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En esta población nariñense sobran muertos pero, por fortuna, también sobra memoria.

Casa de la Memoria de Tumaco
Casa de la Memoria de Tumaco
RCN Radio

En medio de la calurosa zona comercial del centro de Tumaco, en Nariño, aparece una casa silenciosa creada el 19 de septiembre del 2013, en la que se exponen 700 fotografías con las caras de asesinados y desaparecidos en este puerto del Pacífico. 

Fueron los propios familiares de estos asesinados y desaparecidos los que llevaron las fotos de Francisco, Marisol, Luis Fernando, Wilson, John Flavio, José Luis, Rita, de Cecilia y de otros tantos.

Jose Luis Fonsilla es un ciudadano Español encargado de realizar el recorrido guiado por la Casa de la Memoria

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[AUDIO] La historia que guarda Tumaco en su Casa de la Memoria

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“Este es un espacio que nos ayuda a reconocer qué pasó, porque si no lo reconocemos no podemos ser capaces de ser conscientes del daño que se causó en esta región”, asegura.

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Jose Luis dice que quisiera que no llegaran más fotos, que parara el desfile de familias que dejan la foto de sus seres queridos, pero no dejan de llegar. En esa sala, la de las víctimas, las personas dejan mensajes.

Querida bella Cortés, sentimos la partida de sus hijos, valoramos su dolor, la partida de sus hijos y aunque no sean familia de nosotros nos duele mucho”, dice una sentida carta redactada por estudiantes de un colegio.

La Diósesis de Tumaco se comprometió desde 1993 a trabajar por la paz. Su representante era la hermana Yolanda Cerón, una monja de pelo corto y sin hábito que murió denunciando crímenes de paramilitares. Aún la recuerdan.

“Fue asesinada por paramilitares de las AUC, Bloque Libertadores del Sur el 19 de septiembre de 2001 por haber denunciado las violaciones de los derechos humanos, por haber defendido a la población y también por haber denunciado la complicidad de los paramilitares de las AUC con la fuerza pública”, recuerda José Luis.

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La casa se fue construyendo año tras año con símbolos para rescatar esa paz que parece sacarles el cuerpo, como la vez en que los jóvenes se unieron de la mano en todo Tumaco.

Pero la memoria de esta población no solo es violencia, en esa Casa también está la historia de los trapiches, de las parteras, de la música de los arrullos y de la familia extensa un concepto excepcional del pacífico.

La familia no son solo los lazos de sangre sino que es mi familia mi padrino de uñas o mi madrina de orejas, en la familia afro todo el mundo se ayuda, si no hubiera existido esta solidaridad le aseguro que el desplazamiento hubiera sido más grande”, advierte José Luis.

Dentro de la casa de la memoria hay una más pequeña, una casa vuelta al revés, que simboliza la normalización de lo que no debería ser normal: la muerte, el ultraje, el desplazamiento y otros lastres, pero también contiene esos esfuerzos de la población por salir adelante, esa esperanza que ha permitido que este puerto olvidado en el sur del país no haya colapsado por la violencia.

Fuente

RCN Radio

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