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Don José Roa patentó un dispositivo que ahorra la mitad del agua de la lavadora.

José Manuel Roa, el maestro de obras que patentó una válvula de ahorro de agua
José Manuel Roa, el maestro de obras que patentó una válvula de ahorro de agua.
Tecnoparque - Sena

Cuando a usted le hablan de un inventor es casi seguro que se imagine a una mujer o un hombre a quien le dicen doctora o doctor, con pelo blanco despelucado, bata blanca, gafas delgadas, mirada perdida, un tubo de ensayo en la mano y un tablero lleno de garabatos inentendibles detrás de él.

Pues conocimos a uno distinto a esa imagen de Hollywood. A José Manuel Roa no le dicen doctor sino Don José; el pelo se le pone blanco solo cuando le cae pintura, no tiene bata sino overol y en lugar del tubo de ensayo habitualmente carga un palustre.

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Don José vive en el sur de Bogotá, ha vivido unos 55 años y desde muy joven es maestro de obras, tiene fama de ser un muy bueno en eso, pero ahora está ganando más fama como inventor. 

Su creación es sencilla y útil: el hombre se ingenió la forma de reutilizar y por lo tanto ahorrar más de la mitad del agua que usan las lavadoras.

“A mí me daba mucha tristeza que se gastara tanta agua, por eso inventé la válvula”, asegura el inventor, quien ya patentó con éxito su creación garantizando de esa forma que es un dispositivo único.

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[AUDIO] José Manuel Roa, el maestro de obras que patentó una válvula de ahorro de agua.

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Aunque es claro que en los escenarios académicos y artísticos es más fácil tener ambientes creativos, para José no se necesitó más que ver una realidad, usar sus conocimientos y diseñar una solución. Inventó una válvula que desvía el agua del enjuague para que se pueda reutilizar, ya sea en posteriores lavadas o en tareas tan diversas como la carga de los inodoros.

“Tiene partes mecánicas y partes electrónicas. La parte electrónica está programada para que obedezca a una señal que la misma lavadora le va a avisar. Entonces ella hace un conteo de tiempo, deja que la primera agua se vaya al desagüe y queda lista para recibir las otras aguas y ponerlas en un depósito”, describió.

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Don José asegura que nadie de su familia se imaginaba que el hombre podría ser tan creativo, pero hoy por hoy lo apoyan.

La misma familia a veces le ponen piedras en la rueda a uno, lo califican de loco y a veces le dan la espalda por estar en su laboratorio trabajando e investigando”, recuerda. Aunque admite que “ya ahorita mi familia, mis hijos y todo el mundo me apoya porque ya vieron los resultados, ya ahora sí quieren ser mis amigos”. 

José lo imaginó todo, pero para hacerlo realidad necesitaba de conocimientos específicos sobre los materiales, la forma ideal, la electrónica, etcétera. En ese proceso lo ayudó una dependencia del Sena.

César Coronel es gestor de Tecnoparque: “La gente de mecánica se enfocó a diseñar la válvula; hay un diseñador industrial que dio su opinión de cómo sería el mejor producto y la gente de electrónica tomó la parte de la lavadora como tal y entre todo el grupo interdisciplinario se generó la válvula”.

Y como casi todo invento, se patenta. En eso también le ayudaron.

“Hay un consultorio tecnológico en el cual le colaboramos a los ‘talentos’, que es como llamamos a los emprendedores que van a buscarnos, para que realicen su patente: todo el tema de asesoría legal y del diseño de la patente se lleva a buen término en el Tecnoparque”, puntualiza.

Es que para ser inventor no se necesita un doctorado, ni un laboratorio financiado. Eso de la inventiva tampoco tiene edad ni es exclusivo de personas con formación científica, la materia prima, dicen los que saben, es inquietud y capacidad de trabajo y eso a las personas como don José les sobra.

Fuente

RCN Radio

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