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Hasta infartos han sufrido algunos de los pobladores en la zona de emergencia

HIDROITUANGO
Proyecto Hidroituango.
Grupo EPM

A pesar de no estar en la zona más cercana a la represa Hidroituango, habitantes de municipios que están en la parte baja del rio Cauca, como Caucasia, Tarazá y Nechí  también enfrentan el drama de quienes su vida está en constante riesgo en la medida en que pasa el tiempo  y se mantiene la emergencia.

En el peor de los escenarios en medio de una emergencia por el colapso de la represa de Hidroituango, los cálculos de las autoridades señalan que en cuatro horas, el rio cubriría entre el 80 y el 90 por ciento del municipio de Caucasia.

Varios de los habitantes de la región narraron a RCN Radio cómo es el día a día de sus familias en medio de esta situación.

Así les cambió la vida en Caucasia

A seis horas por tierra desde Puerto Valdivia, se encuentra Caucasia, una población cuya economía depende de la minería, la pesca y la agricultura.

Yadis Domínguez, una de sus habitantes, dice que su vida y la de sus vecinos cambió desde que el río empezó a crecer pues fue testigo del drama vivido por una señora del corregimiento de Parranco de Palomar, que está a diez minutos del casco urbano, aguas abajo.

“A la señora la trasladaron los bomberos al hospital del municipio infartada porque su corazón está cediendo a raíz de tanta presión”, señala Yadis tras destacar que su propia salud también se ha deteriorado pues tan solo duerme unas horas “en el día porque en la noche se pasa en vela, pendiente de las redes sociales, pendiente de los bomberos, pendiente de todo el mundo”.

Aunque se ha intentado retomar la cotidianidad, con el regreso a clases y con las entidades públicas funcionando, la angustia es latente.

“Para los padres de familia es una zozobra constante saber que en cualquier momento puede pasar alguna cosa y que sus hijos no están seguros de pronto porque en caso de emergencia todo el mundo saldría corriendo para salvaguardar sus vida”, agrega Yadis.

La fuerza de las aguas se les llevó tranquilidad

Aunque la emergencia ha concentrado la atención en Briceño y Puerto Valdivia, habitantes de Caucasia, Tarazá, Cáceres y Nechí también enfrentan el drama de estar en la zona de afectación por una eventual creciente del rio Cauca.

Los habitantes de Caucasia coinciden al afirmar que la emergencia les cambio la vida a tal extremo, que pareciera como si las aguas del Cauca que hoy pasan por la región con mayor fuerza, se hubiesen llevado consigo su tranquilidad.

“Estamos aterrorizados, yo creo que no hay otra palabra para describir la situación que estamos enfrentando y lo que estamos sintiendo todos los habitantes aguas abajo de la presa”, agrega Yadis Domínguez.

Omar Cardozo, es el líder del Movimiento Ciudadano Aguas Abajo, creado hace dos semanas y desde el que se cuestiona a todas las autoridades relacionadas con la emergencia de la represa por falta de información.

Según Cardozo ha habido una falta de atención e información con los habitantes en riesgo pues “mientras exista esa presa arriba, todos los municipios aguas abajo viven en medio de la zozobra, con esa bomba de tiempo que construyó EPM y la avaló el gobierno nacional”.

En la medida en que pasa el tiempo la incertidumbre es mayor pues ni las autoridades locales han podido acceder a toda la información.

Carolina Villegas, funcionaria de la administración municipal de Caucasia, dice que En los puestos de mando unificado, solamente se evalúa el día a día, sin que se encuentren avances concretos.

“Lastimosamente ni el mismo Ejército, ni EPM tienen presencia de funcionarios con poder de decisión, que tengan información de primera mano”, indica la funcionaria.

Los habitantes permanecen pendientes de tener a la mano lo único que llevarían consigo si la emergencia llega a los niveles máximos y tuvieran que partir dejando todo atrás.

Se trata de “un kit de evacuación que consta de una o dos mudas de ropa, una linterna, un radio si lo tiene, un silbato y medicamentos”, explica Domínguez.

La economía de los municipios ubicados aguas abajo de la represa, también ha cambiado. Los alimentos, los servicios públicos y hasta los arrendamientos en los pocos barrios que no están en una zona de alto riesgo empiezan a encarecerse. Mientras esto ocurre la comunidad solo espera las respuestas que, aseguran, no llegan y el tiempo sigue pasando.

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