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Hans-Gernot Schenk, sobreviviente de los atentados a las Torres Gemelas
Hans-Gernot Schenk, sobreviviente de los atentados a las Torres Gemelas.
Cortesía Hans-Gernot Schenk para RCN Radio

Hans-Gernot Schenk sobrevivió a los atentados a las Torres Gemelas hace veinte años. Una cena que tuvo en la noche del 10 de septiembre de 2001 fue lo que probablemente lo salvó de haber llegado más temprano a su oficina, ubicada en una de las torres del World Trade Center. Un retraso de 10 minutos lo hizo sobreviviente. 

El colombo-alemán contó a RCN Radio que tras haber hecho su práctica por tres meses en Nueva York, en una empresa alemana, logró ser contratado como gerente para el año 2000. Su oficina estaba ubicada en el piso 32 de la torre Norte del World Trade Center. 

La noche anterior a los atentados fue diferente. Tuvo una cena que cree que pudo influir en que no hubiera llegado más temprano a su oficina el martes 11 de septiembre. 

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"Ese día fue un poco diferente porque la noche anterior yo no había estado en mi casa entonces al otro día simplemente tuve que ir hasta mi casa -vivía cerca al Central Park- para cambiarme, bañarme, ponerme mi traje, ir al metro, estaba como a unos 20 minutos del World Trade Center, y pues me tomó tal vez unos cinco a 10 minutos más llegar. Tal vez si hubiera estado en mi casa esa noche, hubiera salido más temprano y hubiera llegado tal vez unos 10 15 minutos más temprano a la oficina", cuenta Hans. 

Tras hacer su recorrido habitual en tren hasta su trabajo, a unos 30 metros de las puertas giratorias de la torre Norte, empieza a ver a la multitud corriendo descontrolada. Su reacción fue salir a la calle y, parado frente al edificio, supo que algo estaba mal. 

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(Audio) Hans-Gernot Schenk, colombo-alemán que sobrevivió a los atentados a las Torres Gemelas

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"Lo que hago es que subo unas escaleras que me llevan a la calle, parado al lado de la Torre. La dimensión no la alcanzo a comprender porque las torres son muy altas. Me alejo del edificio y a las 9:03 am -cuando se impacta la segunda torre- yo no veo el avión, no tengo idea de qué causa una explosión, simplemente es una explosión muy grande, es una nube roja y negra. Corro, me entró en otras escaleras que van hacia el metro y me bajó tal vez a las dos o tres estaciones". 

Hans cuenta que las torres colapsaron cuando él ya estaba en su casa, pero que supo que dos aviones con pasajeros se habían estrellado contra los rascacielos en una de las estaciones de metro que recorrió para llegar. Dos jóvenes llorando le dijeron que eran aviones comerciales y no bombas, cómo él creía, las que provocaron la tragedia. 

Una semana después de lo ocurrido, su oficina coordinó un punto de encuentro cerca al Aeropuerto Internacional John F. Kennedy. Eran unas 20 personas las que conformaban su equipo de trabajo. Dos no llegaron al encuentro. 

"Siempre había gente viajando, es decir que no siempre estarían las 20 personas dentro de la oficina No sé exactamente cuántas personas estaban arriba durante el choque, sé que había unas cuantas y lograron bajar. Hay dos personas que no llegan al punto de reunión que se acordó una semana después y ahí es donde nos damos cuenta (...) Una de ellas está en el hospital en ese momento, sobrevivió, fue una de las pocas sobrevivientes hasta ese momento, pero por las heridas falleció y pudimos tener un servicio para ella. La otra persona que falleció llevaba muy poco tiempo en la empresa, trabajó en el área de documentación, llevaba solo dos semanas, y aparentemente él estaba en uno de los ascensores, encontraron su identificación ahí". 

Y las secuelas de lo ocurrido, a pesar de no haber tenido ni un rasguño, son para todo la vida. Hans viajó a Alemania a los pocos meses. Al año siguiente, 2002, para su cumpleaños, volvió a Nueva York, pero cuenta a RCN Radio que su vida siguió como si nada hubiera pasado, otro país, trabajo nuevo, nuevas labores, y fue tiempo después que se dio cuenta que no había asimilado lo ocurrido y ni cuánto lo había afectado. 

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"Me generó nerviosismo, una hipervigilancia, una preocupación extrema; también montarme en un avión se volvió difícil para mí, que soy apasionado por los aviones. No me gustaba las las multitudes, me costaban los conciertos, las aglomeraciones; también los ruidos muy fuertes. Yo pienso que hoy en día todavía me da un poco de miedo, pero a menor escala". 

Hasta hoy, Hans-Gernot Schenk conserva la tarjeta de ingreso a los ascensores, la llave del baño del edificio con la insignia del World Trade Center, su celular de la época y sus tarjetas de presentación. 

Cree que este año en particular, los veinte años de los atentados han permitido que todos analicen más y se interesen más por lo ocurrido, sobre todo porque las dos décadas coinciden con el fin de la guerra en Afganistán y la salida de tropas estadounidenses de ese territorio el pasado 30 de agosto. Una guerra que se desató un mes después de los atentados de Al Qaeda. 

Fuente

Sistema Integrado de Información

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