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La economía en Rusia ha dado un giro radical en las últimas décadas.
Grandes centros comerciales, desarrollo del sistema financieros y rascacielos y edificios ultra-modernos, reflejan el cambio de la economía rusa.
RCN Radio

El ruso del común es reservado y poco comunicativo. La barrera del idioma es una de las causas, ya que el porcentaje de ciudadanos de este país que hablan inglés es muy bajo. Lo hemos comprobado en las calles. Acercarse a ellos, preguntarles una dirección, o la hora, o una estación de metro, es muy difícil. De vez en cuando se logra.

Sin embargo, cuando uno tiene suerte y establece comunicación con ellos, puede iniciar una charla. Así cuentan, por ejemplo, que la economía no está mal pero podría estar mejor.

Hoy en día, por un dólar se pagan en promedio sesenta rublos. El salario mínimo en Rusia es de noventa euros, unos 315 mil pesos. Sin embargo, el salario promedio en este país es de unos 490 euros, algo así como un millón 715 mil pesos.

En Moscú se dobla y puede llegar a los 3 millones 500 mil pesos. Un almuerzo corriente en un centro comercial puede estar entre los 8 y los 10 dólares. Una cerveza local puede costar 70 rublos, poco más de un dólar.

Desde que la Revolución rusa triunfó en 1917 hasta el fin ya formal de la URSS en 1992, la economía era regida por los principios del control estatal, basándose para ello en los postulados marxistas-leninistas.

Con la dictadura del proletariado, como se le llamaba, se buscaba por ejemplo la unificación salarial sobre la base de la búsqueda de la igualdad. "Un obrero o un científico podían llegar a ganar relativamente lo mismo", me cuenta un ciudadano ruso.

El Estado lo subsidiaba todo y lo controlaba todo, pero proveía todo. Educación gratuita, salud gratuita. El suministro de alimentos era regulado por el régimen, que también se encargaba de  la seguridad social, los medios de comunicación, de la política a partir del partido único, el famoso PCUS.

Con Stalin en el poder, especialmente, el esquema se fue reventando. Décadas después llegaría Mijail Gorbachov a hablar de transparencia y apertura, y el país, que no estaba listo para cambios tan abruptos, se vino al piso.

Con Boris Yeltsin y ahora con Vladimir Putin lo que se ha desencadenado es una apertura económica hacia el capitalismo que resulta absolutamente evidente. De los supermercados controlados por el Estado a través de la famosa libreta de racionamiento, que tuvo expresiones similares en toda la esfera comunista, se pasó a una explosión inusitada de centros comerciales que hoy deslumbran en toda Rusia, especialmente en Moscú.

En esta ciudad puede haber más de cien centros comerciales de gran tamaño, algunos de ellos exclusivos para multimillonarios. Lujosos, con las marcas más caras y únicas, construidos en mármol, como para aquellos oligarcas  de los que se burlaba el cantante británico Robbie Williams en su canción "Party like a Russian".

También, Moscú empezó a desarrollar un centro financiero internacional que ha permitido ver el surgimiento de rascacielos, edificios ultra-modernos, muy llamativos, que se erigen como la muestra de la búsqueda de un esplendor que antes no habían vivido la ciudad ni el país en general, que saltó de tres siglos de reinado de los zares a setenta años del bolchevismo sin escalas intermedias.

La década de los noventa, solo por citar un caso, vio surgir a oligarcas que pronto lograron renombre internacional por sus inmensas, astronómicas fortunas. Entre ellos, Román Abramovich, el hombre que en el 2003 compró el Chelsea, club de fútbol inglés, por una cifra cercana a los 140 millones de libras esterlinas. Su fortuna, que suele fluctuar, como todas, ha superado varias veces los 12 mil 100 millones de dólares.

También en esa década emergió Mijal Prójorov, magnate del aluminio y los medios de comunicación, que es dueño del New Jersey Nets, de la NBA, y quien fue candidato a la presidencia de Rusia en las elecciones de 2012. Su fortuna ha superado los 13 mil 800 millones de dólares.

Y hoy por hoy hay por lo menos 200 multimillonarios rusos -algo impensado en la era soviética- encabezados por Leonid Mijelson, a quien se le calcula una fortuna cercana a los 18 mil 400 millones de dólares. Su dinero proviene especialmente de la extracción de gas a través de su empresa Novatek y del holding petroquímico Sibur.

Alexei Mordashov, empresario del acero, tiene cerca de 17 mil 500 millones de dólares, según la revista Forbes, y Vladimir Lisin, también de esa misma industria, cerca de 16 mil 100 millones de dólares.

Y quien durante muchos años figurara como el máximo magnate ruso, Alisher Usmánov, sigue estando entre los más ricos con cerca de 15 mil 200 millones de dólares, provenientes de sus empresas mineras en Baikal, el operador de telefonía móvil MegaFon y el club de fútbol Arsenal, de Inglaterra.

¿Cómo se produjo este cambio? De la mano de Yetlsin y de Putin se dio la apertura de la economía y el desarrollo del capitalismo, que de todas maneras no tiene contentos a todos los rusos. Especialmente los más adultos, los que tienen más de 55 años y que en este país son cerca del 28 por ciento de la población, son los que se quejan de la lucha diaria en que se convirtió su vida, a despecho de lo que ocurría cuando reinaba el comunismo.

Los jóvenes, aquellos que están entre los 15 y los 24 años y que son casi el 8 por ciento de la población, no saben de qué se les habla cuando se les menciona la complejidad de estos procesos. Por eso llevan ropa de marca, escuchan hip-hop y música electrónica y son los más festivos, dicho sea de paso, en estos días del Mundial de Fútbol.

Se atreven a gritar desaforadamente por su Selección, mientras los demás, los otros, observan, fuman y comentan lo que está pasando, quizás tratando de entender ese mundo que está afuera y que se instaló ya en la cotidianidad de sus vidas.

 

Por Juan Manuel Ruiz, enviado especial a Rusia.

Fuente

RCN Radio

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