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El Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi adelanta un proyecto junto con campesinos para devolver territorios a la selva.

Campesinos intentan renovar las selvas del Caquetá
Campesinos intentan renovar las selvas del Caquetá
Cortesía Sinchi

Toto es un muchacho de unos 25 años, camiseta de fútbol, manos gruesas de finquero. Nos recibe apartando con un pie y una mano un alambre de púas para poder pasar a una finca que no es suya, sino de un profesor a quien convenció de repoblar de plantas una selva que se volvió pastizal en la Vereda El Carmen, en el municipio de San José (Caquetá).

“El proceso ha sido demasiado largo, esto está destapado, sin arborizaciones y llegar a coger campesinos y decirles que hay que sembrar los árboles que ellos ya han tumbado, es difícil”, advierte. 

Hay personas como Toto y también instituciones que se empeñan en recuperar la selva, en coserla, como se haría una colcha de retazos. 

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Luego de caminar un rato por el potrero nos encontramos con una franja encerrada por alambres. Dentro de ella un terreno más verde, más creciente, con árboles jóvenes alineados. Hay que subir a la loma para notar que esa franja conecta dos pedazos de monte vivos en los bordes de varias fincas. 

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[AUDIO] Ellos son los tejedores de la selva

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Bernardo Betancurt, quien hace parte de un proyecto del Instituto Amazónico de Investigaciones Científicas Sinchi, puntualiza que “Detrás de mí lo que encontramos es una estrategia que llamamos corredores de conectividad o cercas de conectividad; se trata de poder tener unos corredores, unas franjas de ocho o diez metros de ancho”.

Pero aclara que no se trata de una intervención paisajística. Estos corredores tienen una función vital ya que “sobre esas franjas sembramos árboles nativos y lo que buscamos es volver a que haya flujos de fauna y flora cuando conectamos montañas, fuentes hídricas o rastrojos”.

Se trata de un proyecto de recuperación de bosques basado en entretejer de nuevo la maleza, en territorios que para muchos estarían perdidos. 

La historia de estas veredas caqueteñas es la de miles de familias como la de Nidia Peña, que hallaron una forma de subsistencia criando ganado, así se desarrolló el departamento, pero llevándose la selva por delante. 

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“Cuando nosotros nos vinimos era montaña todo esto, todo monte por todo lado. En ese tiempo había harto animal de cacería, cazábamos venados borugas, gurres, de todo eso. Había, pero todo eso ya no se ve ni en película”, recuerda Nidia con su acento fuerte y alargado. 

La base social del proyecto es profunda, porque busca disminuir al máximo la ganadería extensiva para darle camino a fincas más naturales; don Rigo también hace parte del proyecto.

“La idea es que el Sinchi nos ha enseñado que podemos hacer producción silvopastoril y también a tener manga (terreno) pequeña y tener allí más cantidad de ganado y así dejar de deforestar tanto el monte”, puntualiza el pequeño ganadero.

El Sinchi realizó un trabajo previo investigando con ingenieros forestales, cuáles son las especies que deben sembrarse, para que sirvan de corredor de las especies y para tratar de contener la intensidad de la deforestación, que se extiende en niveles crecientes en el Caquetá. 

Además de tejer la selva con franjas de monte también rodean los nacimientos, dan oportunidades productivas con plantas maderables rellenan los espacios vacíos de la selva y, a veces, en fincas como la de Toto que es ya un pequeño bosque con cacaos a la sombra, se hace el milagro y vuelven animales que él, a sus 25 años, nunca había visto.

“Han llegado especies de micos. Llegan micos a comerse el plátano, eso pasó por recuperar estos suelos”, dice Toto entusiasmado. Y añade: “Eso fue una emoción muy buena no se veían micos por acá nunca, tocaba ir a la montaña, mucho más lejos, para poder ver un mico y venir aquí y encontrar la manada comiéndose un plátano, eso fue muy gratificante”.

Para los especialistas, la única posibilidad que tiene esta selva es masificar proyectos de investigación como el del Sinchi. La línea base actual es insuficiente para convertir todos los potreros en bosques productivos.

El problema sigue siendo que hay una carrera contra el tiempo que pierde la selva amazónica contra la deforestación. Hay un punto de no retorno al que se llegará más pronto que tarde si no se comienza a confeccionar una nueva selva.

Fuente

RCN Radio

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