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Pisba: el dilema del páramo más poblado en Colombia

En el páramo de Pisba habitan más de 6.300 familias que tienen que decidir entre conservar el hábitat y trabajar por sus familias.

Algunos campesinos en Colombia hablan del “Monje de los páramos”, la escuálida planta conocida así por su apariencia de fraile o de monje. El no tan conocido Frailejón que habita por encima de los dos mil metros de altura, entre las montañas, cumpliendo su labor: iniciando la ruta que debe recorrer el agua. Ese que cuando aumenta la neblina en los páramos, la silueta que muestra es como la de un fraile rezando.

Los campesinos no sólo le dicen “Monje” por su aspecto, la importancia de su labor en un páramo, donde habita, es almacenar el agua que capta de las neblinas que se forman en las alturas de las cordilleras andinas. Producen el agua y regulan la temperatura especialmente en Ecuador, Colombia y Venezuela.

Hace dos años la organización ambiental internacional Greenpeace, denunció haber encontrado en el páramo de Pisba, ubicado entre los departamentos de Boyacá y Casanare, un  cementerio completo de Frailejones. Esos que seguramente  vieron  a Simón Bolívar en su paso por Los Andes, en medio de su ruta Libertadora, porque sus años de vida sobrepasan los 300.

Los “Monjes” del páramo de Pisba regulan el agua para dos de los principales ríos de Colombia: el río Magdalena y el río Orinoco. Incluso el agua que nace de Pisba llega hasta Venezuela.

Pero no todo está bien en su ecosistema:  Pisba produce, para su pesar, el mejor carbón del mundo, además de resguardar a esos “Monjes” y fabricar el agua para millones de seres vivos.

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Escuche: primera parte del reportaje sobre el páramo de Pisba

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Páramo con color de carbón

Hace 15 años Colombia determinó por primera vez en la Ley 99 de 1993 que "las zonas de páramos, subpáramos, los nacimientos de agua y las zonas de recarga de acuíferos serán objeto de protección especial". 

Desde entonces, por lo menos ocho leyes han entrado en conflicto con las actividades económicas que "producen los campesinos pero en algunos casos, también grandes empresarios que se benefician del páramo y hacer que saber diferenciar eso", afirma Manuel Rodríguez, ex ministro de Ambiente. 

Los páramos son considerados ecosistemas muy vulnerables y Pisba no es la excepción. Un ejemplo claro es el caso de los “Monjes”, los frailejones tardan décadas en crecer. Según expertos del Instituto de Investigaciones Biológicas Humboldt, alcanzan  un centímetro por año, llegando a una altura de dos a tres metros.

Por su importancia, y después de varias leyes, en junio de 2018 el Congreso de la República aprobó una nueva ley que pretende resolver este conflicto: la Ley de Páramos brinda una especial protección a estos ecosistemas  y también garantiza opciones a los campesinos que los habitan.

Esta ley prohíbe la explotación minera de grandes proporciones y garantiza la supervivencia de las comunidades que habitan en esas zonas con proyectos de reconversión económica.

El trabajo para ello será complejo porque cada año Pisba produce entre un millón y un millón 500 mil toneladas de carbón. En regalías genera más cinco mil millones de pesos anuales, según cifras de la Agencia Nacional de Minería.

Dentro de ese ecosistema frágil hay unas 90 minas de carbón, funcionando de manera legal con 44 licencias ambientales otorgadas antes de 2012.

Ese es el panorama para las 6.403 familias que habitan el páramo, escoger entre cuidar a los “Monjes” o “vivir” y trabajar en las minas”. Las opciones no son muchas, Eduardo Cantor, minero del páramo, cuenta que las cosas “nunca han quedado muy claras”.

En vídeo: Así nace el agua en los páramos colombianos | Especiales RCN Radio
Este un recorrido fantástico del agua que nace en los páramos y finalmente llega a su casa.

“Mi nombre es Eduardo Cantor, estamos en la veredera de Cómeza Hoyada, municipio de Socotá. Nosotros nos dedicamos como campesinos a la labor de agricultura, la ganadería y pues hemos tenido acá lo de las minas, minería pequeña, minería tradicional”, dice Cantor cuando se presenta.

Leer más: Un minero entre los frailejones del páramo de Pisba

A  Cantor, en el momento de la visita a su mina, uno de los funcionarios de Corpoboyacá –la autoridad ambiental que se encarga del mantenimiento del Páramo- le dio una inesperada noticia.

David Escandón, biólogo y funcionario de Corpoboyacá, le dijo a Cantor que si sigue explotando en la mina, corre el riesgo de ir a la cárcel porque ya no se están otorgando más licencias ambientales.

A la pregunta "¿de qué va a vivir?", Eduardo contesta: “Será del milagro”. Y luego agrega, “dicen que si seguimos con esto eso da para echarlo a uno a la cárcel y si uno se va a la cárcel quién le da estudio a los hijos. Ningún ente del Estado nos ha colaborado. Desde el 2012 llevamos con la lucha, le dan títulos es a gente grande y uno de pequeño no puede hacer nada”. 

Hugo Díaz, biólogo y Coordinador de Páramos de Corpoboyacá afirma que la ley de Páramos busca encontrar sistemas de reconversión económica en las comunidades que como Cantor trabajan en los páramos, pero "la tarea no será fácil pues se requiere que se unan distintos sectores del gobierno y hayan más recursos".

Como lo demuestra Cantor, existe todavía una tensión entre "hacer valer los derechos de los ciudadanos que viven en el páramo y la protección de este ecosistema".

