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Estación de Salvamento de Ubaté
Estación de Salvamento de Ubaté
Agencia Nacional de MInería

En el país han ocurrido este año 117 accidentes mineros y la mayoría de las víctimas resultaron muertas. Hasta el momento se registran 138 mineros fallecidos y 54 heridos. 

Conocimos a jóvenes mineros del país que llevan en su memoria la muerte de sus amigos en medio de un accidente. Algunos de ellos deciden convertirse en salvadores en la Estación de Seguridad y Salvamento Minero de Ubaté. Estuvimos acompañando a mineros que quieren salvar vidas bajo la tierra.

En Colombia hay 5 centros de entrenamiento para rescatistas mineros, uno de ellos está ubicado en Ubaté, Cundinamarca, en el corazón de la zona carbonífera del centro del país. Allá nos recibe un veterano del oficio, Luis Ángel Garnica.

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“La idea es que el día de hoy usted va a tener la vivencia de ser socorredor por un día, va a tener la experiencia de participar en una capacitación y de actuar en una acción de salvamento minero”, dijo el ingeniero que tiene 30 años de experiencia.

Les gusta que les llamen “socorredores”, porque “es una diferenciación semántica, digamos y se trata de diferenciar a un socorrista, que puede ser Cruz Roja o Defensa Civil y el socorredor que nos identifica con un minero”.

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(AUDIO) Así se capacitan los "aprendices de héroe".

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La mayor parte de las emergencias en los socavones de carbón de la zona ocurren por la explosión de gas metano, pero hay numerosos riesgos que se encarga de enseñar Maria Carolina Galindo. Ella también hace parte del equipo de rescatistas y se conmueve con cada vida salvada.

Recuerda orgullosa que “hemos tenido aquí en Cundinamarca dos emergencias en las que hemos sacado personas con vida”

Carolina trabaja todos los días, comprometida, desmontando estereotipos equivocados sobre las capacidades de las mujeres para ese trabajo.

“¿Sabes qué es lo importante?”, pregunta y ella misma responde “es tener el sentido de pertenencia de lo que uno hace y ganar la confianza de las personas que uno tiene a su cargo”.

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Luis Garnica explica que estos héroes usan máscara, la que les permite respirar en medio de atmósferas viciadas y “cuando el socorredor hace esta operación es cuando ya recibe los aplausos, porque cuando se quita la máscara es que ya terminó la actividad. Eso es increíble, lo máximo, las familias, aplauden, porque generalmente llegan al lugar la mamá, el papá, los amigos”.

En la Estación de Salvamento de Ubaté entramos a un edificio de varios pisos de alto, un lugar casi totalmente oscuro, con una estructura de soporte en madera, simulando de forma idéntica la entrada a una mina real.

Ángel Garnica explica los extensos recorridos que deben hacer estos hombres y mujeres topo para realizar su labor: “Nosotros tenemos aquí minas que tienen inclinados de 1 kilómetro y niveles que pueden sobrepasar 1,5 o 2 kilómetros, es decir que podemos estar haciendo recorridos de hasta 3 kilómetros en una mina”.

Peter Sanabria fue escogido como nuestro guía en ese simulacro de ingreso a un accidente minero. Allí experimentamos el encierro, la fatiga y el miedo, mientras nos dice que la minería es una cuestión de familia porque “mis papás han trabajado en minería, yo conozco de minería desde prácticamente los 8 años y pues esto es una pasión. Ir a rescatar es una cosa única”.

Atravesamos pasadizos de 60 por 80 centímetros y que se van haciendo aún más pequeños, hasta llegar a algunos de 40 centímetros de lado, por los cuales hay que arrastrarse. Ellos no son inmunes a sus temores.

Peter recuerda que “en una atención de una emergencia, donde había oxígeno, pero el calor era tan alto que yo sentía como que los pulmones no me funcionaban bien. La presión interna no permitía que uno pudiera inhalar y exhalar bien”.

Los túneles que transcurrimos podían ser cuestas empinadas, superficies muy resbalosas e incluso ascensos y descensos verticales.

