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Nikolskaya es la calle de moda en Moscú, con motivo del Mundial de Rusia.
Nikolskaya es la calle de moda en Moscú, con motivo del Mundial de Rusia. Turistas de todo el mundo se reúnen en este lugar. 15 de junio de 2018.
RCN Radio

En todas partes, en las grandes ciudades como en las pequeñas, hay una calle, un pasaje, un bulevar que se erige, por acción y presencia de la gente, en el sitio al que hay que ir, el punto de encuentro, el epicentro del movimiento.

En Moscú ocurre lo mismo por estos días con Nikolskaya. Uno se encuentra con ella apenas dándole la vuelta a la estación del Metro que da a la Plaza Roja. Como el emblema de la capital rusa está cerrado y solo se puede apreciar de lejos, se vuelve indispensable ponerse cita en este punto para ir a comer, tomarse una cerveza y aguardar los partidos.

La calle está a un lado del GUM, el gigantesco centro comercial de grandes marcas que tiene una historia mucho más larga y antigua que la revolución Bolchevique que derribó al zar Nicolás II. Con motivo del Mundial, a Nikolskaya se le iluminó primorosamente y de una manera fácil fue convertida en embajada itinerante de los viajeros y fanáticos.

En un recorrido que hice antes de los partidos, encontré el jolgorio y la emoción de los latinoamericanos por encima de los europeos. Principalmente de los peruanos, que después de más de tres décadas vuelven a la vanguardia del fútbol mundial y aguardan, como lo mencionó el técnico Gareca, con mucha ansiedad el debut.

No importa la sobriedad y seriedad de los rusos (con el paso de los días se va descubriendo que detrás de esos rostros adustos hay gente respetuosa y noble a la que le gusta servir sin falsas cortesías) las barras que se van formando en la calle rompen los esquemas y calientan el ambiente de una manera necesaria.

Los argentinos ya tomaron su esquina, los peruanos hicieron lo mismo y los mexicanos tratan de no quedarse atrás, aunque son menos y quizás no están tan seguros de cómo les va a ir con el equipo que dirige el colombiano Juan Carlos Osorio. Los brasileños, como si tuvieran el resultado de antemano, sonríen expectantes y seguros. Y los colombianos no paran de saltar y de gritar.

Poco a poco, esa familia multinacional del fútbol de la que habló Putin en la inauguración del Mundial se va agrandando. Por eso no fue imposible que sorprendiera a unos rusos envueltos cariñosamente en la bandera de Uruguay apenas unos minutos antes de que el equipo charrúa debutara y ganara con un magro 1-0 ante Egipto. Cuando les pregunté en español e inglés por qué lo hacían no supieron responder de inmediato.

No hay duda de que para los rusos tanto grito y jaleo los pone tensos. Por ejemplo, vi que los policías no parecían estar muy seguros sobre cómo proceder con los vendedores de camisetas que llegaron de otros países.

En plena Plaza Roja y ante la mirada de todos, unos hombres desenvolvieron un bulto que llevaban a cuestas y desplegaron en el suelo las camisetas del Perú que comenzaron a vender mediante un pregón con acento inca. A lo lejos, los guardias miraban, confundidos.

En cambio, en una calle adyacente y empedrada que desemboca en Nikolskaya un par de músicos viejos, al parecer armenios según entendí, fueron fotografiados, registrados y desalojados por la seguridad con la disculpa de que estaban perturbando el orden en semejante marimorena que es el Mundial. Es el mismo drama en todas partes.

Como es de esperarse, con el paso de las horas esta calle hervirá aun más. Esto apenas está comenzando y hay prácticamente dos semanas de eliminación por delante. Moscú aún está por conquistar.

 

Por Juan Manuel Ruiz, enviado especial a Rusia.

Fuente

RCN Radio

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