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Iconografía característica de la iglesia ortodoxa rusa.
Las imágenes o iconos en la iglesia ortodoxa rusa deben ser planas o bidimensionales. No se aceptan estatuas de santos o algo parecido.
Foto: RCN Radio

Cuando usted llega a Rusia se encuentra de entrada con tres aspectos radicalmente distintos a su cultura occidental: otro idioma, otro alfabeto -el cirílico- y otra religión, la ortodoxa rusa. A eso súmele otra gastronomía, otra moneda -el rublo-, otro régimen político -aunque ahora se esfuerzan por parecer una democracia- y otra concepción de la vida: el ruso es adusto, reservado, distante y nostálgico, pero una vez que rompe el hielo es cálido, festivo, culto y llorón.

En cuanto al cirílico, acá le recuerdan a uno que este alfabeto fue inventado en Bulgaria, que tiene sonidos eslavos -muchas palabras se parecen y suenan como las nuestras- y se basó en el alfabeto griego pero tiene caracteres glagolíticos, que fueron inventados por los santos Metodio y Cirilo para traducir la Biblia. De ahí deriva su nombre, cirílico.

Ahora bien, con el paso de las horas y los días, empieza uno a acostumbrarse a oír la lengua rusa pero con algo de fino oído -solo para iniciados- se pueden escuchar, dicen, muchos otros de los idiomas estatales de la Federación Rusa como el abaza, el adigué, el baskir, el calmuco, el checheno, el jakasio, el osetio y el tártaro, junto al ucraniano, por mencionar solo algunos.

Sin embargo, en tal diversidad parece haber un punto más o menos en común: la religiosidad ortodoxa. Aquí los templos ortodoxos se encuentran en cada barrio y de hecho uno de ellos, la catedral de San Basilio, es su emblema en la Plaza Roja, aunque no es la principal de la ciudad.

Luego de casi 70 años de comunismo, en los que la iglesia fue perseguida, censurada, prohibida, parece haber un renacer de muchas personas hacia su fe. Por esa razón, el tema religioso es junto al político uno de los asuntos delicados de abordar acá, y cuando uno se acerca a un templo debe hacerlo con el máximo respeto, evitando entrar mal vestido, hablar duro y sacar fotografías en su interior.

Vladimir Putin, un jugador astuto a varias bandas, tiene también que ver en este asunto. Él promovió que el nuevo himno nacional de Rusia conservara la misma música que el que se usaba cuando existía la URSS, pero permitió que en la letra se mencionara a Dios: Lenin y Stalin hubieran quedado boquiabiertos: "¡Eres única en el mundo! ¡Incomparable tierra natal protegida por Dios!", dice una de sus frases. Y a eso añádale que no es raro ver al presidente ruso persignándose frente al altar, a la manera ortodoxa. Aquí comienzan las diferencias. Veamos.

Los ortodoxos se persignan de una manera distinta y lo hacen de derecha a izquierda y no al revés como los católicos. Lo hacen juntando los tres primeros dedos de la mano derecha (o sea, el pulgar, el índice y el dedo medio) y doblando hacia la palma los otros dos. Luego, los tres dedos juntos se ponen en la frente, en el pecho, en el hombro derecho y luego en el hombro izquierdo. La razón parece ser lógica: el Hijo, recuerdan los ortodoxos, está sentado a la derecha del Padre y no a la inversa.

Ya en el universo religioso ortodoxo aparecen otras diferencias sustanciales. Primero, no se aceptan estatuas de santos o algo parecido. Las imágenes o iconos deben ser planas o bidimensionales. El rito de la misa es distinto, en otro orden, por decirlo así, y solo puede ser celebrada una vez por día en el mismo altar. Adicionalmente, solo se procede con la voz humana, no se usa música durante la celebración.

La eucaristía la puede celebrar un sacerdote casado, que no se puede volver a casar y que, por ser casado, no puede llegar a ser obispo. También hay clérigos célibes que han hecho sus votos en monasterios. Llama la atención el hecho de que, fieles a las doctrinas del Antiguo Testamento, y basados incluso en la propia iconografía alrededor de Jesucristo, los sacerdotes, obispos y patriarcas ortodoxos suelen llevar cabellos y barbas largas.

El punto central -y aquí quiero llegar al eje de la diferencia- es, según los teólogos, un asunto de traducción. Para no enredar el asunto, hay una palabra que está detrás de la división entre católicos y ortodoxos, que comenzó hacia el año 1054: Filioque, palabra que entrañaría una tradición cristiana de que el Espíritu Santo, además de proceder del Padre, lo haga también del Hijo. Eso para los ortodoxos es una herejía.

Después vienen otros asuntos que no son menores, como que los ortodoxos no aceptan la Inmaculada Concepción de María, y niegan que la Virgen naciera libre del pecado original. Igualmente, en la iglesia Ortodoxa no se acepta la existencia del Purgatorio, y a los recién nacidos hay que sumergirlos en la pila bautismal y ya creciditos no necesitan hacer la Primera Comunión.

En cuanto a la jerarquía, los ortodoxos creen que la cabeza universal de la Iglesia es solamente Jesucristo, con lo que no aceptan la preeminencia del Papa. Hay iglesias autocéfalas, con sus propios patriarcas que se tratan como iguales, pero le rinden especial respeto -sin considerarlo un jefe o superior- al Patriarca de Constantinopla, que actualmente es Bartolomé I y vive en Estambul.

Entonces, Bartolomé I sería el líder "honorífico" de la iglesia Ortodoxa y sus 300 millones de fieles, y a diferencia del Papa, se le considera el sucesor de Andrés el Apóstol, y no de Pedro. Sin embargo, no olvidar, es solo un asunto de honor, porque en Rusia el Patriarca, el jefe de la iglesia Ortodoxa es, desde el 1 de febrero de 2009, Cirilo I de Moscú.

Un teólogo católico podría resumir el asunto de la división entre católicos y ortodoxos en que los ortodoxos consideran herejes a los católicos y los católicos consideran cismáticos a los ortodoxos, pero que no hay por qué no tender puentes entre las dos confesiones. De hecho, hace unos años en La Habana (Cuba) se dio un cálido encuentro entre Cirilo I de Rusia y el papa Francisco, en el que el jefe católico saludó con tres besos en la mejilla al patriarca de Moscú, a quien siempre se refirió como "Su Santidad".

Lo cierto es que detrás de la belleza y el esplendor de las iglesias rusas hay una historia milenaria que es fundamental conocer en estos días del Mundial, puesto que se trata de uno de los aspectos más llamativos con que se han encontrado miles de turistas y millones de televidentes al hacer contacto con este inmenso país que con este evento se ha abierto al mundo, a su escrutinio pero también a su diferencia cultural.

Por Juan Manuel Ruiz, enviado especial a Rusia.

Fuente

RCN Radio

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