Sus trajes heroicos no se parecen a los de los comics: incluyen overol, caretas, equipos de respiración, desfibriladores, equipos de RCP, camillas, herramientas de rescate en vertical, y un cable de 4 kilómetros, por el que se transmite la información. Por ese cable llegaron las señales de vida de Antonio, Manuel y Eduardo, los mineros rescatados en Lenguazaque.

En la mitad del recorrido se decide que en el camino restante yo haría las veces de víctima de un accidente minero. Mi cuerpo fue inmovilizado completamente y de allí en adelante un grupo de rescatistas buscarían la salida conmigo a cuestas.

En medio de un calor sofocante, el encierro, el desespero y la impotencia dentro de la mina, Nelson fue quien me habló durante todo el operativo que duró 43 minutos. Era la voz más clara en medio de la oscuridad y el caos.

“Yo era el cuadrillero, el líder del grupo. Siempre el cuadrillero debe tomar la vocería, saber liderar y llevar la vocería”, dijo.

Tiene 39 años de edad, 11 de ellos entrando a rescatar mineros y ha logrado un acuerdo con sus temores. Asegura que “muchas veces al miedo hay que dejarlo en la casa, que se quede allá guardado mientras vamos a colaborar”.

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Su oficio es su vida, porque encontró su vocación tras la muerte de varios compañeros: “Siempre es muy gratificante el poder colaborar. Lamentablemente en el país la minería aporta compañeros fallecidos y ha dejado muchas familias incompletas, alguna vez han sido compañeros que yo conozco, con los que fui compañero hace tiempo”.

Uno de sus mayores orgullos fue haber hecho parte del rescate con vida de los tres mineros de Lenguazaque, hace un par de meses.

“Siempre se supo que ellos estaban con vida. En un par de ocasiones era el encargado de comunicarme con ellos. Es gratificante poder darle esa voz de aliento”, recuerda.

Ellos acompañan en la vida y en el luto de las familias, porque “cuando salen con vida es una alegría grande, aplausos, es indescriptible la alegría que uno siente, tristemente a veces están muertos, pero hay una satisfacción del deber cumplido, de que esa familia pueda velar a su ser querido y darle cristiana sepultura”, agrega Nelson.

Otro de los rescatistas que hizo parte de la simulación de mi rescate es Alexander Guzmán, es boyacense, Está haciendo el curso, porque vio a sus compañeros muertos.

“Hace más o menos 3 años hubo una explosión en la empresa donde trabajo. Yo estuve en ese rescate, los ayudé a rescatar a todos ellos, a 7 de mis compañeros, desde las 5:00 de la tarde hasta las 6:00 de la mañana”, rememora.

Él pudo haber sido uno más de ellos, pero asegura que una experiencia mística, con su padre fallecido, le salvó de morir. “Yo tomé la decisión de retirarme de la empresa por un sueño que tuve con mi papá, donde él me decía que me saliera de ahí. En el sueño yo estaba entrando al socavón y él se quedaba en la superficie y me llamaba”. 

“A mi papá lo enterramos el 12 de diciembre, yo me retiré el 30 de diciembre, yo siembre tengo en mi mente y en mi corazón que a mí me salvó mi papá”, dice el socorredor. 

Los rescatistas tienen su propio concurso, recuerda Ángel Garnica que “actualmente la Estación de Seguridad y Salvamento MInero de Ubaté es la campeona nacional del Encuentro de Socorredores Mineros, este encuentro se realiza cada 2 años. El primer premio es participar en los mundiales de salvamento minero. Nosotros hemos tenido oportunidad de participar en Polonia, en Rusia y en Canadá y ahora va una cuadrilla a participar en Estos Unidos”.

Habiendo vivido un pequeño simulacro uno no alcanza a imaginar lo que sentirá un trabajador de las minas herido, respirando aires tóxicos y experimentando la muerte tan de cerca, tampoco puede imaginar la alegría que siente al escuchar esas voces y las luces en los cascos que lo llevan al final del túnel.

Fuente

RCN Radio

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