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La ciudad rusa de San Petersburgo, a la que comparan con Venecia.
San Petersburgo es considerada una ciudad más alegre, más abierta, si se quiere un poco más luminosa y feliz, en comparación con Moscú.
RCN Radio

La rivalidad entre las dos ciudades —Moscú y San Petersburgo— es histórica. Pedro el Grande, que miraba más hacia Europa porque había vivido y estudiado allá, se llevó la capital y erigió una de gustos refinados y apariencia mucho más festiva. Durante casi dos siglos, San Petersburgo fue la capital rusa.

Cuando llegó la Revolución bolchevique, la capital se trasladó de nuevo a Moscú. Pero San Petersburgo nunca dejó de ser lo que era: más alegre, más abierta, si se quiere un poco más luminosa y feliz. A pesar de los cambios de nombre, la ciudad mantiene su personalidad entre canales.

No en vano la comparan con Venecia. Aquí se puede tomar por veinte dólares un tour de dos horas por el río Neva y recorrer varios de los caminos que se bifurcan para meterse en las entrañas de la ciudad, que vibra con su arquitectura ecléctica y llamativa.

En 1703 Pedro el Grande la erigió a su imagen y semejanza y hoy mantiene su grandeza plasmada en varios de sus iconos, como el palacio Ermitage, un museo sin par en el mundo, o la casa museo que rinde homenaje a Pushkin, el poeta nacional, o las bellas e inmensas catedrales que la protegen.

Aquí vivieron los zares. Hasta aquí llegó la Revolución y precipitó la caída de tres siglos de imperio. Por eso a esta ciudad se le nota y se le siente su historia, se percibe en su olor ese aire mundano que solo da el trato permanente con los grandes personajes y acontecimientos.

Son más de cinco y medio millones de habitantes que saben vivir en armonía con lo que ha sido su ciudad. Desde que se llamó Petrogrado en honor al apóstol Pedro, hasta su renominación como Leningrado, en honor al padre de la revuelta proletaria. Tras el colapso de la URSS, volvió a ser San Petersburgo.

Una pequeña diferencia con Moscú se nota en el trato con la gente. Hablan más inglés, son un poco menos serios o tímidos y hasta son capaces de abrazarte. El sábado en la noche, madrugada del domingo, le levanté la mano en actitud solidaria de choque esos cinco a un joven tras la eliminación de Rusia del Mundial ante Croacia.

El joven me estrechó fuerte la mano y luego me abrazó y siguió su camino. Venía cantando el himno nacional. Eso en Moscú es prácticamente imposible. En la capital son más serios y menos dados a las confiancitas.

Quizás una buena manera de mirar a San Petersburgo es entender que ha sido una ciudad bohemia. Grandes escritores y compositores hicieron su vida acá, como Fédor Dostoyevski o Vladimir Nabokov, el autor de la controvertida “Lolita”, y hay por lo menos doscientos museos erigidos en lo que antaño fueran palacios.

Su pasado es tan rico que abarca gran parte de la historia rusa. Por eso es tan impactante llegar acá, por avión o en tren. En el famoso tren de alta velocidad uno gasta tres horas y treinta minutos, y en el convencional, el veterano y sobreviviente tren de toda la vida un poco más de siete horas, tal vez ocho o más.

Al llegar a la estación del tren, de inmediato se siente la personalidad de esta ciudad, un ser vivo que se muere de ganas por mostrar su valía y experiencia.

Por Juan Manuel Ruiz, enviado especial a Rusia.

Fuente

RCN Radio

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