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Museo Nacional de Colombia
Museo Nacional de Colombia.
Colprensa

Este 8 de julio se cumplen 113 días del confinamiento de la cultura contenida en los museos del país. Días de encierro para espacios que se habían convertido en parte del quehacer de los habitantes amantes del arte, la ciencia, la historia y, en general, de la cultura. 

El sector histórico del centro de Bogotá es una de las zonas que más concentra museos en la ciudad y también es uno de los lugares más solitarios de los últimos meses.

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“Lo que extraño es mi casa”: Gerente del Museo de Bogotá

El Museo de Bogotá está ubicado allí y desde el 17 de marzo permanece encerrada buena parte de la historia de la capital.

[VIDEO] Así se sienten los museos solos

Se trata de una casa republicana con seis balcones cerrados, detrás de los cuales sigue en cuarentena el lugar. 

Por eso, para su gerente Andrés Suárez, ”es una metáfora muy poderosa para un museo, porque lo que extraño es mi casa”.

“Extraño a quienes nos visitan, porque un museo sin personas no tiene sentido”, dice Andrés.

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Emilse Benavídez tiene la fortuna de trabajar en ese museo. Cada mañana llega a recorrer los pasillos solos, las salas llenas de cosas y vacías de gente, incluyendo su favorita: La Sala de Cine.

En las casas antiguas de La Candelaria siempre existe el temor de que la humedad y el frío hagan estragos en las piezas.

“El museo está cerrado pero está muy bien cuidado, se le hace el mantenimiento que se le venía haciendo siempre, todo se está conservando y estamos pendientes de que todo esté en orden”, aclaró Emilse.

Maloka abre sus puertas

El Gobierno Nacional estableció hace más de dos semanas el protocolo para la reapertura de estos sitios, pero, al menos en Bogotá, en la actualidad no hay ninguno abierto al público. 

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Maloka, el Centro Interactivo, será el primer lugar tipo museo de la ciudad que saldrá al ruedo, abriendo sus puertas, en circunstancias muy complejas, pues parte de su público principal, niños y colegios, no los visitarán.

La presidenta ejecutiva, Adriana Correa, anunció que “ya estamos listos para nuestros visitantes, vamos a abrir el próximo 11 de julio, vamos a abrir solo los fines de semana y por ahora solo nos vamos a dirigir a los adultos, cumpliendo el pico y cédula y todos los protocolos de movilidad y bioseguridad”.

Aseguró que “estoy enguayabadísima del ruido, tal vez, del ruido de los niños las niñas y los jóvenes cuando llegaban a Maloka.  Se extraña mucho todo lo que se hacía cuando estaba abierto al público, pero bueno, esperemos que pronto estos se solucione”. 

Un reto mayúsculo si se ponen en la balanza dos términos aparentemente opuestos. Distanciamiento social e interactividad.

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Carlos Chaparro, un orientador del lugar, ya quiere que se abran las puertas porque “Yo siento que es extraño. digamos que la ciencia de un museo ‘interactivo’, es que vengan las personas a interactuar, entonces cuando tú llegas y está todo: los experimentos, las exposiciones, el grupo de trabajo, pero no hay niños, no hay familias, hay una sensación como de vacío”. 

Cerraron sus puertas y abrieron ventanas

Los museos siguen cerrados y aunque muchos intentan nuevas formas de llegar a su público. Cerraron sus puertas físicas, pero abrieron ventanas virtuales.

El Museo Colonial Organiza por Instagram concurrencias virtuales de diez personas para una visita guiada a través de la mirada tranquila de La Divina Pastora, pintura de Miguel Samaniego o la mirada triple de Símbolo de la Trinidad, de Gregorio Vásquez. 

Hoy visitamos museos sin necesidad de ir, porque aunque la gente ya ande por ahí, esas casas de historias siguen confinadas, pero sus contenidos salen.

Los museos Nacional, Mambo, de Bogotá y el Centro de Memoria Paz y Reconciliación, entre otros, se decantaron por mantener difundiendo su labor en Internet. 

El equipo que cuida 25 mil obras de arte

También visitamos el imponente Museo Nacional. Su puerta cerrada nos recuerda que ese panóptico alguna vez fue una cárcel. 

Adentro hace frío y la voz genera eco. El silencio de los pasillos sólo se interrumpe por el paso de Catalina Plazas y su equipo, encargados todos de mantener en perfecto estado las piezas de arte.

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“La ausencia de personas en el museo sí me da mucho guayabo, se requiere tener siempre interacción con los objetos”, dijo.

Por eso, “el equipo de conservación se encarga de revisar las condiciones medioambientales, de revisar que los factores como el polvo, la humedad relativa, las plagas no vayan a tener efectos en las piezas, también nos encargamos de los embalajes”.

Se queda uno con las miradas de los cuadros porque parece que nos siguen aunque por estos días no sigan a nadie, con excepción de los vigilantes que recorren las antiguas celdas, viendo hacia adentro, hacia las piezas aisladas. Allí encontramos a Jeferson Sierra.

“La verdad es que nosotros estábamos acostumbrados a un estilo de trabajo que es tratar con personal y en estos casos de soledad se siente un cambio muy radical”, dijo el recorredor.

El dato: Bogotá vale 680 billones de pesos.

El arte solo

Otro ejemplo de la cultura aislada. Detrás de las puertas de la Casa de la Moneda está el Hombre Sentado con Pipa, esperando hace meses a que alguien se sorprenda de poder ver un picasso sin pagar un peso.

También está el Payaso Volador de Chagall, detenido en el tiempo, como nos detuvimos todos.

María Wills, directora de la Unidad de Artes del Banco de la República, entidad que tiene a su cargo varios de los más emblemáticos museos y centros culturales del país, dijo que “Me hace muchísima falta estar en contacto con el arte y compartir el arte con otros”.

¿Y si vuelven, cómo sobreviven? Los niños y sus colegios, los millones de turistas, todos ellos siguen en aislamiento los primeros en sus casas, los segundos haciendo lo que hace la gente cuando no es turista. La incertidumbre gobierna los espacios cerrados.

En el Museo del Oro, las piezas hechas hace dos milenios por indígenas volvieron a dormir en la oscuridad de las vitrinas.

Pero las puertas se abrirán porque no importa cuanto tiempo pase, siempre extrañamos eso que nos maravilla aunque repitamos la visita.

Volveremos a quedarnos allí, observando detenidamente, sintiendo escalofríos por los nuevos detalles descubiertos, caminando por sus pasillos, hasta que duelan las piernas y se haga de noche.

Fuente

RCN Radio

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