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Aunque la leche materna debe ser la primera opción, algunos casos requieren otra ayuda.

En qué casos es conveniente darle al bebé leche de fórmula
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La leche materna es el mejor alimento que puede recibir un recién nacido, según reiteran autoridades sanitarias del mundo. Y están más que claros los beneficios de lactar en la salud física y emocional del bebé

Si bien lo recomendable es que la lactancia se dé en los primeros seis meses de vida del bebé de forma exclusiva, hay varios factores de salud tanto del niño como de la madre que hacen necesaria la inclusión de leche de fórmula en la dieta. 

Vladimir Muñoz, médico pediatra y docente de las universidades colombianas del Rosario, El Bosque y La Sabana, es defensor a ultranza de la lactancia materna exclusiva. No obstante, reconoce que la leche en polvo es una opción para amamantar al recién nacido cuando a la madre se le han suministrado medicamentos para combatir el cáncer o enfermedades reumáticas severas o cuando el bebé nace con galactosemia, una deficiencia congénita que convierte la leche materna en un elemento tóxico por la ausencia de una enzima. 

La leche de fórmula también es una opción cuando la madre es VIH positiva. Esto en el caso de Colombia, pues en algunos países no hay una contraindicación. 

(Lea también: Alimentación antes de los seis meses: ¿solo leche materna o también sólidos?)

En su informe 'Razones médicas aceptables para el uso de sucedáneos de leche materna' la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef reseñan otras circunstancias en las que es conveniente el uso de leche de fórmula.   

En el caso del bebé:  

- Cuando sufren enfermedad de orina en jarabe de arce. 

- Lactantes con fenilcetonuria: se requiere una fórmula especial libre de fenilalanina. En estos casos se permite algo de lactancia materna, con monitorización cuidadosa. 

- Bebés nacidos con peso menor a 1500 g (muy bajo peso al nacer) o con menos de 32 semanas de gestación (muy prematuros).  

- "Recién nacidos con riesgo de hipoglicemia debido a una alteración en la adaptación metabólica, o incremento de la demanda de la glucosa, en particular aquellos que son prematuros, pequeños para la edad gestacional o que han experimentado estrés significativo intraparto con hipoxia o isquemia, aquellos que están enfermos y aquellos cuyas madres son diabéticas si la glicemia no responde a lactancia materna óptima o alimentación con leche materna". 

En el caso de las madres: 

- Mujeres con absceso mamario: la OMS indica que el amamantamiento debería continuar con el lado no afectado, y con el pecho afectado puede reiniciarse una vez se ha iniciado el tratamiento. 

- Hepatitis B: los lactantes deben recibir la vacuna de la hepatitis B en las primeras 48 horas o apenas sea posible.  

- Hepatitis C.  

- Mastitis: si la lactancia es muy dolorosa, debe extraerse la leche para evitar que la afección progrese.   

- Tuberculosis. 

- Uso de sustancias: la organización explica que "se ha demostrado que el uso materno de nicotina, alcohol, éxtasis, anfetaminas, cocaína y estimulantes relacionados tiene un efecto dañino en los bebés amamantados". 

El Manual práctico de nutrición en pediatría, elaborado por el Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría, advierte que “es bueno mantener la leche materna o de fórmula adaptada de continuación hasta los 2 años”. Lo anterior, combinado con otros alimentos, siempre y cuando se planee la dieta del niño de la mano del pediatra.   

Fuente

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