.

Por Juan Manuel Ruiz, enviado especial a Rusia.

Fuente

RCN Radio

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