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Ventas en Necoclí
Haitianos llegan a comprar elementos vitales para sobrevivir en la selva del Darién.
Alejandra Herrera

De manera paralela al viacrucis que viven los migrantes haitianos, venezolanos, cubanos, africanos y senegaleses, en su mayoría, en Necoclí otras personas locales y foráneas hacen su negocio en medio del inclemente sol, la humedad, el polvo y la escasez de agua.

Es el caso de Carlos Arturo Medina, un paisa que llegó a Necoclí hace 10 años para equipar a los migrantes que se alistan para su odisea por el Darién.  

“Yo les vendo el veneno para serpientes, la creolina, las estufas de petróleo, ollas, botas, cables, lazos, linternas, los plásticos para que se protejan de la lluvia, tiendas de campaña en donde caben hasta seis personas y machetes, para que se abran paso por las trochas de la selva. A esa pobre gente le toca duro, nadie se imagina por lo que tienen que pasar en esa selva tan hostil”, señala Carlos Arturo. 

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En esta población antioqueña hay empresas de botes y comerciantes, que consideran esta situación como una oportunidad económica que es vital para su sustento y el de sus familias, aunque esto genere presiones fuertes en saneamiento básico debido a que la región recibe una demanda muy superior a lo que tiene en infraestructura instalada.  

A los puestos de ventas de elementos necesarios para ir a batallar en la selva, se acercan migrantes haitianos como Witsner Ettiene, quien lleva unos cuantos dólares que saca con recelo de su bolsillo para comprar lo que requiere, tanto para él como para sus otros cuatro acompañantes, dentro de los que se encuentra su hija menor de edad. 

Ventas Necoclí
Veneno para serpientes, botas, linternas y machetes para abrirse camino por el Darién.
Alejandra Herrera

Vengo de Chile. Allí viví varios años tras dejar Haití hace mucho tiempo; yo necesito por ahora una estufa con gas, ollas para hacer mi comida, botas, machete, y no más eso necesito”, dice Ettiene. 

También agrega que, aunque sus amigos le han dicho que el camino por la selva es peligroso porque puede morir de hambre o frío, ese es el camino que sí o sí debe recorrer para alcanzar su ‘sueño americano’. 

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Otro negocio bastante rentable es el de las lanchas, que pueden transportar al día (de forma lega) a unas 500 personas, las establecidas entre los gobiernos de Colombia y Panamá para tener "un flujo controlado", en una frontera donde hay de todo menos control y es que aquí los costos varían depende de la nacionalidad y de lo que le quieran cobrar.  

Ventas Necoclí
Las ventas están frente al puerto de Necoclí a donde llegan los migrantes para esperar las embarcaciones.
Alejandra Herrera

Y es que, mientras el negocio y la necesidad sigan en Necoclí, los migrantes tienen claro que el factor económico es indispensable para llegar a Capurganá o Acandí por 120 mil pesos.

Y, luego, emprender su viaje a la selva inclemente por el que tendrán que pagar entre 150 y 700 dólares, un precio tan alto tanto para sus bolsillos como para sus vidas, pues no saben si ese dinero valdrá la pena o, por el contrario, están pagando su muerte. 

Fuente

Sistema Integrado de Información

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