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Escuche: segunda parte del reportaje sobre el páramo de Pisba

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Eduardo Cantor, minero del Páramo de Pisba.
Eduardo Cantor, minero del Páramo de Pisba.
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Límite sin límites

En su momento, el exministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible Luis Gilberto Murillo dijo que La Ley de Páramos representaba  “una herramienta útil para avanzar en la protección de los páramos”, y que acudía “a un enfoque socio- ecosistémico e integral que contempla” tanto la información técnica de la definición y delimitación de estos ecosistemas, como la inclusión y participación de las comunidades paramunas.

Sin embargo, a pesar de que Pisba es el páramo más poblado del país, es el único de los 37 que hay en Colombia que no ha podido ser delimitado, porque la comunidad interpuso una tutela para frenar el proceso.

El Tribunal Administrativo de Boyacá declaró al páramo de Pisba como 'sujeto de derechos' (103.315 mil hectáreas), y le asignó como representante legal el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS).

El fallo fue el resultado de una tutela interpuesta por habitantes de los municipios ubicados en este ecosistema, donde reclamaban participación real y efectiva en la zonificación y delimitación realizada por el Ministerio.  

Como en el caso del páramo de  Santurbán, el Tribunal le ordenó al Ministerio en un término de un año realizar, una nueva delimitación con participación real y efectiva de todos los actores involucrados, previniendo que la concertación no puede ir en contra vía de los derechos de protección del páramo.

Páramo de Pisba.
Páramo de Pisba.
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Entonces, las leyes y prohibiciones quedaron en un limbo. Otro de los mineros de Pisba, Germán Cantor, cuenta que “la minería es lo que es rentable para nosotros aquí los campesinos, no hay en qué más trabajar”.

Germán Cantor tiene 26 años y lleva siete años en la minería. “Para trabajar en una mina de carbón uno trabaja más o menos ocho horas laborales diarias. Entra por ahí a las cuatro de la mañana y sale a las doce del día. Adentro hace trabajos varios, picador, cochero o embarcador”, cuenta.

Para prohibir definitivamente la minería de carbón en Pisba es necesario hacer la delimitación de este ecosistema. “Dicen que van a cerrar todo, que van a prohibir la ganadería, entonces como campesinos, de qué vamos a vivir en un futuro”, se queja Cantor.

Ahora el ministro de Ambiente, Ricardo Lozano, lidera la enorme tarea de conservar el páramo, garantizando los derechos de los campesinos.

“Nuevamente la Corte nos recomienda y nos recuerda que el proceso de participación tiene que darse entendiendo que allá existen mineros, nosotros no nos estamos oponiendo a eso, necesitamos más tiempo para ese proceso de participación”, dice el ministro Lozano.

El dilema de Pisba

Eduardo y Germán, son dos ejemplos de lo que pasa en Pisba. El Ministerio de Ambiente presentó el cronograma de actividades para la delimitación del páramo, pero las opciones más allá de la minería o la ganadería para trabajar no se han presentado ante las comunidades.

Manuel Rodríguez, exministro de Ambiente, advierte que el daño a este ecosistema sobre todo por la minería puede ser inevitable.

“Bueno si no resolvemos este conflicto con el campesino, seguramente va a haber un daño ambiental adicional en los páramos, uno tiene que entender que la gente tiene que sobrevivir”, dijo el exministro.

Rodríguez agregó que, “obviamente hay que distinguir entre la persona que vive en la pobreza en un páramo y la persona que tiene, por ejemplo, grandes cultivos de papa en un páramo. Si no se resuelven los problemas de raíz de pobreza, uno tiene que ser muy pesimista sobre la protección de los páramos”.

Hasta ahora, el páramo ha sido transformado en algunas áreas hasta en un 35% por cuenta de la minería, la ganadería y la agricultura.  Hugo Díaz, biólogo y Coordinador de Páramos de Corpoboyacá, explica que Pisba ya no produce la misma agua que antes.

“Se han presentado diferentes actividades agropecuarias y mineras en la zona que de una u otra manera han contribuido a  que se transforme lo que es la estructura, la composición y la funcionalidad; es decir, que se cambie el relieve, que el páramo empiece a transformarse y deje de producir la misma cantidad de agua que hace muchos años se producía”, dice Díaz.

A pesar de la Ley de Páramos, Pisba sigue siendo el escenario de un conflicto entre lo ambiental y lo social. Manuel Cabrera, coordinador de políticas en temas mineros en la ONG WWF- Colombia, dice que la clave está en ayudar a cambiar las prácticas económicas de los campesinos.

“Esta ley materializa una preocupación que hay desde hace tiempo para proteger los páramos de las actividades de alto impacto”, explica Cabrera.

Añade que “la ley lo que hace es darle vialidad a las comunidades que habitan los páramos para que puedan o reconvertir las actividades que desarrollan  -si son actividades de alto impacto-  o acceder de todas formas a recursos, a créditos, para poder desarrollar las actividades de bajo impacto que son las que se pretende que se desarrollen con exclusividad en los páramos”.  

Bien dice un proverbio Indio que “sólo cuando el último árbol haya sido cortado, el último río haya sido secado, el último animal haya sido cazado, nos daremos cuenta de que el dinero no se puede comer”.

Y es que el dinero parece ser el dueño y amo del páramo de Pisba. Ese ecosistema produce para su pesar, el mejor carbón del mundo y también fabrica agua, esencial para la supervivencia de millones de seres vivos.

Pisba sigue siendo una incertidumbre.

Por: Kelly Cabana y Carolay Morales. 

Minería artesanal, Páramo de Pisba.
Foto de referencia
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