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Niños vacunas
AFP

Si se hace una búsqueda rápida en Facebook, se podrán encontrar páginas y grupos que relacionan a las vacunas con el autismo. El origen supuestamente científico de este 'vínculo' se remonta a 1998, cuando la revista médica 'The Lancet' publicó un artículo sobre supuestos efectos de la vacuna triple viral (sarampión, rubeola y paperas).

La investigación, elaborada por el médico Andrew Wakefield y otras doce personas, decía que la vacuna podría estar relacionado con casos de autismo y enfermedades intestinales. Sin embargo, hay que dejar claro que este estudio ya no tiene credibilidad pues se encontraron varias inconsistencias así como información manipulada.

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Y el gran cuestionamiento al estudio fue publicado en febrero de 2004 por el periodista Brian Deer, en el 'Sunday Times'. Deer demostró que detrás del artículo estaban los intereses de un grupo abogados que buscaban pruebas contra los fabricantes de vacunas. Estos abogados financiaron la investigación, pero Wakefield no lo había contado.

Unos días después, en marzo de 2004, diez de los coautores del estudio se retractaron de las conclusiones de la investigación, lo que para ese momento hacía que hubiera más dudas respecto a la credibilidad de Wakefield.

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En febrero de 2010 el Consejo Médico General del Reino Unido dictaminó que varios de los hallazgos del investigador eran incorrectos y que incluso contradecían un estudio anterior. Además, demostró que el artículo de Wakefield tenía afirmaciones falsas, como por ejemplo que su investigación había sido aprobada por un comité de ética global. 

Asimismo, descubrió que el científico había sometido a once niños una serie de pruebas sin la aprobación adecuada

Así que 'The Lancet' decidió retractarse del artículo original de Wakefield. El Consejo, además, determinó que él había actuado de “manera deshonesta, engañosa e irresponsable” y que incluso se había aprovechado de su posición, razón por la que fue retirado del registro médico. 

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