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Las crónicas del Mundial de Rusia, más allá del fútbol. En esta primera entrega se plasma la tensión de las autoridades.

Mundial Rusia 2018.
El Mundial de Rusia inicia este jueves 14 de junio.
Foto: AFP

Europa está vigilante y en estado de alerta máxima. La llegada del Mundial de Rusia 2018 puso los nervios de punta a las autoridades de inmigración, que parecen muy tensas y confusas a la hora de controlar el flujo de turistas de todo el planeta. Para la muestra, no saben bien si decomisar o no una crema de dientes o si dejar pasar un bloqueador solar.

En Fráncfort, ese importante paso de tránsito alemán, la aglomeración comienza inmediatamente se abandona el avión. Allí esperan a los viajeros unos guardias uniformados y les preguntan su nacionalidad y su destino inmediato. Dependiendo de la respuesta, deciden si deben mandar a un salón especial a alguien que les resulte sospechoso.

Una vez se surte ese primer retén a la salida del avión, se procede al control de seguridad para quienes tienen conexiones a otras ciudades, en este caso Moscú. Antes de llegar a ese punto, hombres armados miran desconfiadamente, tratando de pasar inadvertidos. Allí vuelven las largas filas y empieza la confusión. Preguntan si hay cremas o líquidos en el equipaje de mano. Si la respuesta es positiva, piden sacar esos artículos y dejarlos a un lado.

Como todo en la vida, las cosas son o no son dependiendo del ojo con el que se mira. A un viajero que iba delante de mí le decomisaron la crema de dientes. Yo saqué la mía, pero a mí me la dejaron pasar. En cambio, la agente que me tocó en suertes examinó con cuidado el bloqueador solar de pequeño tamaño que le entregué y al cabo de un rato me lo devolvió.

Una vez dejamos sacos, monedas, llaves, procedí a quitarme el cinturón. Pero un guardia me advirtió severo que no me lo quitara. Obedecí dócilmente. Una vez pasé el arco detector de metales, otro guardia me revisó minuciosamente el cinturón y detectó un bulto en mi pantalón que lo puso nervioso. Cuando le mostré de qué se trataba, me dijo, resignado: "El dinero, siempre el dinero..."

Una vez hecha la conexión, en Moscú el trámite de inmigración fue sencillo, pero no así el de aduana. Las filas para presentar el pasaporte estaban bien organizadas. Cuando se entrega el documento, los agentes miran fijamente a los ojos y se esfuerzan por verificar la identidad del portador. Miran con lupa el pasaporte y al cabo de unos cinco minutos entregan la tarjeta de ingreso, que es absolutamente indispensable para moverse en Rusia.

Tras reclamar las maletas, en un ambiente repleto de policías, con su quepis y su uniforme azul, se procede al control de aduanas que, como siempre, es aleatorio. Muchos pasan sin problema.

En mi caso, el agente, alto, muy joven, de camisa blanca, me preguntó mi nacionalidad. "Soy colombiano", le dije. Enseguida, me señaló que debía pasar las maletas por el control de rayos X. Así lo hice. Luego me invitó a poner todo en una mesa. Allí me ordenó sacar todo lo que llevaba.

Él mismo ayudó a remover mis pertenencias. Luego me miró fijamente y me preguntó varias veces en ruso algo que obviamente no entendí. Luego ensayó su precario inglés: "¿Lleva coca?". La palabra coca la pronunció claritiquico, como diríamos en Bogotá, pues la dijo en español. Le abrí los ojos con una cara de sorpresa monumental. No sabía si estaba metido en problemas. Tantas cosas se ven en las películas...

Finalmente, el hombre se relajó y me ordenó que guardara todo. Me dio la espalda, quizás decepcionado porque mi respuesta a su franca pregunta había sido igual de precisa y concisa. No, no llevaba coca.

Ya afuera, para tomar el taxi, la presencia policial era igual de fuerte. En el hotel, lo mismo. Agentes custodian el hotel día y noche y para entrar hay que pasar un control de seguridad con equipos de rayos X. En la recepción, para hacer el registro, los dependientes piden el pasaporte y le sacan copia a todas las páginas que estén selladas, sin excepción.

En el fondo, es natural todo lo que ocurre con esta obsesión por la seguridad. Al fin y al cabo es un campeonato mundial que comienza en medio de una amenaza terrorista. Pero también creo que es una oportunidad que están aprovechando las autoridades rusas para exhibir sus propias estrategias, para mostrar que en materia de control y prevención tienen una larga experiencia que viene de los años soviéticos en donde el Estado lo sabía todo: lo conocía todo.

Por Juan Manuel Ruiz

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