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Esta extraña empresa es el producto del emprendimiento de una pareja joven en la ciudad de Bogotá.

Cabellos Sanos es una empresa dedicada a sacar los piojos de las cabezas de los niños
María Paula Torres

Un cuarto pequeño y blanco que está rodeado de lupas, espejos, peines y luces, con dos sillas de peluquería infantil, es el espacio que visitan diez niños a diario en el norte de Bogotá cuando sus padres no tienen tiempo o lo han intentado todo, para sacar los piojos de sus cabezas. 

Se trata de Cabellos Sanos, una empresa colombiana que cada vez más crece en la capital e incluso ha conquistado el mercado en otras ciudades del país. Aquí, los niños o pacientes reciben un tratamiento que dura una hora y salen con sus cabezas totalmente limpias y sin picor.

“Nos dedicamos a algo totalmente singular: la eliminación de piojos y liendres de las cabezas de las personas”, cuenta Jair Guzmán, quien inventó este extraño negocio junto a su esposa hace más de diez años.

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“La idea nació por una necesidad propia en la familia. Nuestras hijas tuvieron piojos y no encontramos una solución que realmente los eliminara”, dijo.

Así, fue como la idea creció primero dentro del mismo colegio de las dos hijas de Jair hasta convertirse en la empresa exitosa de hoy, según cuenta Johanna Cortés, esposa de Jair.

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“La sesión está en promedio en 80 mil pesos en el consultorio y, a domicilio, a 90 mil: los precios pueden incrementar dependiendo del caso. En Bogotá tenemos cinco consultorios y tenemos seis franquicias a nivel nacional y dos a nivel internacional”.

El tratamiento se demora alrededor de una hora, tiempo en el que una pediculisista o 'especialista' en la cacería de pijos revisa zona por zona la cabeza de sus pacientes, después de pasar un dispositivo de calor para deshidratar a los animales.

Y aunque las especialistas están de acuerdo en que es un trabajo curioso, aseguran que se sienten contentas de trabajar y dedicarse a esto.

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Daniela Delgado, quien lleva un año de experiencia como pediculisista, explica que el trabajo “no es para cualquiera pero la profesión es muy bonita y trabajar con niños es muy chévere, además uno se vuelve el superhéroe de los papás”.

Hay casos muy complicados pues “a veces llegan niñas con infestaciones de tal magnitud que, en cada hebra del cabello hay tantas liendres, que el peine se queda trabado. En mi caso a mi también me toca pasarme el peine porque es algo inevitable al estar en contacto con las niñas” dice la especialista.

A pesar de los cuidados y la respectiva limpieza posterior a cada tratamiento, Daniela ha tenido piojos cuatro veces, pero asegura que "es algo muy natural pues se trata de un parásito que vive en nuestro ambiente”.

Fuente

RCN Radio

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