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Escondido en las montañas de Cundinamarca, se ha convertido en un gigantesco laboratorio de sostenibilidad ambiental.

Jóvenes de la Institución Departamental de Jerusalén, llegando en bicicleta al estudiar
Jóvenes de la Institución Departamental de Jerusalén, llegando en bicicleta al estudiar
CAR

Saliendo de Bogotá por la calle 13 hacia la vía a La Mesa, y desviando desde Tocaima, se encuentra un pueblo pequeño de unos 2.600 habitantes en el que llueve poco y calienta mucho. Ese es Jerusalén.

A primera vista se ve como un pueblo normal, pero poco a poco comienzan a aparecer numerosas y profundas diferencias con un pueblo ordinario. Solo hace falta llegar al colegio del pueblo, a un lado del parque principal. Se trata de la Institución Educativa Departamental Nacionalizado de Jerusalén

A la salida está Santiago Marín, quien pasa a grado séptimo, moviéndose desde su vereda al colegio en una de las bicicletas públicas disponibles para los estudiantes y que va volviendo inútil al viejo bus escalera, la ‘chiva’ que lo llevaba antes. 

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“Nos enseñan todo el tema de la movilización para no tener que viajar en carros o en otros transportes, sino que nos movamos en cicla para no dañar el ambiente”, dice el muchacho antes de irse a su casa.

Quien entra al colegio, se encuentra con 140 páneles solares. El ingeniero Edwin García, director del Laboratorio de Innovación Ambiental de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), explica que aprovechan la intensa radiación de la región para transformar la energía.

Puntualiza que “al colegio, a la escuela y a la alcaldía les estamos generando energía a partir de luz solar y se disminuye más o menos el consumo entre un 50 y un 60%”.

Lo interrumpe Santiago para decir que “los páneles son una fuente de energía para poder estudiar, tener los computadores, el Internet y todos los recursos que nosotros necesitamos”.

Jerusalén es un pueblo humilde con gente como Ana Mahecha, quien recibe a la gente en su restaurante para charlar. 

- ¿Cómo a cuántos grados centígrados estamos?

- Como a 42 yo creo… o más, yo no sé. 

Un dato: Jerusalén se llevó el año pasado el récord del lugar más caliente de Colombia. A las afueras de sus pocas calles en el casco urbano solo hay un banco, lo bueno es que es un banco de agua.

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“Pues como acá hace tanto calor y de pronto hay unos veranos muy largos y con ese banco de agua, cuando nos llegue a hacer falta, entonces tenemos de donde surtirnos nosotros mismos”, indica orgullosa Ana.

Las condiciones económicas y ambientales extremas de esta región la convirtieron en el lugar perfecto para una serie de experimentos ambientales a mediana escala por parte de la CAR, en asocio con universidades, organizaciones y empresas privadas. 

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Los pobladores de Jerusalén también aprovechan sus residuos masivamente. Se les han dado las herramientas para ello, como canecas especiales para la separación en la fuente e información básica.

Pero también saben que de la cultura depende el fracaso o el triunfo del reciclaje, la reutilización o la separación en la fuente, por eso han sembrado la semilla entre los más jóvenes.

Dicha estrategia ha disminuido a la mitad la cantidad de residuos que produce Jerusalén y que para ser dispuestos deben llevarlos muchos kilómetros, hacia el municipio de Nariño, en el mismo departamernto de Cundinamarca.

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Al lado de la planta de compostaje está la de tratamiento de aguas. A la entrada están las aguas servidas de la población, pero a la salida el líquido sale notablemente más claro, por medio de un sistema de tratamiento que usa un 95% de elementos naturales. 

Las zonas rurales tienen sus propias condiciones derivadas de los intensos veranos de estas tierras y también sus propias soluciones. Muchos pobladores han entrado en un proyecto con el que pueden guardar la escasa agua lluvia en tanques, con ayuda de canaletas y mallas, para los veranos más intensos: Lo llamaron 'Lluvia para la Vida'. 

Otros, como la señora Seneida, que necesitan purificar su agua y en lugar de cloro, la ubican en botellas plásticas en sus tejados. la radiación solar elimina gran parte de los organismos patógenos. 

También en la zona rural otros intentan armonizar la crianza de cerdos con su medio ambiente en medio de las montañas, convirtiendo el excremento de sus animales en combustible para su cocina por medio de biodigestores, relevando la energía que antes sacaban de la tala de bosques o de pipetas de gas propano.

Y hay muchos otros proyectos en curso, como por ejemplo un grupo de pequeñas hidroeléctricas que pueden generar más energía para los pobladores, con ayuda de la Universidad Nacional, luminarias de energía solar en los parques y canchas de barrio o la dotación de Wi Fi en todo el casco urbano.

Aunque Jerusalén fue erigido en 1879 muy pocas personas saben que existe pero si se revisa en motores de búsqueda como Google, ya está puesto en el mapa como el Municipio Ecosostenible de Colombia.

Fuente

RCN Radio

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