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La historia de un hombre al que las circunstancias del conflicto “graduaron” como médico.

Jorge Enrique Laverde - Guaviare
Jorge Enrique Laverde - Guaviare
RCN Radio

Julio Enrique Laverde es un gestor de salud que navega días enteros sobre los ríos Ariari, Guayabero y Guaviare llevando en su lancha, que cruje sobre el agua como si se fuera a destruir, decenas de vacunas para inmunizar poblaciones a donde no llega nada.

- ¿Qué tan difícil es su labor aquí?

- Pues, no es tan fácil pero nosotros estamos hechos para lo difícil.

Julio habla coloquialmente en cada frase. Cuenta que cuando comenzó su labor, hace 32 años, no sabía que había de ser la única persona parecida a un médico en las zonas más inhóspitas del Guaviare y del Meta.

Yo salí a andareguear por allá y cuando yo llegaba había una cantidad de gente esperándome. Entonces me demoraba hasta las 10:00 u 11:00 de la noche y hasta que no atendía al último, no me podía ir”, recuerda.

Y muy pronto tuvo que empezar a atender partos. Recuerda el primero y el último.

- ¿Cómo fue el primero

Me encontré a una señora por el Caño Cabra, arriba, por allá lejos. Cuando llegué al puesto de salud no había nadie y me tocó atenderla allá en el puesto de salud, sin saber dónde estaban las cosas, ni nada

- ¿Y el último?

- La muchacha llegó a la 1:00 de la mañana. Cuando me subí a la canoa pegó el chillido, entonces yo le toqué y la niña ya tenía la cabeza por fuera.

- ¿Usted qué le dijo?

- Le dije “mamita, acá lo único que toca es hacer fuerza”, y ahí tuvo la bebé

- En el río Guaviare.

- En el río Guaviare, dentro de la canoa a la 1:30 de la mañana y lloviendo, eso es una odisea pero me fue bien.

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[AUDIO] La historia del señor Laverde

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Julio, quien llegó de Boyacá a buscar fortuna, cuenta que hoy hay menos gente que hace algunos años, porque la coca era el principal producto de la zona y al perder fuerza la gente comenzó a migrar a zonas más pobladas.

Pero si la falta de salud en zonas metidas en la manigua lo forzaron a convertirse en un médico sin título, el conflicto lo especializó.

“La guerrilla sabe que si a mí me llega un soldado, para mí es una persona y los soldados también tienen que meterse en el cuento también”, enfatiza.

Julio Enrique no podría realizar intervenciones, sacar balas, curar amputaciones, pero le tocó. Porque nunca había nadie más cerca para curar.

El conflicto en la mitad de la selva no concibe puntos neutrales. Allá si usted le da un vaso de agua al miembro de un bando se convierte en enemigo del otro. Su carácter hizo que Julio se convirtiera en la excepción a esa regla.

Advierte que “Las armas que nosotros necesitamos para defendernos las tenemos encima. A mí nadie me va a meter el cuento de que porque se ‘tercea’ un ‘jijuemadre’ fusil es el dios… No señor, yo lo siento pero está perdido.

Su visión sobre ese asunto es tan sencilla como radical: “Porque yo empeloto cinco guerrilleros y cinco soldados y miremos a ver dónde está la diferencia”.

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Cuando le preguntamos si conocía el juramento hipocrático nos miró con cara de no tener ni idea de lo que le preguntábamos. Sin embargo, aplica al pie de la letra esa parte que dice: “Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones”.

Esa es su realidad, pero hay algo más: a Julio, como gestor de salud, le paga el hospital de la zona y bueno, le pagan es una frase optimista, porque a veces sí, a veces no. La cosa es tan inconstante que no sabe cuánto gana.

Ha tenido que comprar el gas para mantener funcionando la nevera y que no se le dañen las vacunas, repara su lancha con dinero propio, su esposa montó una tienda porque de la salud no se vive en la selva, aunque él se alimenta de otras cosas cuando lleva vida a la manigua.

Julio Enrique Laverde está salvando vidas desde marzo de 1987. Él dice que se “enguacó”, llevando salud a las personas más inhóspitas del departamento del Guaviare.

Fuente

RCN Radio

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