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No pierden la coquetería a pesar de que frecuenten menos los salones de bellezas.

La soledad es la característica principal en las peluquerías de Venezuela
La soledad es la característica principal en las peluquerías de Venezuela
Saul Noriega - corresponsal RCN Radio en Caracas

Venezuela comparte junto con Colombia la fama de tener las mujeres más bellas, no solo de Latinoamérica sino del mundo. La coquetería de las venezolanas es más que evidente en las calles, acostumbradas a robar miradas por donde pasen.

Influenciadas por vivir en el país de las “reinas de belleza”, es común verlas de “punta en blanco”, aunque no son ajenas a la crisis que arropa todos los sectores.

Las visitas a los salones de belleza para realizarse algún tratamiento cada vez son más esporádicas y no porque no tengan la disposición, simplemente porque las prioridades en el bolsillo son otras.

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Secarse el cabello en una peluquería cuesta en promedio 20 mil bolívares, un dólar y medio al cambio de mediados de agosto. “Manicure” y “Pedicure”, otros de los servicios más frecuentes, comienzan a subir en la escala de precios. Mínimo se debe disponer de 80 mil bolívares, lo que equivale a unos $6.

Si hablamos de tratamientos más elaborados, que conlleven a la utilización de distintos productos, los precios aumentan significativamente. Ante esto, la diáspora de clientas es más que evidente.

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[AUDIO] Salones de belleza en Venezuela, cada vez más vacíos por la crisis.

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“Ha variado como en 50%, regularmente venían hasta tres veces por semana, ahora solo vienen una vez cada 15 días o dos veces cada 15 días. Los días que más frecuentan son viernes y sábado ya casi no vienen en la semana”, reporta Vilma Alemán, encargada de una de las peluquerías más famosas del este de Caracas, pero que hoy se muestra desolada.

Una imagen irreconocible para Lourdes Zárraga, una de las estilistas que forman parte del equipo laboral en este recinto, en el que acumula más de 20 años de experiencia.

Hace cinco años atendía como a 20 un sábado, los días de semanas podían atender ocho o diez. Hoy por hoy, una sola, a veces los sábados se hacen dos o tres” recuerda con melancolía mientras destaca que ahora hasta al preguntar precios, las potenciales clientes salen espantadas. “Llegan preguntan y se van y empiezan el rebusque a ver dónde le cobran un poco más económico”, agrega.

 La nueva opción es la que se conoce como “domicilio”, en la que básicamente la cliente agenda una visita de la estilista a su vivienda, abaratando los costos y generando beneficios directos a la peluquera, ya que no comparte la ganancia con el local comercial. Y es que a veces, ir a trabajar al salón de belleza, sale más caro que quedarse en casa.

“Yo pago 4.200 bolívares diarios en pasaje (boletos en transporte público) y a veces he venido acá y me he ido en blanco sin hacer nada, gasto más de lo que yo podría hacer aquí”, lamenta Alcira peinado, con más de 15 años de experiencia.

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A pesar de todo, las venezolanas siempre buscarán la manera, como Mariela Salvati, una de las pocas clientes que descompletan el dinero del mes, con tal de darse un pequeño gusto. “Iba dos veces al mes, ahora voy una sola vez. No lo saco del presupuesto”, destaca.

Otras también visitan las peluquerías, pero pensando en adquirir conocimientos, según expresó Iginia Romero, una cliente menos frecuente. “Uno tiene que esta medido, o comes o te ves bien. El cabello me lo pinto yo, me lo corto yo, me lo peino yo. Me hago manos y pies porque todavía no he aprendido”, cuenta entre risas.

Al final, la venezolana, venerada por su belleza y su temple, buscará la forma de robar miradas. “Nos seguimos manteniendo bonitas, pero ya no lo hacemos en la peluquería”.

Fuente

Sistema Integrado de Información

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