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Conocimos las historias de tres colombianos que buscan protección en España en medio de la incertidumbre por su futuro.

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Migración Colombia

Camilo, Lina y Ernesto tienen varias cosas en común: los tres son colombianos, los tres son líderes sociales y los tres empacaron su vida en una maleta y huyeron a España a buscar refugio.

Su historia podría ser similar a la de 29.000 colombianos que el año pasado salieron de Colombia buscando asilo en ese país.

Los nombres de las personas que dieron su testimonio nos pidieron proteger su identidad porque parte de sus familias siguen en Colombia.

Ernesto es del departamento del Cesar, pero su activismo lo llevó por todo el país. Se apasionó por los derechos humanos y llegó a Cali, al Distrito de Aguablanca, reclamando salud, educación, servicios públicos básicos y tocando la vida de gente que para la sociedad era caso perdido.

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“Yo tenía un grupo de jóvenes que se dedicaba específicamente al pandillismo, a trabajar en las ‘oficinas de cobro’ que precisamente son aquellas personas que por cierta cantidad de dinero son contratadas para matar a 'equis' o 'ye' persona”, recuerda.

Y por la labor de recuperar a esos jóvenes o tal vez por denunciar las carencias de su comunidad, el grupo denominado Los Rastrojos lo convirtió en su enemigo. Por varios años recibió amenazas pero aguantó hasta principios del año pasado.

“Me llega un panfleto a mi casa y me dieron 48 horas para que huyera si quería mi vida y la vida de mi familia”, advierte.

Decidió junto con su esposa tomar dos maletas y dejarlo todo con rumbo a Madrid en marzo de 2019. Lo deportaron pero lo ha vuelto a intentar y hoy está de nuevo en Madrid. Hoy afronta penurias en un albergue donde solo puede pasar la noche, acompañado de un sánduche partido en dos. 

Entonces al ingreso le dan el bocadillo que mencionaba como cena y en la mañana vuelven y repiten la misma dosis con las mismas características”, puntualiza.

Ernesto resalta la labor que cumplen en España organizaciones no gubernamentales que se encargan de acoger, con recursos muy limitados a esa avalancha de refugiados.

En la mañana busca refugios más informales, como estaciones de metro o bibliotecas, mientras que esperan que el tiempo pase y se abran puertas aunque las nuevas políticas migratorias parecen cerrarlas.

Camilo también nos contó su historia: salió de San José del Guaviare temiendo por su vida.  Ese Guaviare que en pleno posconflicto convive aún con las violencias, que se creían superadas luego de la firma de los acuerdos de paz en Cuba

“Se da uno cuenta que ciertos departamentos o regiones del país, son como otro país. O sea, ahí las realidades son diferentes y digamos, las personas de las capitales no están enteradas y los que viven por fuera, menos”, asegura.

En medio de todo se define como afortunado porque está soltero y tenía parte de su familia en Madrid. 

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Reivindica el trabajo que cumplen ONG como Aesco en el proceso de información al migrante, la cual viene advirtiendo de la bomba social que en Colombia sería causa de la migración  y que podría generar una crisis en España si no se toman correctivos urgentes. 

Camilo está en una España que tiene los niveles más altos de rechazo de asilo de toda la Unión Europea y eso se percibe entre los colombianos.

“Digamos que estamos mentalizados a que lo van a negar, y ya. Todos estamos haciendo lo que podemos para quedarnos, en el sentido de encontrar trabajo y dar razones al Gobierno, para que de alguna manera podamos apelar a otro tipo de resolución para podernos quedar, pero realmente no”, dice con pesimismo.

La nueva ley que restringirá aún más fuertemente las posibilidades de asilo no les da buenas señales. Quienes llegan con su familia y no tienen seres queridos que los esperen en España, como Lina, la pasan muy mal.

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[AUDIO] El drama de los migrantes colombianos

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La historia de violencia en la vida de Lina comenzó en 1989. A su lado se afincaron los paramilitares de la familia Castaño y desde ahí la violencia no la ha dejado descansar. 

“En Valencia, Córdoba (Colombia), yo allá estaba casada con un comerciante de allá de la zona y fue asesinado por Fidel Castaño, pues por los hombres de él. Estaban recién llegados a la Casa Castaño, que quedaba ahí a diez minutos de nosotros”, recuerda con certeza.

De Valencia a Urabá, de Urabá, a Medellín donde un atentado la dejó en estado de coma un tiempo, de nuevo a Urabá, Medellín, Bogotá.  

Como en los otros dos casos, el esquema de protección nunca llegó. En Medellín casi la asesinan en noviembre del año pasado. 

“Estoy viviendo en condiciones muy precarias en este momento porque llegué de huida, llegué con una maleta, con una de mis hijas, lo que nos cupo en esa maleta y una reserva en un hostal, porque yo obviamente no conozco a nadie ni tengo a nadie”, afirma.

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Finalmente se quedó en la casa de un desconocido contactado por una líder religiosa, mientras espera la lotería de acceder a una cita, compitiendo virtualmente con otros 60 mil aspirantes a asilo pendientes.

“Acá te dan una página web y tu tienes que entrar y pedir la cita por ahí. Todo eso está bien, pero como resulta que ahora España está desbordado, entonces la página está colapsada y no la abren sino 10 minutos cada día o dos veces a la semana. La suerte está en que usted entre a la página y esté abierta”, dice mientras se ríe de la mala suerte que ha tenido hasta ahora en sus intentos.

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Pero más allá, asegura que el problema para los colombianos en busca de refugio es que la imagen que tienen los gobiernos europeos en general y el español en particular está distorsionada, porque se cree que al estar en el posconflicto los grandes problemas de violencia en Colombia han desaparecido.

Dice que ahora el Estado colombiano estaría jugando un doble juego en Europa.

El Gobierno está jugando con una doble moral: por un lado allá volvió nada los acuerdos, no los cumplió, están matando a los líderes sociales, están matando a los reinsertados, nos tienen a todos arrinconados, pero por otro lado acá a Europa viene a mendigar la ayuda para el proceso de paz y a hacerle creer a los europeos que todo está bien, pero nada está bien”, advirtió.

Viviendo en la precariedad también ve a los que tienen menos suerte, los que duermen en el metro con su familia, recorriendo la ciudad de Madrid lado a lado. Así se describe el drama poco conocido de decenas de miles de personas intentando llegar a una madre patria, que parece no querer acogerlos.

Fuente

RCN Radio

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